Brexit

Quizás resulte un tema lejano en Ecuador, pero lo que está su-cediendo con la salida del Reino Unido de la Unión Europea grafica bastante bien el estado de cosas a nivel global, dado el caos interno que está provocando el tema en una nación otrora impe-rial. Reino Unido hoy oscila entre el descrédito de sus centenarias instituciones democráticas y una fuerte incertidumbre económica gracias a la demagogia electoral de la derecha gobernante que, a pe-sar de haber hecho del discurso anti inmigrante y anti europeo su exi-toso caballo de batalla, ayer recibió un histórico revés jurídico, nunca antes visto en aquel país, por parte de la corte suprema de justicia británica que declaró “ilegal” la interrupción de las sesiones parla-mentarias de los comunes por parte del primer ministro, Boris John-son, conocido también co-mo el Trump inglés. Los considerandos judiciales no lo dicen abiertamente pero dan a entender que John-son habría mentido a la monarca para obtener de ella la autorización del cie-rre parlamentario. Frente al hecho la opinión pública inglesa está más que dividi-da y muchos piden la re-nuncia del primer ministro quien, todo indica, no lo va a hacer. Vale la pena, antes de continuar, hacer un breve recuento para quien no está enterado de ciertos elementos clave. Recorde-mos, en primer lugar, que los ingleses fueron los últimos en adherir a los acuerdos de la Unión, durante su primera etapa de ampliación en 1973, y, sin embargo, son los primeros en salir. Las consecuencias, todo indica aquello, serán más perniciosas que beneficiosas para dicho país tanto por la billona-ria factura en euros que deberá pagar, así como por la limitaciones de ida y vuelta en materia poblacional, alimentaria o farmacéutica, entre otras, que empezarán a sufrir sus habitantes una vez completada la salida; y muy especialmente por la enorme división interna que que-da instalada en el seno de una sociedad que tendrá una herida, casi una grieta, muy difícil, si no imposible, de sanar. Sin embargo, en tér-minos prácticos, el problema mayor consiste hoy en que, dado que no hay un acuerdo de salida entre las partes, no se ha definido la situa-ción de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, lo cual pone en riesgo el frágil equilibrio político conseguido no hace mucho para poner fin a la violencia armada de los nacionalistas irlan-deses. El caso es que la UE va a poner controles aduaneros entre los dos países, dado que Irlanda seguirá siendo parte de la unión, y la chispa de la inestabilidad, que se creía superada, puede encenderse con facilidad. (O)
Difícil pronóstico para una nación atrapada por la lucha de egos entre líderes que deberían estar a la altura de esperanzas de su pueblo.

Brexit

Quizás resulte un tema lejano en Ecuador, pero lo que está su-cediendo con la salida del Reino Unido de la Unión Europea grafica bastante bien el estado de cosas a nivel global, dado el caos interno que está provocando el tema en una nación otrora impe-rial. Reino Unido hoy oscila entre el descrédito de sus centenarias instituciones democráticas y una fuerte incertidumbre económica gracias a la demagogia electoral de la derecha gobernante que, a pe-sar de haber hecho del discurso anti inmigrante y anti europeo su exi-toso caballo de batalla, ayer recibió un histórico revés jurídico, nunca antes visto en aquel país, por parte de la corte suprema de justicia británica que declaró “ilegal” la interrupción de las sesiones parla-mentarias de los comunes por parte del primer ministro, Boris John-son, conocido también co-mo el Trump inglés. Los considerandos judiciales no lo dicen abiertamente pero dan a entender que John-son habría mentido a la monarca para obtener de ella la autorización del cie-rre parlamentario. Frente al hecho la opinión pública inglesa está más que dividi-da y muchos piden la re-nuncia del primer ministro quien, todo indica, no lo va a hacer. Vale la pena, antes de continuar, hacer un breve recuento para quien no está enterado de ciertos elementos clave. Recorde-mos, en primer lugar, que los ingleses fueron los últimos en adherir a los acuerdos de la Unión, durante su primera etapa de ampliación en 1973, y, sin embargo, son los primeros en salir. Las consecuencias, todo indica aquello, serán más perniciosas que beneficiosas para dicho país tanto por la billona-ria factura en euros que deberá pagar, así como por la limitaciones de ida y vuelta en materia poblacional, alimentaria o farmacéutica, entre otras, que empezarán a sufrir sus habitantes una vez completada la salida; y muy especialmente por la enorme división interna que que-da instalada en el seno de una sociedad que tendrá una herida, casi una grieta, muy difícil, si no imposible, de sanar. Sin embargo, en tér-minos prácticos, el problema mayor consiste hoy en que, dado que no hay un acuerdo de salida entre las partes, no se ha definido la situa-ción de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, lo cual pone en riesgo el frágil equilibrio político conseguido no hace mucho para poner fin a la violencia armada de los nacionalistas irlan-deses. El caso es que la UE va a poner controles aduaneros entre los dos países, dado que Irlanda seguirá siendo parte de la unión, y la chispa de la inestabilidad, que se creía superada, puede encenderse con facilidad. (O)
Difícil pronóstico para una nación atrapada por la lucha de egos entre líderes que deberían estar a la altura de esperanzas de su pueblo.