Agricultura urbana

Parodiando a Walt Whitman, puedo gritar desde lo más alto “Yo soy el poema de la tierra”, en donde me confundo con su grandeza que nos sustenta, que nos alimenta y que nos da vida. La tierra pese a ser maltratada, contaminada y erosionada, sigue siendo bondadosa con nosotros. Con este artículo de opinión quiero sensibilizar a la ciudadanía abordando un tema que se hace necesario ser aplicado en Cuenca, bajo un proyecto colaborativo entre varias instituciones y colectivos ciudadanos, que nos permita aplicar en nuestros hogares la agricultura urbana, como un elemento promotor de la sostenibilidad.
Mi propuesta va dirigida a quienes vivimos en la ciudad, rodeados de cemento, ruido y estrés y que tengan interés en crear un pequeño huerto en casa y comenzar la aventura de cultivar nuestros propios alimentos, que nos va a ayudar mucho como persona y entender mejor a la naturaleza. La actividad agrícola urbana y periurbana se ha reducido ostensiblemente en Cuenca, tenemos el caso de la parroquia San Joaquín otrora llamada la huerta de la ciudad; pero, cada vez somos más los que demandamos el reverdecimiento de la ciudad, la recuperación de la agricultura periurbana y la preocupación por acceder a alimentos frescos y sanos.
Crear un pequeño huerto en casa, en el balcón, patio o terraza, se convierte en una actividad que puede ser muy satisfactoria y enriquecedora. La práctica de la agricultura doméstica, aprovechando cualquier espacio de nuestras casas, nos va a aportar una multitud de beneficios. El huerto resulta una actividad muy relajante y divertida, que disminuye el estrés, ya que el tiempo que dedicamos a nuestras plantas nos ayuda a desconectarnos del acelerado ritmo de la ciudad. El huerto es una herramienta extraordinaria para la educación ambiental de nuestros hijos, ellos van a poder experimentar en el huerto, tocar la tierra, reconocer las plantas y comer las hortalizas que ellos mismos han ayudado a cultivar.
Podemos cosechar las hortalizas en su punto óptimo de maduración y comerlas minutos después, esto hace que tengan todo su sabor, mucho mejor que el de las hortalizas de la mayoría de comisariatos, con la seguridad de que lo que comemos no lleva ningún plaguicida ni herbicida químico, ya que nosotros mismos lo hemos cultivado siguiendo prácticas ecológicas. Les cuento que tengo como reto, iniciarme en el mundo de la agricultura doméstica y conseguir que mi huerto sea una experiencia fascinante. (O)

Agricultura urbana

Parodiando a Walt Whitman, puedo gritar desde lo más alto “Yo soy el poema de la tierra”, en donde me confundo con su grandeza que nos sustenta, que nos alimenta y que nos da vida. La tierra pese a ser maltratada, contaminada y erosionada, sigue siendo bondadosa con nosotros. Con este artículo de opinión quiero sensibilizar a la ciudadanía abordando un tema que se hace necesario ser aplicado en Cuenca, bajo un proyecto colaborativo entre varias instituciones y colectivos ciudadanos, que nos permita aplicar en nuestros hogares la agricultura urbana, como un elemento promotor de la sostenibilidad.
Mi propuesta va dirigida a quienes vivimos en la ciudad, rodeados de cemento, ruido y estrés y que tengan interés en crear un pequeño huerto en casa y comenzar la aventura de cultivar nuestros propios alimentos, que nos va a ayudar mucho como persona y entender mejor a la naturaleza. La actividad agrícola urbana y periurbana se ha reducido ostensiblemente en Cuenca, tenemos el caso de la parroquia San Joaquín otrora llamada la huerta de la ciudad; pero, cada vez somos más los que demandamos el reverdecimiento de la ciudad, la recuperación de la agricultura periurbana y la preocupación por acceder a alimentos frescos y sanos.
Crear un pequeño huerto en casa, en el balcón, patio o terraza, se convierte en una actividad que puede ser muy satisfactoria y enriquecedora. La práctica de la agricultura doméstica, aprovechando cualquier espacio de nuestras casas, nos va a aportar una multitud de beneficios. El huerto resulta una actividad muy relajante y divertida, que disminuye el estrés, ya que el tiempo que dedicamos a nuestras plantas nos ayuda a desconectarnos del acelerado ritmo de la ciudad. El huerto es una herramienta extraordinaria para la educación ambiental de nuestros hijos, ellos van a poder experimentar en el huerto, tocar la tierra, reconocer las plantas y comer las hortalizas que ellos mismos han ayudado a cultivar.
Podemos cosechar las hortalizas en su punto óptimo de maduración y comerlas minutos después, esto hace que tengan todo su sabor, mucho mejor que el de las hortalizas de la mayoría de comisariatos, con la seguridad de que lo que comemos no lleva ningún plaguicida ni herbicida químico, ya que nosotros mismos lo hemos cultivado siguiendo prácticas ecológicas. Les cuento que tengo como reto, iniciarme en el mundo de la agricultura doméstica y conseguir que mi huerto sea una experiencia fascinante. (O)