40 muertos

Tuve otros títulos en mente, tales como “vías de sangre”, “rutas mortales” u otros por el estilo, pero no me convencían. Necesitaba algo que haga que el lector pierda su tiempo leyendo una columna de opinión.

Pensé en el número de personas fallecidas la última semana en vías ecuatorianas, la cifra de vidas segadas por la ineficiencia, indolencia, inescrupolosidad e impunidad de la mal llamada “clase del volante”, con el supuesto atenuante de que el accidente de la vía Pifo – Papallacta es de responsabilidad principal de un chofer y una compañía colombiana. Eso solo demuestra que el problema es transnacional y que aquella negligente estupidez que caracteriza a ciertos operadores de los que estamos hablando debe ser aún más urgentemente regulado.

Si al abrir un diario nos encontramos con la noticia de que un terrorista, u otro tipo de desquiciado, ha baleado una escuela en algún lugar del primer mundo y que hay 10 víctimas mortales, nos conmocionamos al unísono con el mundo entero. Pero hemos naturalizado de una forma cruel y hasta cómplice, de cierta manera, las víctimas de accidentes de tránsito de todo tipo.

Sea un ciclista, un peatón, o la familia de un vehículo entero aplastado por un mastodonte defectuoso, no importa, decimos “otro más”, o “una raya más al tigre, pobrecitos.” Basta. Cada quien debe asumir la parte que le corresponde para solucionar un problema que causa más decesos que el crimen organizado.

Apunto directamente a quien ha llegado a esta altura del artículo para comprometer ciertas acciones aunque políticos y chóferes deban hacer mucho trabajo, obviamente, lo uno no quita lo otro, pero apunto al ciudadano, al individuo, hombre o mujer, para detener la barbarie de decenas de cadáveres regados por las vías del país y de familias desgarradas para siempre.

Como usuarios de servicios de transporte público vamos a reclamar al chofer que exceda la velocidad permitida, vamos a cumplir y respetar, obviamente, la ley y los reglamentos de tránsito y siempre que nos toque, como decía mi Papá, manejar a la defensiva.

Hay que respetar al peatón en primer lugar, es muy importante y lo voy a repetir: hay que respetar al peatón en primer lugar y, para que no quede ninguna duda, lo voy a repetir una vez más: hay que respetar y dar prioridad al peatón, SIEMPRE.

La indolencia es el peor mal social, es como un tumor que luego se extiende por todo el cuerpo. Sin embargo, en materia de seguridad vial, todos somos responsables. (O)
Hay que respetar al peatón en primer lugar, es importante y lo voy a repetir: hay que respetar al peatón en primer lugar.

40 muertos

Tuve otros títulos en mente, tales como “vías de sangre”, “rutas mortales” u otros por el estilo, pero no me convencían. Necesitaba algo que haga que el lector pierda su tiempo leyendo una columna de opinión.

Pensé en el número de personas fallecidas la última semana en vías ecuatorianas, la cifra de vidas segadas por la ineficiencia, indolencia, inescrupolosidad e impunidad de la mal llamada “clase del volante”, con el supuesto atenuante de que el accidente de la vía Pifo – Papallacta es de responsabilidad principal de un chofer y una compañía colombiana. Eso solo demuestra que el problema es transnacional y que aquella negligente estupidez que caracteriza a ciertos operadores de los que estamos hablando debe ser aún más urgentemente regulado.

Si al abrir un diario nos encontramos con la noticia de que un terrorista, u otro tipo de desquiciado, ha baleado una escuela en algún lugar del primer mundo y que hay 10 víctimas mortales, nos conmocionamos al unísono con el mundo entero. Pero hemos naturalizado de una forma cruel y hasta cómplice, de cierta manera, las víctimas de accidentes de tránsito de todo tipo.

Sea un ciclista, un peatón, o la familia de un vehículo entero aplastado por un mastodonte defectuoso, no importa, decimos “otro más”, o “una raya más al tigre, pobrecitos.” Basta. Cada quien debe asumir la parte que le corresponde para solucionar un problema que causa más decesos que el crimen organizado.

Apunto directamente a quien ha llegado a esta altura del artículo para comprometer ciertas acciones aunque políticos y chóferes deban hacer mucho trabajo, obviamente, lo uno no quita lo otro, pero apunto al ciudadano, al individuo, hombre o mujer, para detener la barbarie de decenas de cadáveres regados por las vías del país y de familias desgarradas para siempre.

Como usuarios de servicios de transporte público vamos a reclamar al chofer que exceda la velocidad permitida, vamos a cumplir y respetar, obviamente, la ley y los reglamentos de tránsito y siempre que nos toque, como decía mi Papá, manejar a la defensiva.

Hay que respetar al peatón en primer lugar, es muy importante y lo voy a repetir: hay que respetar al peatón en primer lugar y, para que no quede ninguna duda, lo voy a repetir una vez más: hay que respetar y dar prioridad al peatón, SIEMPRE.

La indolencia es el peor mal social, es como un tumor que luego se extiende por todo el cuerpo. Sin embargo, en materia de seguridad vial, todos somos responsables. (O)
Hay que respetar al peatón en primer lugar, es importante y lo voy a repetir: hay que respetar al peatón en primer lugar.