La vida de las mujeres: una cosa es con violín y otra con guitarra

Rosa Hurtado M.

Asistí a una hermosa sesión en la que grupos de niñas y niños de diez años narraban una historia a otros de seis. Se habían preparado con títeres, teatrino y narrador. Era la historia de una joven araña que quería innovar la forma tradicional de tejer la tela de araña. Sus padres y abuelos mostraban preocupación por este comportamiento diferente, pues además, ella no pensaba en sus pretendientes con el mismo énfasis que sus compañeras. Esta referencia llevó a la niña que representaba a la abuela del cuento a que completara las preocupaciones de este personaje con el hecho de que si despreciaba a los novios se ponía en riesgo porque ¿quién la iba a mantener? ¿Cómo iba a vivir?
Comprobé que el cuento quería expresar exactamente lo contrario; Olivia quería ser diferente y valerse por sí misma. Busqué en la vida real el trasfondo de la frase dicha por la niña y por varios medios concluí que a la madre le resultaba difícil mantener sola a su familia.
Este suceso evocó en mí un evento del que, años atrás, fui testigo indirecto. Se trató de una gran conmoción que sufrió una joven pareja esmeraldeña que había emigrado a Manabí, debido a que el esposo violó a la quinceañera hermana de la mujer a quien habían pedido venir para ayudar en el cuidado de los niños; luego del drama, que hasta motivó la preocupación de la prensa local, la mujer decidió quedarse con su pareja. En posteriores conversaciones, ella se anticipó a darme una respuesta a la pregunta que esperaba de mi parte. Así comprendí que en su decisión se imponía la subsistencia material a cualquier otro aspecto.
Podrían añadirse muchas otras situaciones que, con seguridad, todos conocemos, por ejemplo, de la profesional que, a pesar de ser exitosa, piensa que fracasa si está sola; o de las muchas mujeres que laboran informalmente, quienes, por el contrario, prefieren criar solas a sus hijos a mantener una relación de pareja porque la presencia de una boca desfinancia la escuálida economía que alcanza a cubrir el día a día.
¿Qué une a estas situaciones? Pues, muestran que el día a día femenino siempre se da en medio de un nudo que aprieta nuestras condiciones de vida por muchos lados. Uno es la subsistencia material en el que aparece la problemática de la paga menor para el trabajo realizado por mujeres en comparación del mismo realizado por los hombres. Está también el desconocimiento del trabajo domestico y cuidado de los hijos como aporte a la economía familiar y a la sociedad y, por lo tanto, surge la jerarquización del trabajo remunerado sobre el doméstico. Otro aspecto que contribuye a este nudo difícil de desatar es la crítica social a la “mujer sola” lo cual afecta a la subsistencia en el plano psicológico, afectivo, emocional.
El nudo se tensa más cuando este pensamiento está en los hombres pero también en las mujeres y es trasmitido en el hogar, en la vecindad, en la escuela, en los medios de comunicación; está presente en los veredictos de las y los jueces, en el código de trabajo y, al final, es la razón para escoger marido y mujer. Desde la teoría sería fácil juzgar a las mujeres de estas narraciones, pero una cosa es con violín y otra con guitarra porque las condiciones de vida dependen de cada persona pero, en última instancia, el contexto configura las oportunidades. (O)

La vida de las mujeres: una cosa es con violín y otra con guitarra

Rosa Hurtado M.

Asistí a una hermosa sesión en la que grupos de niñas y niños de diez años narraban una historia a otros de seis. Se habían preparado con títeres, teatrino y narrador. Era la historia de una joven araña que quería innovar la forma tradicional de tejer la tela de araña. Sus padres y abuelos mostraban preocupación por este comportamiento diferente, pues además, ella no pensaba en sus pretendientes con el mismo énfasis que sus compañeras. Esta referencia llevó a la niña que representaba a la abuela del cuento a que completara las preocupaciones de este personaje con el hecho de que si despreciaba a los novios se ponía en riesgo porque ¿quién la iba a mantener? ¿Cómo iba a vivir?
Comprobé que el cuento quería expresar exactamente lo contrario; Olivia quería ser diferente y valerse por sí misma. Busqué en la vida real el trasfondo de la frase dicha por la niña y por varios medios concluí que a la madre le resultaba difícil mantener sola a su familia.
Este suceso evocó en mí un evento del que, años atrás, fui testigo indirecto. Se trató de una gran conmoción que sufrió una joven pareja esmeraldeña que había emigrado a Manabí, debido a que el esposo violó a la quinceañera hermana de la mujer a quien habían pedido venir para ayudar en el cuidado de los niños; luego del drama, que hasta motivó la preocupación de la prensa local, la mujer decidió quedarse con su pareja. En posteriores conversaciones, ella se anticipó a darme una respuesta a la pregunta que esperaba de mi parte. Así comprendí que en su decisión se imponía la subsistencia material a cualquier otro aspecto.
Podrían añadirse muchas otras situaciones que, con seguridad, todos conocemos, por ejemplo, de la profesional que, a pesar de ser exitosa, piensa que fracasa si está sola; o de las muchas mujeres que laboran informalmente, quienes, por el contrario, prefieren criar solas a sus hijos a mantener una relación de pareja porque la presencia de una boca desfinancia la escuálida economía que alcanza a cubrir el día a día.
¿Qué une a estas situaciones? Pues, muestran que el día a día femenino siempre se da en medio de un nudo que aprieta nuestras condiciones de vida por muchos lados. Uno es la subsistencia material en el que aparece la problemática de la paga menor para el trabajo realizado por mujeres en comparación del mismo realizado por los hombres. Está también el desconocimiento del trabajo domestico y cuidado de los hijos como aporte a la economía familiar y a la sociedad y, por lo tanto, surge la jerarquización del trabajo remunerado sobre el doméstico. Otro aspecto que contribuye a este nudo difícil de desatar es la crítica social a la “mujer sola” lo cual afecta a la subsistencia en el plano psicológico, afectivo, emocional.
El nudo se tensa más cuando este pensamiento está en los hombres pero también en las mujeres y es trasmitido en el hogar, en la vecindad, en la escuela, en los medios de comunicación; está presente en los veredictos de las y los jueces, en el código de trabajo y, al final, es la razón para escoger marido y mujer. Desde la teoría sería fácil juzgar a las mujeres de estas narraciones, pero una cosa es con violín y otra con guitarra porque las condiciones de vida dependen de cada persona pero, en última instancia, el contexto configura las oportunidades. (O)