Artículo 98

La Ley de Comunicación ha tenido un impacto muy importante en la producción audiovisual del Ecuador, específicamente a través del artículo 98 que, en resumen, hace dos cosas fundamentales: establece un mínimo de participación de personal ecuatoriano en la producción de piezas publicitarias y prohíbe la importación de anuncios comerciales por parte de empresas extranjeras. Aquí no hay ciencia. Una cosa parecida ha sido hecha por todos los países que han tomado la decisión de desarrollar y fortalecer su cine y su producción audiovisual, porque, es sabido, la principal fuente de trabajo para el sector está en la publicidad. Al final eso redunda en profesionales altamente capacitados y en inversiones tecnológicas que nos permiten competir con las potencias audiovisuales de la región las cuales, dicho sea de paso, tienen legislación idéntica en sus propios países pues así exportan sus servicios de producción al mundo ¿No era eso lo que queríamos también?
Como era de esperar los sectores más liberales de la economía argumentan que dicho artículo es una corona inmerecida para el audiovisual nacional y que, por tanto, debe ser derogado ya que, en última instancia, encarece las opciones para el consumidor ¿A qué consumidor se refieren? Obviamente al empresariado nacional que, sin esa protección, podrá importar libremente piezas publicitarias hechas fuera. Así podremos volver al sutil absurdo de aquellas campañas que decían “consuma lo nuestro” hechas en Uruguay o en Colombia. La verdad es que, en esta materia, no hay país más proteccionista que los Estados Unidos cuya producción audiovisual forma parte de su ADN identitario y, a falta de un Departamento de Cultura, es el mismísimo Departamento de Defensa quien la protege, es decir el Pentágono, considerándola un sector estratégico y altamente sensible de la economía doméstica. Las barreras comerciales y reglamentarias para que una producción extranjera circule en los Estados Unidos son complicadas y muy costosas. Y más allá de fábulas conspiracionistas deberíamos pensar en aquellos países a los que admiramos para ver que, por medio de leyes parecidas, todos ellos protegen su producción audiovisual ya que es a través de esta que se muestran y posicionan en el mundo entero. La experiencia nos ha demostrado que incluso las sociedades más grandes necesitan pequeñas normas como esta y que las personas, como los países, se descubren a sí mismos cuando se miden ante los obstáculos. (O)
Los países, se descubren a sí mismos cuando se miden ante los obstáculos. Ojalá podamos tener el coraje de superar este para continuar el camino.

Artículo 98

La Ley de Comunicación ha tenido un impacto muy importante en la producción audiovisual del Ecuador, específicamente a través del artículo 98 que, en resumen, hace dos cosas fundamentales: establece un mínimo de participación de personal ecuatoriano en la producción de piezas publicitarias y prohíbe la importación de anuncios comerciales por parte de empresas extranjeras. Aquí no hay ciencia. Una cosa parecida ha sido hecha por todos los países que han tomado la decisión de desarrollar y fortalecer su cine y su producción audiovisual, porque, es sabido, la principal fuente de trabajo para el sector está en la publicidad. Al final eso redunda en profesionales altamente capacitados y en inversiones tecnológicas que nos permiten competir con las potencias audiovisuales de la región las cuales, dicho sea de paso, tienen legislación idéntica en sus propios países pues así exportan sus servicios de producción al mundo ¿No era eso lo que queríamos también?
Como era de esperar los sectores más liberales de la economía argumentan que dicho artículo es una corona inmerecida para el audiovisual nacional y que, por tanto, debe ser derogado ya que, en última instancia, encarece las opciones para el consumidor ¿A qué consumidor se refieren? Obviamente al empresariado nacional que, sin esa protección, podrá importar libremente piezas publicitarias hechas fuera. Así podremos volver al sutil absurdo de aquellas campañas que decían “consuma lo nuestro” hechas en Uruguay o en Colombia. La verdad es que, en esta materia, no hay país más proteccionista que los Estados Unidos cuya producción audiovisual forma parte de su ADN identitario y, a falta de un Departamento de Cultura, es el mismísimo Departamento de Defensa quien la protege, es decir el Pentágono, considerándola un sector estratégico y altamente sensible de la economía doméstica. Las barreras comerciales y reglamentarias para que una producción extranjera circule en los Estados Unidos son complicadas y muy costosas. Y más allá de fábulas conspiracionistas deberíamos pensar en aquellos países a los que admiramos para ver que, por medio de leyes parecidas, todos ellos protegen su producción audiovisual ya que es a través de esta que se muestran y posicionan en el mundo entero. La experiencia nos ha demostrado que incluso las sociedades más grandes necesitan pequeñas normas como esta y que las personas, como los países, se descubren a sí mismos cuando se miden ante los obstáculos. (O)
Los países, se descubren a sí mismos cuando se miden ante los obstáculos. Ojalá podamos tener el coraje de superar este para continuar el camino.