Aportes

Una y otra vez, no recientemente, sino desde siempre, he cuestionado el modelo de democracia basado en la capacidad de financiamiento a los partidos, movimientos y a los candidatos. En el mapa político, sólo tienen cabida y opción de éxito electoral quienes cuenten con suficiente financiamiento como para llegar con sus propuestas al conjunto de los ciudadanos. Las campañas son cada vez más costosas. Candidato que no esté en capacidad -económica- de pagar la abultada factura requerida para copar y pagar: las redes sociales, las radios, las encuestas a la carta, los costosos eventos artísticos, los medios escritos, la televisión, etc., simplemente, no tiene posibilidades de contar con el voto popular. Adicionalmente, debe disponer de fondos para acercarse con “souvenirs” que den cuenta que el candidato no llegó con las manos vacías. (Parece inverosímil, por ejemplo, que en la última campaña presidencial de los EE.UU. entre demócratas y republicanos recaudaron más de 2.000 millones de dólares). La democracia del capital es así. No por ello hay que permitir que continúe así. Para las próximas elecciones es indispensable que se reforme el Código de la Democracia incorporando, al menos 3 cuestiones fundamentales: 1) Establecer exigencias más serias para la calificación y reconocimientos de los partidos y movimientos políticos. No le hace ningún bien a la democracia el abultado número de partidos, movimientos políticos y candidatos. La recolección de firmas se ha convertido en un ejercicio banal. La propia firma -real o falsificada-tiene poco o ningún valor. 2) Limitar y transparentar los aportes de amigos, simpatizantes, militantes, financistas, etc. El límite debería ser tal que - que de ninguna manera se convierta en una inversión o en un instrumento de presión o de compromiso al momento de las definición de políticas públicas o de adjudicación de contratos. Además, los aportes deben publicarse y difundirse en tiempo real para el pleno conocimiento ciudadano. 3) Abrir mayores espacios para la representación de las minorías. El método de adjudicación de escaños tiene que ser revisado. Estamos a 6 meses del límite que la ley exige para la vigencia de un cambio en las reglas de juego electoral. Esperemos que la Asamblea Nacional apruebe las reformas conducentes a que tengamos una democracia, sustentada en verdaderos partidos políticos en los que su ideología y propuestas no tengan que someterse a un costoso marketing sino a un permanente, amplio y constructivo debate. La democracia habrá alcanzado mayoría de edad cuando no sean los millones de dólares los que cuenten en la elección sino las mejores propuestas que beneficien al conjunto y no, simplemente, a unos pocos, a los del establishment. (O)
La democracia habrá alcanzado mayoría de edad cuando no sean los millones de dólares los que cuenten en la elección.

Aportes

Una y otra vez, no recientemente, sino desde siempre, he cuestionado el modelo de democracia basado en la capacidad de financiamiento a los partidos, movimientos y a los candidatos. En el mapa político, sólo tienen cabida y opción de éxito electoral quienes cuenten con suficiente financiamiento como para llegar con sus propuestas al conjunto de los ciudadanos. Las campañas son cada vez más costosas. Candidato que no esté en capacidad -económica- de pagar la abultada factura requerida para copar y pagar: las redes sociales, las radios, las encuestas a la carta, los costosos eventos artísticos, los medios escritos, la televisión, etc., simplemente, no tiene posibilidades de contar con el voto popular. Adicionalmente, debe disponer de fondos para acercarse con “souvenirs” que den cuenta que el candidato no llegó con las manos vacías. (Parece inverosímil, por ejemplo, que en la última campaña presidencial de los EE.UU. entre demócratas y republicanos recaudaron más de 2.000 millones de dólares). La democracia del capital es así. No por ello hay que permitir que continúe así. Para las próximas elecciones es indispensable que se reforme el Código de la Democracia incorporando, al menos 3 cuestiones fundamentales: 1) Establecer exigencias más serias para la calificación y reconocimientos de los partidos y movimientos políticos. No le hace ningún bien a la democracia el abultado número de partidos, movimientos políticos y candidatos. La recolección de firmas se ha convertido en un ejercicio banal. La propia firma -real o falsificada-tiene poco o ningún valor. 2) Limitar y transparentar los aportes de amigos, simpatizantes, militantes, financistas, etc. El límite debería ser tal que - que de ninguna manera se convierta en una inversión o en un instrumento de presión o de compromiso al momento de las definición de políticas públicas o de adjudicación de contratos. Además, los aportes deben publicarse y difundirse en tiempo real para el pleno conocimiento ciudadano. 3) Abrir mayores espacios para la representación de las minorías. El método de adjudicación de escaños tiene que ser revisado. Estamos a 6 meses del límite que la ley exige para la vigencia de un cambio en las reglas de juego electoral. Esperemos que la Asamblea Nacional apruebe las reformas conducentes a que tengamos una democracia, sustentada en verdaderos partidos políticos en los que su ideología y propuestas no tengan que someterse a un costoso marketing sino a un permanente, amplio y constructivo debate. La democracia habrá alcanzado mayoría de edad cuando no sean los millones de dólares los que cuenten en la elección sino las mejores propuestas que beneficien al conjunto y no, simplemente, a unos pocos, a los del establishment. (O)
La democracia habrá alcanzado mayoría de edad cuando no sean los millones de dólares los que cuenten en la elección.