Caballo de troya

Esta figura nos remonta a la antigüedad, a la guerra de Troya, ocasión en que los griegos idearon este artilugio para introducirse en la amurallada Troya. Con el devenir del tiempo, en pleno s.XXI, parece ser que los señores de la guerra quieren rendirle un homenaje por partida doble: de un lado, se empeñan en construir gigantescos muros para cerrar el paso a los migrantes que buscan escapar de la miseria en la que les sumió el Siglo de las Luces, y de otro, convocar al combate para salvar la ‘democracia’. Hoy, a este caballo lo han bautizado con el nombre de ‘ayuda humanitaria’.
Curioso humanismo. Hacia el final de la II Guerra Mundial, los ejércitos norteamericanos desembarcaron apresuradamente en Europa y probaron su capacidad destructiva y una vez terminado el conflicto ofrecieron a sus víctimas el Plan Marshall que, finalmente, tuvieron que pagar los agredidos. Bajo el mismo manto humanitario, finalizada ya la guerra, el Japón fue el elegido para probar la eficacia del entonces último avance de la industria bélica: la bomba atómica. Larga es la lista de países y pueblos que durante la segunda mitad del s.XX experimentaron la ayuda humanitaria prestada por EE.UU. para salvarles del comunismo. El más reciente episodio de los benefactores el mundo lo constató en el caso de Siria: la ayuda comenzó apoyando a sectores políticos y militares confabulados contra el legítimo Bashar al-Ásad, luego llegaron los mercenarios; a renglón seguido,  la alianza euro-norteamericana para luchar contra los terroristas. Ante el evidente fracaso de la intervención en Siria, minuciosamente se preparó la llegada de la ayuda humanitaria para salvar a los niños que iban a ser atacados con armas químicas; todo estaba preparado: el contingente humanitario de la ONU, la prensa internacional para testimoniar  la barbarie del presidente sirio y la orden del presidente Trump para bombardear Siria. A última hora todo resultó un ‘falso positivo’.
La creación de la CELAC –Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe fue considerada como uno de los mejores logros de la Patria Grande en la década pasada y su IV Cumbre tuvo lugar en Quito; entonces el Ecuador asumió la Presidencia Pro-Tempore. América Latina se agrupaba en búsqueda de mejores días para el desarrollo económico y social, pero sobre todo para afianzar a nuestro continente como una zona de paz. Teníamos la convicción de que con la nueva generación habían llegado mejores tiempos. (O)
¿Será posible que en aras de ‘restaurar la democracia’ los intereses económicos
nos arrastren hacia la geopolítica mundial?

Caballo de troya

Esta figura nos remonta a la antigüedad, a la guerra de Troya, ocasión en que los griegos idearon este artilugio para introducirse en la amurallada Troya. Con el devenir del tiempo, en pleno s.XXI, parece ser que los señores de la guerra quieren rendirle un homenaje por partida doble: de un lado, se empeñan en construir gigantescos muros para cerrar el paso a los migrantes que buscan escapar de la miseria en la que les sumió el Siglo de las Luces, y de otro, convocar al combate para salvar la ‘democracia’. Hoy, a este caballo lo han bautizado con el nombre de ‘ayuda humanitaria’.
Curioso humanismo. Hacia el final de la II Guerra Mundial, los ejércitos norteamericanos desembarcaron apresuradamente en Europa y probaron su capacidad destructiva y una vez terminado el conflicto ofrecieron a sus víctimas el Plan Marshall que, finalmente, tuvieron que pagar los agredidos. Bajo el mismo manto humanitario, finalizada ya la guerra, el Japón fue el elegido para probar la eficacia del entonces último avance de la industria bélica: la bomba atómica. Larga es la lista de países y pueblos que durante la segunda mitad del s.XX experimentaron la ayuda humanitaria prestada por EE.UU. para salvarles del comunismo. El más reciente episodio de los benefactores el mundo lo constató en el caso de Siria: la ayuda comenzó apoyando a sectores políticos y militares confabulados contra el legítimo Bashar al-Ásad, luego llegaron los mercenarios; a renglón seguido,  la alianza euro-norteamericana para luchar contra los terroristas. Ante el evidente fracaso de la intervención en Siria, minuciosamente se preparó la llegada de la ayuda humanitaria para salvar a los niños que iban a ser atacados con armas químicas; todo estaba preparado: el contingente humanitario de la ONU, la prensa internacional para testimoniar  la barbarie del presidente sirio y la orden del presidente Trump para bombardear Siria. A última hora todo resultó un ‘falso positivo’.
La creación de la CELAC –Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe fue considerada como uno de los mejores logros de la Patria Grande en la década pasada y su IV Cumbre tuvo lugar en Quito; entonces el Ecuador asumió la Presidencia Pro-Tempore. América Latina se agrupaba en búsqueda de mejores días para el desarrollo económico y social, pero sobre todo para afianzar a nuestro continente como una zona de paz. Teníamos la convicción de que con la nueva generación habían llegado mejores tiempos. (O)
¿Será posible que en aras de ‘restaurar la democracia’ los intereses económicos
nos arrastren hacia la geopolítica mundial?