Teoría del “Huevo Kinder”

El filósofo esloveno Slaboj Žižek nos trae, oportunamente, su versión sobre la política del “Huevo Kinder”, popular confite sorpresa con la que a nivel mundial se busca halagar a los niños. Como todos conocemos, el huevo kinder no es otra cosa que una cáscara de huevo hueca hecha de chocolate envuelta en papel de brillantes colores; cuando se desenvuelve y se rompe la cáscara el niño encuentra las piezas para armar un pequeño juguete. Žižek lo explica: “Como ya sabemos por Marx, la mercancía es una entidad misteriosa, llena de caprichos teológicos, un objeto particular que satisface una necesidad particular, pero al mismo tiempo, es la promesa de ‘algo más’, la promesa de un goce insondable cuya verdadera ubicación es la fantasía y toda la publicidad apunta a ese espacio fantástico; el juguete plástico es el resultado de una arriesgada estrategia destinada a materializar, a hacer directamente visible ese misterioso exceso”.
En tiempos de la espiral dialéctica, nadie puede dudar de que la política es una mercancía que se oferta en cada campaña electoral. El año pasado se ofertó a lo largo y ancho del país el plan ‘Toda una vida’; posesionado el nuevo presidente, la cáscara de chocolate se rompió y desde entonces los electores cada semana se sorprenden con la nueva pieza del juego por armar. Hoy el turno le ha tocado a ese jueguito que los niños de antaño solíamos jugar: “el florón está en mis manos, no seas tonto ya pasó”. ¿Quién puede acertar en medio de esta misteriosa trifulca? Por lo menos en tiempos del ‘viejo país’, cuando las discrepancias parlamentarias se resolvían a cenicerazo limpio, el público podía identificar claramente a cada actor; hoy, no resulta nada fácil saber quién es el corruptor, quién el corrupto; quién el contralor, quién el controlado; quién el fiscal, quién el fiscalizado.
La única certeza que va configurándose después de nueve meses –curiosamente tiempo de embarazo- es que el plan de gobierno ofertado no era nada más que la política del huevo kinder: la cáscara de chocolate, el plan de gobierno, y en su interior, la nada enigmática en la que el ciudadano común y corriente no termina de explicarse cómo fue posible que esto sucediera. (O)

Teoría del “Huevo Kinder”

El filósofo esloveno Slaboj Žižek nos trae, oportunamente, su versión sobre la política del “Huevo Kinder”, popular confite sorpresa con la que a nivel mundial se busca halagar a los niños. Como todos conocemos, el huevo kinder no es otra cosa que una cáscara de huevo hueca hecha de chocolate envuelta en papel de brillantes colores; cuando se desenvuelve y se rompe la cáscara el niño encuentra las piezas para armar un pequeño juguete. Žižek lo explica: “Como ya sabemos por Marx, la mercancía es una entidad misteriosa, llena de caprichos teológicos, un objeto particular que satisface una necesidad particular, pero al mismo tiempo, es la promesa de ‘algo más’, la promesa de un goce insondable cuya verdadera ubicación es la fantasía y toda la publicidad apunta a ese espacio fantástico; el juguete plástico es el resultado de una arriesgada estrategia destinada a materializar, a hacer directamente visible ese misterioso exceso”.
En tiempos de la espiral dialéctica, nadie puede dudar de que la política es una mercancía que se oferta en cada campaña electoral. El año pasado se ofertó a lo largo y ancho del país el plan ‘Toda una vida’; posesionado el nuevo presidente, la cáscara de chocolate se rompió y desde entonces los electores cada semana se sorprenden con la nueva pieza del juego por armar. Hoy el turno le ha tocado a ese jueguito que los niños de antaño solíamos jugar: “el florón está en mis manos, no seas tonto ya pasó”. ¿Quién puede acertar en medio de esta misteriosa trifulca? Por lo menos en tiempos del ‘viejo país’, cuando las discrepancias parlamentarias se resolvían a cenicerazo limpio, el público podía identificar claramente a cada actor; hoy, no resulta nada fácil saber quién es el corruptor, quién el corrupto; quién el contralor, quién el controlado; quién el fiscal, quién el fiscalizado.
La única certeza que va configurándose después de nueve meses –curiosamente tiempo de embarazo- es que el plan de gobierno ofertado no era nada más que la política del huevo kinder: la cáscara de chocolate, el plan de gobierno, y en su interior, la nada enigmática en la que el ciudadano común y corriente no termina de explicarse cómo fue posible que esto sucediera. (O)