¿Asombroso descubrimiento?

El supuesto descubrimiento de una cámara escondida en el despacho presidencial ha tenido, como ya se está haciendo costumbre en la agenda presidencial, el objetivo de espantar a la ciudadanía y, concomitantemente, inducir un sentimiento de solidaridad con la víctima. Luego de las obligadas investigaciones y los pronunciamientos de los “involucrados”, ¿qué queda en claro? No cabe ninguna duda: es el capítulo semanal de la telenovela, llamémosla ‘Un as y cuatro damas’.
Aclaremos. Si le tomamos la palabra al editorialista del principal vocero del poder mediático, el Secretario General de la Presidencia, quien asumió la mayoría de atribuciones de la extinta Secretaría de la Administración Pública, juega un papel clave en el desarrollo de las actividades en Carondelet, confirmado por el ahora ya exministro de Defensa, Miguel Carvajal: “Es un papel administrativo y político”. Se trata de Eduardo Mangas, quien es el nexo entre el Primer Mandatario y sus funcionarios, siempre acompaña al presidente Lenín Moreno de cerca. Por cierto, al poder mediático no le preocupa que E. Mangas sea ciudadano nicaragüense, afincado desde su temprana juventud en EE.UU.
Con estos antecedentes, existe una más clara posibilidad de entender las razones del comentado capítulo de la novela. Eduardo Mangas estuvo entre los primeros comentaristas de la noticia: “La cámara fue instalada en el 2009”, afirmó categóricamente, sin meditar en que su afirmación traería consigo algunas preguntas. ¿Por qué no le informó al Presidente? ¿Por qué permitió que lo vigilaran por más de 100 días? o ¿sabía que la cámara estaba inutilizada? ¿Cómo es que se enteró y dónde de la existencia de tal espionaje?, porque debería entenderse que para un personaje ajeno a la política ecuatoriana, que no ha vivido en nuestro país, tales temas no deberían ser de su incumbencia.
Creo que es de dominio público una programación de la televisión norteamericana llamada ‘La cámara escondida’, cuyo objetivo es hacer que la teleaudiencia se divierta con situaciones que ridiculizan al transeúnte común y corriente. Claro, más allá de la apariencia, tales situaciones no son reales.
Estamos en el Ecuador, nuestra Constitución proclama el respeto absoluto al ciudadano. Por lo tanto y tratándose de un asunto en el que están involucrados funcionarios del Primer Poder del Estado, los Servicios de Seguridad y las propias Fuerzas Armadas, la seguridad del Presidente y del Estado, cabe preguntarse: ¿Qué opina la presidenta de la Comisión de lo Internacional y de Seguridad de la Asamblea Nacional? (O)

¿Asombroso descubrimiento?

El supuesto descubrimiento de una cámara escondida en el despacho presidencial ha tenido, como ya se está haciendo costumbre en la agenda presidencial, el objetivo de espantar a la ciudadanía y, concomitantemente, inducir un sentimiento de solidaridad con la víctima. Luego de las obligadas investigaciones y los pronunciamientos de los “involucrados”, ¿qué queda en claro? No cabe ninguna duda: es el capítulo semanal de la telenovela, llamémosla ‘Un as y cuatro damas’.
Aclaremos. Si le tomamos la palabra al editorialista del principal vocero del poder mediático, el Secretario General de la Presidencia, quien asumió la mayoría de atribuciones de la extinta Secretaría de la Administración Pública, juega un papel clave en el desarrollo de las actividades en Carondelet, confirmado por el ahora ya exministro de Defensa, Miguel Carvajal: “Es un papel administrativo y político”. Se trata de Eduardo Mangas, quien es el nexo entre el Primer Mandatario y sus funcionarios, siempre acompaña al presidente Lenín Moreno de cerca. Por cierto, al poder mediático no le preocupa que E. Mangas sea ciudadano nicaragüense, afincado desde su temprana juventud en EE.UU.
Con estos antecedentes, existe una más clara posibilidad de entender las razones del comentado capítulo de la novela. Eduardo Mangas estuvo entre los primeros comentaristas de la noticia: “La cámara fue instalada en el 2009”, afirmó categóricamente, sin meditar en que su afirmación traería consigo algunas preguntas. ¿Por qué no le informó al Presidente? ¿Por qué permitió que lo vigilaran por más de 100 días? o ¿sabía que la cámara estaba inutilizada? ¿Cómo es que se enteró y dónde de la existencia de tal espionaje?, porque debería entenderse que para un personaje ajeno a la política ecuatoriana, que no ha vivido en nuestro país, tales temas no deberían ser de su incumbencia.
Creo que es de dominio público una programación de la televisión norteamericana llamada ‘La cámara escondida’, cuyo objetivo es hacer que la teleaudiencia se divierta con situaciones que ridiculizan al transeúnte común y corriente. Claro, más allá de la apariencia, tales situaciones no son reales.
Estamos en el Ecuador, nuestra Constitución proclama el respeto absoluto al ciudadano. Por lo tanto y tratándose de un asunto en el que están involucrados funcionarios del Primer Poder del Estado, los Servicios de Seguridad y las propias Fuerzas Armadas, la seguridad del Presidente y del Estado, cabe preguntarse: ¿Qué opina la presidenta de la Comisión de lo Internacional y de Seguridad de la Asamblea Nacional? (O)