Amor de madre


El Día de la Madre es una celebración en la que se destaca el amor y la protección de quienes nos dieron la vida; y es una fecha importante en los calendarios en varios países del mundo. En nuestro país, el Día de la Madre se celebra un día como hoy, es decir el segundo domingo de mayo.
Suele decirse que el amor de Dios es semejante al amor de madre. Quizás hayas escuchado esto: “El amor de Dios, es lo más parecido al amor de una madre”. Suele ser una frase frecuente. Es una especie de conciencia colectiva, de que ninguna persona en el mundo puede sentir como propio el dolor o la alegría de otra persona como el corazón de una madre. Cada fracaso, cada tristeza, cada tropiezo, ese dolor ha sido el dolor de una madre. También cada alegría, cada logro, cada paso, cada esperanza suelen corresponderse con los sueños de la madre. Después de muchos siglos de historia, este misterio no termina de dilucidarse. Cada día las madres del mundo nos asombran de mil maneras, para dar cuenta de esta realidad mistérica.
Pensando así, de pronto, se me ocurre que Dios tiene que estar detrás de todo esto. Tal vez les dio este tipo de amor para que algún día pudiéramos también llegar a comprenderlo. Un amor que nos creó de la nada, que luego se mostró sin condiciones, solo porque existimos; un amor que era inmenso de tal forma que Él mismo prefirió donarse, un amor que nos defendió hasta lo sumo, encarnándose en Jesús.
Hoy, quizá sería imposible hablar del amor de Dios, sin hablar del amor de la madre. Dios hizo algo especial con ellas, con mi madre y con todas las que en estos días celebran tener este privilegio inaccesible para muchos. Porque tal vez en el Edén Dios las hizo a su imagen, pero cuando las hizo madres, les permitió sentir como Él.
El papa Francisco, en la audiencia general del 20 de febrero anterior, invitó: “¡No tengas miedo! Ninguno de nosotros está solo”, pues no hay nada, ni nadie que pueda “separarnos del amor de Dios”, y, afirmó que aunque el amor humano sea como una “nube pasajera”, sujeto “al egoísmo personal y a los límites”, en cambio, “el amor de Dios permanece siempre”. Y así comparó “el amor de Dios al de una madre cariñosa y siempre presente”.
La humanidad necesita siempre de esa riqueza que asociamos a lo femenino, a lo materno porque se condensa de manera especial en la mujer: intimidad, acogida, solicitud, cariño, ternura, entrega al misterio, gestación, donación de vida. Felicidades ahora y por siempre. (O)
“El amor
de Dios permanece siempre”. Y así comparó “el amor de Dios al de una madre cariñosa y siempre presente”.

Amor de madre


El Día de la Madre es una celebración en la que se destaca el amor y la protección de quienes nos dieron la vida; y es una fecha importante en los calendarios en varios países del mundo. En nuestro país, el Día de la Madre se celebra un día como hoy, es decir el segundo domingo de mayo.
Suele decirse que el amor de Dios es semejante al amor de madre. Quizás hayas escuchado esto: “El amor de Dios, es lo más parecido al amor de una madre”. Suele ser una frase frecuente. Es una especie de conciencia colectiva, de que ninguna persona en el mundo puede sentir como propio el dolor o la alegría de otra persona como el corazón de una madre. Cada fracaso, cada tristeza, cada tropiezo, ese dolor ha sido el dolor de una madre. También cada alegría, cada logro, cada paso, cada esperanza suelen corresponderse con los sueños de la madre. Después de muchos siglos de historia, este misterio no termina de dilucidarse. Cada día las madres del mundo nos asombran de mil maneras, para dar cuenta de esta realidad mistérica.
Pensando así, de pronto, se me ocurre que Dios tiene que estar detrás de todo esto. Tal vez les dio este tipo de amor para que algún día pudiéramos también llegar a comprenderlo. Un amor que nos creó de la nada, que luego se mostró sin condiciones, solo porque existimos; un amor que era inmenso de tal forma que Él mismo prefirió donarse, un amor que nos defendió hasta lo sumo, encarnándose en Jesús.
Hoy, quizá sería imposible hablar del amor de Dios, sin hablar del amor de la madre. Dios hizo algo especial con ellas, con mi madre y con todas las que en estos días celebran tener este privilegio inaccesible para muchos. Porque tal vez en el Edén Dios las hizo a su imagen, pero cuando las hizo madres, les permitió sentir como Él.
El papa Francisco, en la audiencia general del 20 de febrero anterior, invitó: “¡No tengas miedo! Ninguno de nosotros está solo”, pues no hay nada, ni nadie que pueda “separarnos del amor de Dios”, y, afirmó que aunque el amor humano sea como una “nube pasajera”, sujeto “al egoísmo personal y a los límites”, en cambio, “el amor de Dios permanece siempre”. Y así comparó “el amor de Dios al de una madre cariñosa y siempre presente”.
La humanidad necesita siempre de esa riqueza que asociamos a lo femenino, a lo materno porque se condensa de manera especial en la mujer: intimidad, acogida, solicitud, cariño, ternura, entrega al misterio, gestación, donación de vida. Felicidades ahora y por siempre. (O)
“El amor
de Dios permanece siempre”. Y así comparó “el amor de Dios al de una madre cariñosa y siempre presente”.