Cambiar el mundo

El gusto de poder conocer a una de las mentes más brillantes del pensamiento crítico, John Holloway, me auspicio el escribir sobre algunas de las ideas principales que nos plantea su principal obra: “Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy”. Sin la pretensión de ser exhaustivo en las tesis que se presentan en este texto, podemos indicar que su análisis sobre la pretensión de cambiar el mundo, empieza por el rechazo al sistema mundo que conocemos así: ante la mutilación de vidas humanas provocada el capitalismo, un grito de tristeza, un grito de horror, un grito de rabia, un grito de rechazo: ¡NO! El punto de partida de la reflexión teórica es la oposición, la negatividad, la lucha.
Esa oposición que se ha reconfigurado en la lucha contra la globalización, empero formulando o reformulando las tesis clásicas de la izquierda, cuestionando sus dogmas.
La interpretación –mayoritaria- del Marx estado-céntrico, empieza a ser develada como cuestionable y alejada de un horizonte de emancipación. La impoluta versión del Estado como medio o fin para la instauración de un nuevo sistema, se empieza a diluir. Así, el maestro irlandés, precisa cambiar el mundo por medio del Estado: este es el paradigma que ha predominado en el pensamiento revolucionario por más de un siglo. Sin embargo, como nos indica las luchas del siglo XX son ya parte de ese realismo del poder, que la final es irreal, así frente a él se presenta el realismo del anti-poder, o mejor aún, el anti-realismo del anti-poder, debe ser bastante diferente si vamos a cambiar el mundo. Es decir, es posible canalizar la lucha por la vía estatal, pero no es la vía para cambiar el mundo.
Estas nociones que pueden ser vistas como anárquicas, no lo son en sí, pero si implican el desarrollo del poder-hacer, de ver a la “teoría” marxista desde un plano distinto, alterno, abierto. Por ello, Holloway en buena parte de su libro, empieza a desmenuzar el concepto de fetichismo en Marx, o más conocido como el fetichismo de las mercancías.
Donde se examina que esta categoría fue prácticamente olvidada del marxismo oficial, que fue denostada, siendo la más relevante para entender el concepto de alienación. En lo que al final se presupone es la lucha de la anti-fetichización, en la convergencia por la revolución como intensificación de la crisis. En la necesidad urgente de esa revolución hoy. (O)
La impoluta versión del Estado como medio o fin para la instauración de un nuevo sistema, se empieza a diluir.

Cambiar el mundo

El gusto de poder conocer a una de las mentes más brillantes del pensamiento crítico, John Holloway, me auspicio el escribir sobre algunas de las ideas principales que nos plantea su principal obra: “Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy”. Sin la pretensión de ser exhaustivo en las tesis que se presentan en este texto, podemos indicar que su análisis sobre la pretensión de cambiar el mundo, empieza por el rechazo al sistema mundo que conocemos así: ante la mutilación de vidas humanas provocada el capitalismo, un grito de tristeza, un grito de horror, un grito de rabia, un grito de rechazo: ¡NO! El punto de partida de la reflexión teórica es la oposición, la negatividad, la lucha.
Esa oposición que se ha reconfigurado en la lucha contra la globalización, empero formulando o reformulando las tesis clásicas de la izquierda, cuestionando sus dogmas.
La interpretación –mayoritaria- del Marx estado-céntrico, empieza a ser develada como cuestionable y alejada de un horizonte de emancipación. La impoluta versión del Estado como medio o fin para la instauración de un nuevo sistema, se empieza a diluir. Así, el maestro irlandés, precisa cambiar el mundo por medio del Estado: este es el paradigma que ha predominado en el pensamiento revolucionario por más de un siglo. Sin embargo, como nos indica las luchas del siglo XX son ya parte de ese realismo del poder, que la final es irreal, así frente a él se presenta el realismo del anti-poder, o mejor aún, el anti-realismo del anti-poder, debe ser bastante diferente si vamos a cambiar el mundo. Es decir, es posible canalizar la lucha por la vía estatal, pero no es la vía para cambiar el mundo.
Estas nociones que pueden ser vistas como anárquicas, no lo son en sí, pero si implican el desarrollo del poder-hacer, de ver a la “teoría” marxista desde un plano distinto, alterno, abierto. Por ello, Holloway en buena parte de su libro, empieza a desmenuzar el concepto de fetichismo en Marx, o más conocido como el fetichismo de las mercancías.
Donde se examina que esta categoría fue prácticamente olvidada del marxismo oficial, que fue denostada, siendo la más relevante para entender el concepto de alienación. En lo que al final se presupone es la lucha de la anti-fetichización, en la convergencia por la revolución como intensificación de la crisis. En la necesidad urgente de esa revolución hoy. (O)
La impoluta versión del Estado como medio o fin para la instauración de un nuevo sistema, se empieza a diluir.