Algoritmos

No me atrevo a decir que vivimos totalmente controlados por fuerzas oscuras y malvadas que aparentemente hacen nuestra vida más cómoda y fácil gracias a poseer las fórmulas matemáticas que crearon el mundo digital. Pero casi. No hablo de algoritmos caseros creados por programadores con aspiraciones intelectuales o viceversa, hablo especialmente del algoritmo por el cual pasa gran parte de lo que hoy, para bien o para mal, se concibe como conocimiento.
De cualquier forma, si bien soy afecto a las teorías de la conspiración, propias de un mundo híper conectado y tecnologizado, creo también en la inteligencia humana y en la capacidad de la conciencia para ver la realidad críticamente, lo cual quiere decir que la salida para no caer completamente en el embrujo del canto de sirenas del consumismo fatuo está en pensar. Sí, pensar. Quien dude del por qué de las cosas tiene un arma para defenderse en este mundo.
El gran editorialista neoyorquino Thomas L. Friedman reflexiona sobre los movimientos tectónicos que demuestran que hemos entrado en una era de aceleración vertiginosa. Gracias a los últimos avances tecnológicos los alpinistas del Everest disfrutan de excelente servicio de telefonía móvil y los automóviles que se conducen solos ya están en las carreteras del mundo. Mientras tanto, la Madre Naturaleza también está experimentando cambios dramáticos a medida que los niveles de carbono se elevan y las especies se extinguen. Y es que según Friedman, tres son las fuerzas aceleradoras que están cambiando nuestro planeta: la ley de Moore (tecnología), el mercado (globalización) y la madre naturaleza (cambio climático y biodiversidad). Estos aceleradores están cambiando cinco reinos clave: el lugar de trabajo, la política, la geopolítica, la ética y la comunidad.
Friedman dice que podemos superar las complicadas tensiones de esta era de aceleraciones precisamente si disminuimos la velocidad, si nos atrevemos a llegar tarde y si usamos el tiempo para reimaginar el trabajo, la política y la comunidad. Descubrir esa posibilidad deviene una suerte de guía esencial para entender el presente y el futuro que nos espera. Finalmente por el momento no son importantes las respuestas si no hacer otro tipo de preguntas, que provoquen saltos antes de que un robot nos sorprenda con que ha superado a Quevedo en la composición de sonetos. (O)
Por el momento no son importantes las respuestas si no hacer otro tipo de preguntas, que provoquen saltos antes de que un robot nos sorprenda.

Algoritmos

No me atrevo a decir que vivimos totalmente controlados por fuerzas oscuras y malvadas que aparentemente hacen nuestra vida más cómoda y fácil gracias a poseer las fórmulas matemáticas que crearon el mundo digital. Pero casi. No hablo de algoritmos caseros creados por programadores con aspiraciones intelectuales o viceversa, hablo especialmente del algoritmo por el cual pasa gran parte de lo que hoy, para bien o para mal, se concibe como conocimiento.
De cualquier forma, si bien soy afecto a las teorías de la conspiración, propias de un mundo híper conectado y tecnologizado, creo también en la inteligencia humana y en la capacidad de la conciencia para ver la realidad críticamente, lo cual quiere decir que la salida para no caer completamente en el embrujo del canto de sirenas del consumismo fatuo está en pensar. Sí, pensar. Quien dude del por qué de las cosas tiene un arma para defenderse en este mundo.
El gran editorialista neoyorquino Thomas L. Friedman reflexiona sobre los movimientos tectónicos que demuestran que hemos entrado en una era de aceleración vertiginosa. Gracias a los últimos avances tecnológicos los alpinistas del Everest disfrutan de excelente servicio de telefonía móvil y los automóviles que se conducen solos ya están en las carreteras del mundo. Mientras tanto, la Madre Naturaleza también está experimentando cambios dramáticos a medida que los niveles de carbono se elevan y las especies se extinguen. Y es que según Friedman, tres son las fuerzas aceleradoras que están cambiando nuestro planeta: la ley de Moore (tecnología), el mercado (globalización) y la madre naturaleza (cambio climático y biodiversidad). Estos aceleradores están cambiando cinco reinos clave: el lugar de trabajo, la política, la geopolítica, la ética y la comunidad.
Friedman dice que podemos superar las complicadas tensiones de esta era de aceleraciones precisamente si disminuimos la velocidad, si nos atrevemos a llegar tarde y si usamos el tiempo para reimaginar el trabajo, la política y la comunidad. Descubrir esa posibilidad deviene una suerte de guía esencial para entender el presente y el futuro que nos espera. Finalmente por el momento no son importantes las respuestas si no hacer otro tipo de preguntas, que provoquen saltos antes de que un robot nos sorprenda con que ha superado a Quevedo en la composición de sonetos. (O)
Por el momento no son importantes las respuestas si no hacer otro tipo de preguntas, que provoquen saltos antes de que un robot nos sorprenda.