Balance del 2018

Muchas cosas han pasado este año y otras no vamos a recordarlas. Tragedias, guerras, logros sociales, olas migratorias, desastres naturales y países cuyas crisis parecen no tener solución. Termina un año que deja señales que deben provocar una reflexión en quienes buscan un equilibrio entre los propósitos y los resultados que hacemos más o menos por estas fechas.
Para empezar 2018 cierra como un año de una profunda crisis migratoria global, especialmente caracterizada por la diáspora siria y por la impactante salida de venezolanos de su país que se ha sumado a aquella histórica ola de latinoamericanos hacia los Estados Unidos, hoy en manos del presidente más racista y anti latinoamericano que recordemos. Según Naciones Unidas, en el mundo hay 258 millones de migrantes y es la guerra, el hambre y la pobreza las principales causas para que la mayoría decida ir a otro país.
También en 2018 explotó el fenómeno de las noticias falsas o “fake news” que ganaron mucho terreno obstaculizando procesos electorales, dañando relaciones de todo tipo y explotando los peores prejuicios así como el odio entre defensores de ideas encontradas, provocando una profunda polarización que nos conduce al abismo de un resurgimiento fascista cien años después de que tal cosa hubiese sucedido en la vieja Europa. Las noticias falsas viajan más rápido “y llegan a más profundidad que la verdad en todas las categorías de la información” dice una excelente nota de investigación del diario colombiano El Espectador al respecto, señalando que “la única recomendación que se puede hacer, mientras se encuentra una cura, es filtrar e ignorar los contenidos, a veces ridículos, que salen en redes, y confirmar la veracidad de la información antes de compartirla.”
2018 cierra también como un año donde los desastres naturales nos dejan un saldo negativo aunque ciertos líderes continúan negando los efectos del cambio climático. Incendios nunca antes vistos, inundaciones, deslaves gigantescos y graves casos de contaminación, son evidencias claras del impacto de la irracional y depredadora acción humana sobre el planeta. La contracara positiva ha sido la lucha encarnizada contra el consumo del plástico surgida en diversas partes del globo que nos hace abrigar esperanzas de un cambio de actitud sobre el tema.
En definitiva, está en nuestro poder conducir pequeñas revoluciones cotidianas que cambien nuestro entorno para hacer de este un mejor mundo tanto en lo humano cuanto en lo ambiental. 2019 nos ofrecerá una nueva oportunidad para hacerlo. (O)

Balance del 2018

Muchas cosas han pasado este año y otras no vamos a recordarlas. Tragedias, guerras, logros sociales, olas migratorias, desastres naturales y países cuyas crisis parecen no tener solución. Termina un año que deja señales que deben provocar una reflexión en quienes buscan un equilibrio entre los propósitos y los resultados que hacemos más o menos por estas fechas.
Para empezar 2018 cierra como un año de una profunda crisis migratoria global, especialmente caracterizada por la diáspora siria y por la impactante salida de venezolanos de su país que se ha sumado a aquella histórica ola de latinoamericanos hacia los Estados Unidos, hoy en manos del presidente más racista y anti latinoamericano que recordemos. Según Naciones Unidas, en el mundo hay 258 millones de migrantes y es la guerra, el hambre y la pobreza las principales causas para que la mayoría decida ir a otro país.
También en 2018 explotó el fenómeno de las noticias falsas o “fake news” que ganaron mucho terreno obstaculizando procesos electorales, dañando relaciones de todo tipo y explotando los peores prejuicios así como el odio entre defensores de ideas encontradas, provocando una profunda polarización que nos conduce al abismo de un resurgimiento fascista cien años después de que tal cosa hubiese sucedido en la vieja Europa. Las noticias falsas viajan más rápido “y llegan a más profundidad que la verdad en todas las categorías de la información” dice una excelente nota de investigación del diario colombiano El Espectador al respecto, señalando que “la única recomendación que se puede hacer, mientras se encuentra una cura, es filtrar e ignorar los contenidos, a veces ridículos, que salen en redes, y confirmar la veracidad de la información antes de compartirla.”
2018 cierra también como un año donde los desastres naturales nos dejan un saldo negativo aunque ciertos líderes continúan negando los efectos del cambio climático. Incendios nunca antes vistos, inundaciones, deslaves gigantescos y graves casos de contaminación, son evidencias claras del impacto de la irracional y depredadora acción humana sobre el planeta. La contracara positiva ha sido la lucha encarnizada contra el consumo del plástico surgida en diversas partes del globo que nos hace abrigar esperanzas de un cambio de actitud sobre el tema.
En definitiva, está en nuestro poder conducir pequeñas revoluciones cotidianas que cambien nuestro entorno para hacer de este un mejor mundo tanto en lo humano cuanto en lo ambiental. 2019 nos ofrecerá una nueva oportunidad para hacerlo. (O)