Argumentación jurídica (I)

Visto

Pensemos un momento en estas situaciones: nos encontramos mirando a un legislador que participa en un debate en la Asamblea Nacional (si lo hay). Un joven pide permiso a su madre para poder ir a su fiesta de la universidad. Un estudiante de Derecho presenta una posible solución a un análisis de caso. ¿Qué elemento concordante tienen estos diferentes escenarios? Podemos estar de acuerdo que la finalidad del asambleísta, del joven y del estudiante es lograr persuadir y convencer de la proposición que defiende, sea esta una nueva ley, el ir a una fiesta o que la solución a un caso es la correcta. Entonces, la actividad o producto necesario para cumplir con ello es la argumentación, que justamente comprende el dar razones en favor de una tesis que se defiende.
Así, la argumentación jurídica es primordial para las y los abogados en su ejercicio profesional, pues claramente permite identificar a un buen abogado de uno que no lo es. En este sentido, una buena argumentación debe tener razones válidas y legítimas, que nos permita persuadir al “auditorio universal” como diría Chaim Perelman, jurista polaco. Si bien existen diferentes aristas sobre lo que comprende exclusivamente una teoría de la argumentación jurídica, para el jurista español Manuel Atienza, se pueden establecer al menos tres etapas: la de los precursores, de la teoría estándar y lo que sería la critica a ésta última.
La primera etapa se centra en aminorar la importancia del razonamiento lógico en la toma de decisiones judiciales, es decir que únicamente la lógica jurídica en sentido estricto no daría cuenta de todos los componentes que son parte de esa decisión. La segunda, que consiste en la adopción de la “teoría estándar” de la argumentación, que vendría a ser la asunción de la existencia de una justificación interna y una externa, que sería una premisa conexa a la de casos fáciles y casos difíciles. Finalmente, la tercera intenta superar esta última por una que radica en la adopción de la dialéctica y la retórica, como elementos indispensables para la persuasión y el convencimiento. En definitiva, la argumentación jurídica, en el siglo XX, viene a ser el intento de desmarcarse de un raciocinio lógico-simplista, hacia una visión más compleja que entiende al razonamiento jurídico en un marco de apertura a nuevas formas de argumentar en el Derecho. (O)

Argumentación jurídica (I)

Pensemos un momento en estas situaciones: nos encontramos mirando a un legislador que participa en un debate en la Asamblea Nacional (si lo hay). Un joven pide permiso a su madre para poder ir a su fiesta de la universidad. Un estudiante de Derecho presenta una posible solución a un análisis de caso. ¿Qué elemento concordante tienen estos diferentes escenarios? Podemos estar de acuerdo que la finalidad del asambleísta, del joven y del estudiante es lograr persuadir y convencer de la proposición que defiende, sea esta una nueva ley, el ir a una fiesta o que la solución a un caso es la correcta. Entonces, la actividad o producto necesario para cumplir con ello es la argumentación, que justamente comprende el dar razones en favor de una tesis que se defiende.
Así, la argumentación jurídica es primordial para las y los abogados en su ejercicio profesional, pues claramente permite identificar a un buen abogado de uno que no lo es. En este sentido, una buena argumentación debe tener razones válidas y legítimas, que nos permita persuadir al “auditorio universal” como diría Chaim Perelman, jurista polaco. Si bien existen diferentes aristas sobre lo que comprende exclusivamente una teoría de la argumentación jurídica, para el jurista español Manuel Atienza, se pueden establecer al menos tres etapas: la de los precursores, de la teoría estándar y lo que sería la critica a ésta última.
La primera etapa se centra en aminorar la importancia del razonamiento lógico en la toma de decisiones judiciales, es decir que únicamente la lógica jurídica en sentido estricto no daría cuenta de todos los componentes que son parte de esa decisión. La segunda, que consiste en la adopción de la “teoría estándar” de la argumentación, que vendría a ser la asunción de la existencia de una justificación interna y una externa, que sería una premisa conexa a la de casos fáciles y casos difíciles. Finalmente, la tercera intenta superar esta última por una que radica en la adopción de la dialéctica y la retórica, como elementos indispensables para la persuasión y el convencimiento. En definitiva, la argumentación jurídica, en el siglo XX, viene a ser el intento de desmarcarse de un raciocinio lógico-simplista, hacia una visión más compleja que entiende al razonamiento jurídico en un marco de apertura a nuevas formas de argumentar en el Derecho. (O)

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