Año viejo, año nuevo

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La antigua costumbre de quemar al año viejo es una tradición andina arraigada no solo en nuestro país sino en toda América Latina, pero es especialmente popular en Ecuador y en Colombia. Sabemos que cada 31 de diciembre, a las 12 de la noche, son quemados muñecos de distintos tamaños que representan personajes de cualquier tipo, desde políticos hasta estrellas de cine o algún familiar escogido como amuleto de lo bueno o de lo malo que ha pasado a lo largo del año. La quema del monigote se acompaña con la lectura del testamento y es una manera de purificar o alejar la mala suerte y de paso también celebrar la llegada del nuevo año con la presencia alegórica del fuego.
En términos de festividades el ritual se debe distinguir, según los especialistas, de la Fiesta del Judas, que a pesar de tener características similares tiene claras y distintas connotaciones siendo celebrado en algunas regiones de España y de América Latina, por ejemplo en Uruguay, al inicio de la semana de pascua o en el domingo de resurrección.
En la mayoría de países latinoamericanos se le atribuye un origen hispánico a la quema y posiblemente sea derivada de rituales antiguos paganos europeos, como las saturnales de los romanos o los rituales celtas y el Olentzero en el País Vasco y Navarra en España. Una teoría señala que el ritual probablemente tiene vínculos con la represión de los indígenas americanos a manos de los españoles, y es la razón por la cual en algunas regiones los muñecos tradicionales son elaborados con caras con fisionomía europea y ojos azules o verdes. De cualquier forma la quema del año viejo tiene antecedentes muy antiguos y se da en muchos lugares del mundo, por ejemplo se daba ya en las culturas babilónica, griega y romana. Roma, rendía culto a Prometeo con la costumbre de realizar figuras de hombres, aves y animales que eran incineradas por representar los vicios humanos. Esta tradición pasó a los pueblos sometidos por Roma, incluyendo España país que posteriormente introdujo dicha tradición en América Latina durante la conquista y colonización. Los primeros datos sobre la existencia de los años viejos en nuestro país datan de 1895, cuando una epidemia de fiebre amarilla azotó a los guayaquileños. Como medida sanitaria se confeccionaron atados de paja y ramas con los vestidos de los familiares infectados para luego ser incinerados.
El fuego purifica y nos permite dar la bienvenida al año nuevo con la esperanza y expectativa de una nueva oportunidad para todos y para todo. Porque el fuego es el símbolo que rasga la oscuridad, que nace desde la tierra y sube al cielo buscando la luz. (O)
El fuego purifica y nos permite dar la bienvenida al año nuevo con la esperanza y expectativa de una nueva oportunidad para todos.

Año viejo, año nuevo

La antigua costumbre de quemar al año viejo es una tradición andina arraigada no solo en nuestro país sino en toda América Latina, pero es especialmente popular en Ecuador y en Colombia. Sabemos que cada 31 de diciembre, a las 12 de la noche, son quemados muñecos de distintos tamaños que representan personajes de cualquier tipo, desde políticos hasta estrellas de cine o algún familiar escogido como amuleto de lo bueno o de lo malo que ha pasado a lo largo del año. La quema del monigote se acompaña con la lectura del testamento y es una manera de purificar o alejar la mala suerte y de paso también celebrar la llegada del nuevo año con la presencia alegórica del fuego.
En términos de festividades el ritual se debe distinguir, según los especialistas, de la Fiesta del Judas, que a pesar de tener características similares tiene claras y distintas connotaciones siendo celebrado en algunas regiones de España y de América Latina, por ejemplo en Uruguay, al inicio de la semana de pascua o en el domingo de resurrección.
En la mayoría de países latinoamericanos se le atribuye un origen hispánico a la quema y posiblemente sea derivada de rituales antiguos paganos europeos, como las saturnales de los romanos o los rituales celtas y el Olentzero en el País Vasco y Navarra en España. Una teoría señala que el ritual probablemente tiene vínculos con la represión de los indígenas americanos a manos de los españoles, y es la razón por la cual en algunas regiones los muñecos tradicionales son elaborados con caras con fisionomía europea y ojos azules o verdes. De cualquier forma la quema del año viejo tiene antecedentes muy antiguos y se da en muchos lugares del mundo, por ejemplo se daba ya en las culturas babilónica, griega y romana. Roma, rendía culto a Prometeo con la costumbre de realizar figuras de hombres, aves y animales que eran incineradas por representar los vicios humanos. Esta tradición pasó a los pueblos sometidos por Roma, incluyendo España país que posteriormente introdujo dicha tradición en América Latina durante la conquista y colonización. Los primeros datos sobre la existencia de los años viejos en nuestro país datan de 1895, cuando una epidemia de fiebre amarilla azotó a los guayaquileños. Como medida sanitaria se confeccionaron atados de paja y ramas con los vestidos de los familiares infectados para luego ser incinerados.
El fuego purifica y nos permite dar la bienvenida al año nuevo con la esperanza y expectativa de una nueva oportunidad para todos y para todo. Porque el fuego es el símbolo que rasga la oscuridad, que nace desde la tierra y sube al cielo buscando la luz. (O)
El fuego purifica y nos permite dar la bienvenida al año nuevo con la esperanza y expectativa de una nueva oportunidad para todos.

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