AMLO: Reconciliar

El domingo pasado Andrés Manuel López Obrador recibió el incuestionable apoyo del pueblo mexicano, una victoria merecida tras largos años de paciente lucha y gracias a una estrategia inteligentemente elaborada. Ninguno de los pronósticos de expertos politólogos sobre la manipulación de las encuestas, de la segura ausencia del electorado, del fraude e incluso de la eliminación física de López Obrador, se cumplió. La misma noche del domingo los tres contendores fueron los primeros en reconocer el triunfo de AMLO, el Presidente saliente lo felicitó tras el anuncio del vocero del CNE. A la media noche, en el Zócalo, López Obrador asumió el veredicto popular.
Ciertamente, el país que recibe el Presidente electo se encuentra sumido en una profunda crisis, tanto política como económica. México, por su extensión, ocupa el quinto lugar, y por su población, el tercero, en el continente americano. Si bien durante la primera mitad del s.XX alcanzó un considerable nivel de desarrollo industrial gracias, fundamentalmente, a la gestión del Presidente Lázaro Cárdenas, hoy tiene el reto de recuperar lo perdido a lo largo de los 32 años precedentes por obra de gobiernos entreguistas. En su primer discurso AMLO ha prometido terminar con la violencia y la corrupción, que sin lugar a dudas se originan en el narcotráfico, no con más violencia, sino con un impulso a la producción de manera que “los mexicanos consuman lo que el país produce”, lo que implica una mayor inversión pública. La atención de su gobierno se centrará en la atención a “los más humildes y necesitados”, reiterando en la frase que resume su convicción: “La mejor forma de servir al país es sirviendo primero a los pobres”.
No podía faltar, desde luego, el escepticismo de ciertos sociólogos que cuestionan desde una posición dogmática el llamado de AMLO a la reconciliación de todos los mexicanos para la recuperación de su país. Su escepticismo nace, como lo afirmara José Saramago, en su incomprensión de lo que sucede hoy en día en el mundo. Asistimos, no a una más de las crisis del capitalismo mundial, sino al agotamiento del modo de producción industrial y, como lo ha manifestado el Papa Francisco, a una crisis civilizatoria. Hay que entenderlo, ‘lo mejor está por venir’. Y vendrá no a través de la fuerza, sino actuando con inteligencia, a base del diálogo, no para satisfacer apetitos, sino sirviendo la mesa para los más pobres. (O)

Suele decirse que el karma de México es ‘estar tan lejos de Dios y tan cerca de los EE.UU.

AMLO: Reconciliar

El domingo pasado Andrés Manuel López Obrador recibió el incuestionable apoyo del pueblo mexicano, una victoria merecida tras largos años de paciente lucha y gracias a una estrategia inteligentemente elaborada. Ninguno de los pronósticos de expertos politólogos sobre la manipulación de las encuestas, de la segura ausencia del electorado, del fraude e incluso de la eliminación física de López Obrador, se cumplió. La misma noche del domingo los tres contendores fueron los primeros en reconocer el triunfo de AMLO, el Presidente saliente lo felicitó tras el anuncio del vocero del CNE. A la media noche, en el Zócalo, López Obrador asumió el veredicto popular.
Ciertamente, el país que recibe el Presidente electo se encuentra sumido en una profunda crisis, tanto política como económica. México, por su extensión, ocupa el quinto lugar, y por su población, el tercero, en el continente americano. Si bien durante la primera mitad del s.XX alcanzó un considerable nivel de desarrollo industrial gracias, fundamentalmente, a la gestión del Presidente Lázaro Cárdenas, hoy tiene el reto de recuperar lo perdido a lo largo de los 32 años precedentes por obra de gobiernos entreguistas. En su primer discurso AMLO ha prometido terminar con la violencia y la corrupción, que sin lugar a dudas se originan en el narcotráfico, no con más violencia, sino con un impulso a la producción de manera que “los mexicanos consuman lo que el país produce”, lo que implica una mayor inversión pública. La atención de su gobierno se centrará en la atención a “los más humildes y necesitados”, reiterando en la frase que resume su convicción: “La mejor forma de servir al país es sirviendo primero a los pobres”.
No podía faltar, desde luego, el escepticismo de ciertos sociólogos que cuestionan desde una posición dogmática el llamado de AMLO a la reconciliación de todos los mexicanos para la recuperación de su país. Su escepticismo nace, como lo afirmara José Saramago, en su incomprensión de lo que sucede hoy en día en el mundo. Asistimos, no a una más de las crisis del capitalismo mundial, sino al agotamiento del modo de producción industrial y, como lo ha manifestado el Papa Francisco, a una crisis civilizatoria. Hay que entenderlo, ‘lo mejor está por venir’. Y vendrá no a través de la fuerza, sino actuando con inteligencia, a base del diálogo, no para satisfacer apetitos, sino sirviendo la mesa para los más pobres. (O)

Suele decirse que el karma de México es ‘estar tan lejos de Dios y tan cerca de los EE.UU.