Acuerdo

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La Comisión de Expertos para el futuro del Valle de los Caídos impulsada por el que fuera ministro de la Presidencia Ramón Jáuregui en 2011 fue plenamente consciente de la imposibilidad de resignificar ex novo el Valle de los Caídos. No presentó entre sus propuestas alzar un Centro Nacional de Memoria. Tampoco un Arlington, donde yacen además de militares y veteranos de guerra americanos, víctimas de ataques terroristas y los restos de presidentes como el de J.F. Kennedy y su mujer. El Valle es lo que es. Pero sí concluyó, por unanimidad, que era posible hacer una relectura democrática del Valle como memorial de víctimas, de todas, subrayo, de todas las víctimas de la Guerra Civil.
Esto implicaba que Franco, que no fue víctima, quedaba fuera de lugar. El Decreto-Ley del 24 de agosto del Gobierno de Pedro Sánchez adopta precisamente este punto de vista. Y no cabe duda de que es un paso resignificador decisivo. El Valle, pronto, dejará de ser mausoleo del dictador. Pero no es suficiente. Exhumar a Franco y dejar el Valle tal cual no se corresponde con las recomendaciones de una Comisión, que se lo tomó en serio, y que reunió personas con gran cualificación profesional, de carácter multidisciplinar y políticamente plural. Tras la convalidación parlamentaria del decreto de exhumación es el momento de debatir y acordar, con los máximos consensos políticos y sociales, las actuaciones de resignificación democrática en el Valle de los Caídos. El Informe de la Comisión propone básicamente tres actuaciones: la primera, un Centro de Interpretación. Se trata de explicar, no de destruir, ni de maquillar. El lugar es lo que es, con toda su fuerza simbólica. Históricamente, un monumento para perpetuar la memoria de una victoria bélica, fruto de un golpe de Estado ilegítimo contra la República. (O)
De Mausoleo del dictador español Francisco Franco a Memorial de víctimas: Por un acuerdo posible.

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La Comisión de Expertos para el futuro del Valle de los Caídos impulsada por el que fuera ministro de la Presidencia Ramón Jáuregui en 2011 fue plenamente consciente de la imposibilidad de resignificar ex novo el Valle de los Caídos. No presentó entre sus propuestas alzar un Centro Nacional de Memoria. Tampoco un Arlington, donde yacen además de militares y veteranos de guerra americanos, víctimas de ataques terroristas y los restos de presidentes como el de J.F. Kennedy y su mujer. El Valle es lo que es. Pero sí concluyó, por unanimidad, que era posible hacer una relectura democrática del Valle como memorial de víctimas, de todas, subrayo, de todas las víctimas de la Guerra Civil.
Esto implicaba que Franco, que no fue víctima, quedaba fuera de lugar. El Decreto-Ley del 24 de agosto del Gobierno de Pedro Sánchez adopta precisamente este punto de vista. Y no cabe duda de que es un paso resignificador decisivo. El Valle, pronto, dejará de ser mausoleo del dictador. Pero no es suficiente. Exhumar a Franco y dejar el Valle tal cual no se corresponde con las recomendaciones de una Comisión, que se lo tomó en serio, y que reunió personas con gran cualificación profesional, de carácter multidisciplinar y políticamente plural. Tras la convalidación parlamentaria del decreto de exhumación es el momento de debatir y acordar, con los máximos consensos políticos y sociales, las actuaciones de resignificación democrática en el Valle de los Caídos. El Informe de la Comisión propone básicamente tres actuaciones: la primera, un Centro de Interpretación. Se trata de explicar, no de destruir, ni de maquillar. El lugar es lo que es, con toda su fuerza simbólica. Históricamente, un monumento para perpetuar la memoria de una victoria bélica, fruto de un golpe de Estado ilegítimo contra la República. (O)
De Mausoleo del dictador español Francisco Franco a Memorial de víctimas: Por un acuerdo posible.

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