El Control del Estado

Los últimos días hemos vivido verdaderas escenas que el propio Mario Puzo hubiera querido incorporar en su obra “El Padrino”. Estas escenas abordan el monopolio del control, y su uso suspicaz que el mismo Vito Corleone hubiera prestado atención. Lo cierto es que, hablar del control del Estado, es hablar de una parte medular de los sistemas democráticos, que permite conocer la actividad de los órganos públicos. Cada modelo ha tratado este tema por medio de diferentes estructuras, y no es de extrañar de que, quien monopolice el control público, se convierta en uno de los hombres más poderosos de un Estado.
Así, podría decirse que, quien posea este monopolio, se convierta en un verdadero “Don”, en el más puro estilo de Mario Puzo. Estados Unidos, tuvo su “Don”, el que se mantuvo como cabeza del FBI durante cuarenta y ocho años, convirtiéndose en una verdadera molestia para ocho presidentes y políticos de la época. Este personaje, llamado Edgar Hoover, se convirtió en el custodio de secretos incómodos, muchos de ellos utilizados para chantajes y favores.
Ecuador, también ha tenido, su “Don” que ejerció la plena facultad de control público, por más de diez años; paradójicamente se encuentra refugiado en Estados Unidos, a su decir, como perseguido. Sin embargo, ahora podemos constatar la real magnitud de su influencia y sobre todo la capacidad, que este ex funcionario tenía para reunir documentación altamente sensible, que a la postre la está utilizando a su favor. Lo lamentable de esta situación es que, el aparataje estatal, encargado del control, fue utilizado para su beneficio y protección, perdiendo su rumbo; y, configurando lo que diría Lord Acton “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. En el Ecuador el “Don”, hace mucho tiempo que se corrompió absolutamente.
Todos los hechos a raíz de la trama Odebrecht nos dejan hechos para recapacitar, una de ellas aquella que se refiere al monopolio del control del Estado en una sola persona. ¿No será, que una buena medida para impedir este monopolio, sea la de constituir un Tribunal de Cuentas? Creemos que puede ser una solución viable; pues, de continuar con el mismo esquema, sólo nos conducirá a nuevos capítulos que afectan al sistema y convivencia democrática. (O)

El Control del Estado

Los últimos días hemos vivido verdaderas escenas que el propio Mario Puzo hubiera querido incorporar en su obra “El Padrino”. Estas escenas abordan el monopolio del control, y su uso suspicaz que el mismo Vito Corleone hubiera prestado atención. Lo cierto es que, hablar del control del Estado, es hablar de una parte medular de los sistemas democráticos, que permite conocer la actividad de los órganos públicos. Cada modelo ha tratado este tema por medio de diferentes estructuras, y no es de extrañar de que, quien monopolice el control público, se convierta en uno de los hombres más poderosos de un Estado.
Así, podría decirse que, quien posea este monopolio, se convierta en un verdadero “Don”, en el más puro estilo de Mario Puzo. Estados Unidos, tuvo su “Don”, el que se mantuvo como cabeza del FBI durante cuarenta y ocho años, convirtiéndose en una verdadera molestia para ocho presidentes y políticos de la época. Este personaje, llamado Edgar Hoover, se convirtió en el custodio de secretos incómodos, muchos de ellos utilizados para chantajes y favores.
Ecuador, también ha tenido, su “Don” que ejerció la plena facultad de control público, por más de diez años; paradójicamente se encuentra refugiado en Estados Unidos, a su decir, como perseguido. Sin embargo, ahora podemos constatar la real magnitud de su influencia y sobre todo la capacidad, que este ex funcionario tenía para reunir documentación altamente sensible, que a la postre la está utilizando a su favor. Lo lamentable de esta situación es que, el aparataje estatal, encargado del control, fue utilizado para su beneficio y protección, perdiendo su rumbo; y, configurando lo que diría Lord Acton “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. En el Ecuador el “Don”, hace mucho tiempo que se corrompió absolutamente.
Todos los hechos a raíz de la trama Odebrecht nos dejan hechos para recapacitar, una de ellas aquella que se refiere al monopolio del control del Estado en una sola persona. ¿No será, que una buena medida para impedir este monopolio, sea la de constituir un Tribunal de Cuentas? Creemos que puede ser una solución viable; pues, de continuar con el mismo esquema, sólo nos conducirá a nuevos capítulos que afectan al sistema y convivencia democrática. (O)