Arde el Mato Grosso

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Amplias zonas del “pulmón del planeta” arden bajo la locura impulsada por el gobierno brasileño. La deforestación, que se ha disparado tras la llegada del ultraderechista Bolsonaro, es la principal causa de una oleada de incendios que arrasa con la biodiversidad amazónica en beneficio de nuevos cultivos de soja. Más de 35.000 focos de fuegos deliberados, un 85% superior que en el mismo período durante 2018, han sido detectados hasta ahora y su único objeto es ampliar irracionalmente la frontera agrícola dentro del gigante sudamericano. Detrás y de muy cerca actúan también intereses ganaderos e incluso urbanos e inmobiliarios. El resto del mundo mira impávido el dantesco espectáculo mientras Bolsonaro, sin aportar un sólo nombre o dato concreto, afirma que la mayoría de incendios fueron provocados por ONGs ambientalistas que buscan hacer daño a su gobierno. A su irracionalidad le suma un cinismo descarado.
La verdad es que el poderoso sector agropecuario brasileño siente que hoy tiene carta blanca para deforestar y quiere sumar grandes áreas de pastoreo y sembrado. La deforestación ha cobrado un fuerte impulso con la llegada del ex capitán y se ha incrementado en un 273% según las propias cifras oficiales. Con Bolsonaro también ha aumentado la ocupación ilegal de tierras de la selva y su destrucción permite especular y venderlas. Su agenda anti ambientalista es clara y lamentable.
Los datos recabados por distintas agencias señalan una deforestación de 4.565 kilómetros cuadrados, lo que supone un crecimiento en la desaparición de la superficie amazónica de un 15% respecto al año anterior. La información recogida satelitalmente es clara: cada minuto desaparece una superficie de selva similar a un campo de fútbol.
Los expertos señalan que estos incendios van a influir directamente en el cambio climático, ya que ayudarán a intensificarlo. El Amazonas se conoce como el “pulmón del planeta” precisamente porque es un importante absorbente de dióxido de carbono. Los árboles de la región amazónica producen un 20% de la cantidad total de oxígeno que hay en la atmósfera terrestre, lo que les convierte en piezas clave para frenar el cambio climático y los efectos devastadores del calentamiento global. Al menos lo fueron hasta ahora.
(Fe de erratas: en la columna de la semana anterior, titulada Les Fernández, quien escribe cometió un error, un verdadero gafe, que exige la presentación de unas sinceras disculpas al lector. Debí decir que aquel conjunto de palabras lleva mayoritariamente la letra “e” en lugar de únicamente. (O)
El Amazonas se conoce como el “pulmón del planeta” precisamente porque es un importante absorbente de dióxido de carbono.

Arde el Mato Grosso

Amplias zonas del “pulmón del planeta” arden bajo la locura impulsada por el gobierno brasileño. La deforestación, que se ha disparado tras la llegada del ultraderechista Bolsonaro, es la principal causa de una oleada de incendios que arrasa con la biodiversidad amazónica en beneficio de nuevos cultivos de soja. Más de 35.000 focos de fuegos deliberados, un 85% superior que en el mismo período durante 2018, han sido detectados hasta ahora y su único objeto es ampliar irracionalmente la frontera agrícola dentro del gigante sudamericano. Detrás y de muy cerca actúan también intereses ganaderos e incluso urbanos e inmobiliarios. El resto del mundo mira impávido el dantesco espectáculo mientras Bolsonaro, sin aportar un sólo nombre o dato concreto, afirma que la mayoría de incendios fueron provocados por ONGs ambientalistas que buscan hacer daño a su gobierno. A su irracionalidad le suma un cinismo descarado.
La verdad es que el poderoso sector agropecuario brasileño siente que hoy tiene carta blanca para deforestar y quiere sumar grandes áreas de pastoreo y sembrado. La deforestación ha cobrado un fuerte impulso con la llegada del ex capitán y se ha incrementado en un 273% según las propias cifras oficiales. Con Bolsonaro también ha aumentado la ocupación ilegal de tierras de la selva y su destrucción permite especular y venderlas. Su agenda anti ambientalista es clara y lamentable.
Los datos recabados por distintas agencias señalan una deforestación de 4.565 kilómetros cuadrados, lo que supone un crecimiento en la desaparición de la superficie amazónica de un 15% respecto al año anterior. La información recogida satelitalmente es clara: cada minuto desaparece una superficie de selva similar a un campo de fútbol.
Los expertos señalan que estos incendios van a influir directamente en el cambio climático, ya que ayudarán a intensificarlo. El Amazonas se conoce como el “pulmón del planeta” precisamente porque es un importante absorbente de dióxido de carbono. Los árboles de la región amazónica producen un 20% de la cantidad total de oxígeno que hay en la atmósfera terrestre, lo que les convierte en piezas clave para frenar el cambio climático y los efectos devastadores del calentamiento global. Al menos lo fueron hasta ahora.
(Fe de erratas: en la columna de la semana anterior, titulada Les Fernández, quien escribe cometió un error, un verdadero gafe, que exige la presentación de unas sinceras disculpas al lector. Debí decir que aquel conjunto de palabras lleva mayoritariamente la letra “e” en lugar de únicamente. (O)
El Amazonas se conoce como el “pulmón del planeta” precisamente porque es un importante absorbente de dióxido de carbono.

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