Amazonía en llamas

La tragedia que soporta Brasil durante ya casi un mes, ha terminado por presentar a Jair Bolsonaro de cuerpo entero: su parquedad y estoicismo ante el incendio forestal que la humanidad observa en la Amazonía, el más voraz de los tiempos modernos, solo puede entenderse porque el presidente brasileño está absoluta e incondicionalmente al servicio del gran poder financiero internacional incluido básicamente el de Sao Paulo, Estado que por sí solo se ubica como la quinta potencia económica a nivel mundial. Puede parecer terrorífico, pero la industria paulista necesita expandirse y, si bien ya cuenta con su mayor puerto y aeropuerto de América del Sur para el intercambio comercial y de pasajeros; geopolíticamente, sus miras se dirigen hacia el Océano Pacífico. Dentro de los límites territoriales del gigante suramericano, Sao Paolo está separado de Bolivia y Paraguay por los estados de Rondonia, Mato Groso y Mato Groso do Sul,  la zona más intrincada de la Amazonía, es decir la mayor barrera para acceder por vía marítima a Oceanía y al continente asiático, sin necesidad de una larga travesía por aguas del Atlántico. Desde hace no mucho tiempo, no es un secreto la intención del gran capital financiero de construir un nuevo e inmenso aeropuerto, cuya inversión superaría el billón de dólares.
Jair Bolsonaro se presentó a las elecciones presidenciales con un pasado político sin relevancia alguna, sin el apoyo declarado de ninguna fuerza política, sin un programa estructurado y se negó a participar en los debates organizados por radio o televisión; luego de pasar a segunda vuelta, su presencia pública fue casi nula y justificó su silencio en un atentado de carácter religioso  que nunca ha sido esclarecido. Uno de sus primeros actos ya como presidente en ejercicio, fue desplazarse a Israel y bautizarse en aguas del Jordán, lo que supondría su adhesión al judaísmo; más recientemente se hizo presente en una multitudinaria manifestación de Testigos de Jehová, demostrando su agradecimiento por el incuestionable apoyo brindado en su campaña electoral, acto que llamó la atención general por el saludo nazi del que los participantes hicieron gala.
Jair Bolsonaro ha rechazado cualquier ayuda internacional para combatir el incendio forestal que ha alcanzado magnitudes gigantescas en daños al medio ambiente, a la extinción de especies de fauna y flora y, con seguridad, dejará sin espacio vital a los aborígenes de ese sector amazónico. (O)
Jair Bolsonaro ha acusado de intervención en los asuntos internos
de Brasil la ayuda ofrecida por Francia
y los países
del G7.

Amazonía en llamas

La tragedia que soporta Brasil durante ya casi un mes, ha terminado por presentar a Jair Bolsonaro de cuerpo entero: su parquedad y estoicismo ante el incendio forestal que la humanidad observa en la Amazonía, el más voraz de los tiempos modernos, solo puede entenderse porque el presidente brasileño está absoluta e incondicionalmente al servicio del gran poder financiero internacional incluido básicamente el de Sao Paulo, Estado que por sí solo se ubica como la quinta potencia económica a nivel mundial. Puede parecer terrorífico, pero la industria paulista necesita expandirse y, si bien ya cuenta con su mayor puerto y aeropuerto de América del Sur para el intercambio comercial y de pasajeros; geopolíticamente, sus miras se dirigen hacia el Océano Pacífico. Dentro de los límites territoriales del gigante suramericano, Sao Paolo está separado de Bolivia y Paraguay por los estados de Rondonia, Mato Groso y Mato Groso do Sul,  la zona más intrincada de la Amazonía, es decir la mayor barrera para acceder por vía marítima a Oceanía y al continente asiático, sin necesidad de una larga travesía por aguas del Atlántico. Desde hace no mucho tiempo, no es un secreto la intención del gran capital financiero de construir un nuevo e inmenso aeropuerto, cuya inversión superaría el billón de dólares.
Jair Bolsonaro se presentó a las elecciones presidenciales con un pasado político sin relevancia alguna, sin el apoyo declarado de ninguna fuerza política, sin un programa estructurado y se negó a participar en los debates organizados por radio o televisión; luego de pasar a segunda vuelta, su presencia pública fue casi nula y justificó su silencio en un atentado de carácter religioso  que nunca ha sido esclarecido. Uno de sus primeros actos ya como presidente en ejercicio, fue desplazarse a Israel y bautizarse en aguas del Jordán, lo que supondría su adhesión al judaísmo; más recientemente se hizo presente en una multitudinaria manifestación de Testigos de Jehová, demostrando su agradecimiento por el incuestionable apoyo brindado en su campaña electoral, acto que llamó la atención general por el saludo nazi del que los participantes hicieron gala.
Jair Bolsonaro ha rechazado cualquier ayuda internacional para combatir el incendio forestal que ha alcanzado magnitudes gigantescas en daños al medio ambiente, a la extinción de especies de fauna y flora y, con seguridad, dejará sin espacio vital a los aborígenes de ese sector amazónico. (O)
Jair Bolsonaro ha acusado de intervención en los asuntos internos
de Brasil la ayuda ofrecida por Francia
y los países
del G7.