Serrat y los poetas (II)

Si hubo un disco que impactó fuertemente éste fue “Mediterráneo”. En él, inclusive desde su carátula, aparecía un joven Serrat tocado por el genio. Cuántos jóvenes añorábamos ser como él, cantar como él y esperar que las chicas se enamoraran, como lo hacían al escuchar “Lucía”, o “la mujer que yo quiero”, pero de nosotros y no de él.


Todavía hoy, “Pueblo Blanco” es canción para cantarla entre amigo cercanos, con un buen trago en la mano.


Pero antes, aunque llegó después a nuestro conocimiento, Serrat había musicalizado a Antonio Machado. Fue en 1969 cuando el disco vio la luz y marcó el conocimiento de un poeta desconocido entre los jóvenes rockeros y poperos de la época. La frase de “Cantares” se volvió común: “Caminante, no hay camino/ Se hace camino al andar...”: una letra que mezcla a Machado con el propio Joan Manuel, que se atrevió sin desentonar, a incluir tres estrofas suyas entre los versos del poeta, para recordarlo pobre, olvidado y yacente en país extraño, cubierto con el polvo de una tierra que no es la suya.


El disco se llamó sencillamente “Dedicado a Antonio Machado, poeta” y traía una carátula muy extraña para un cantante que vendía hasta por su propia imagen: un color rojo en medio del cual aparecía un pequeño retrato del bardo, en edad mediana, sobre unas llamas que arrasaban, subiendo hacia el retrato.


Las letras de las canciones no tenían nada que ver con las estrofitas pegajosas de las canciones de amor de la época: mostraban el alma desnuda de quien manifestaba sin ambages “soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”, y llevaba a volver a la infancia y recordar las “moscas del primer hastío en el salón familiar... perseguidas, perseguidas/por amor de lo que vuela.”


Muchos podíamos encontrar a algún pariente reflejado en don Guido, dedicado a “repintar sus blasones/hablar de las tradiciones de su casa” y “a escándalos y amoríos/poner tasa”, y ver de manera distinta los Pasos de la Semana Santa, esperando no encontrar “a ese Jesús del madero/ sino al que anduvo en la mar.”


En fin, el disco daba para oírlo una y otra vez, y otra vez más, hasta saberse cada una de las letras. Cuántos de los que escucharon a Serrat pueden decir, en sus palabras: “He andado muchos caminos/he abierto muchas veredas/he navegado en cien mares/ y atracado en cien riberas”, sin reconocer que, en su bagaje personal, se encuentra Machado.

Serrat y los poetas (II)

Si hubo un disco que impactó fuertemente éste fue “Mediterráneo”. En él, inclusive desde su carátula, aparecía un joven Serrat tocado por el genio. Cuántos jóvenes añorábamos ser como él, cantar como él y esperar que las chicas se enamoraran, como lo hacían al escuchar “Lucía”, o “la mujer que yo quiero”, pero de nosotros y no de él.


Todavía hoy, “Pueblo Blanco” es canción para cantarla entre amigo cercanos, con un buen trago en la mano.


Pero antes, aunque llegó después a nuestro conocimiento, Serrat había musicalizado a Antonio Machado. Fue en 1969 cuando el disco vio la luz y marcó el conocimiento de un poeta desconocido entre los jóvenes rockeros y poperos de la época. La frase de “Cantares” se volvió común: “Caminante, no hay camino/ Se hace camino al andar...”: una letra que mezcla a Machado con el propio Joan Manuel, que se atrevió sin desentonar, a incluir tres estrofas suyas entre los versos del poeta, para recordarlo pobre, olvidado y yacente en país extraño, cubierto con el polvo de una tierra que no es la suya.


El disco se llamó sencillamente “Dedicado a Antonio Machado, poeta” y traía una carátula muy extraña para un cantante que vendía hasta por su propia imagen: un color rojo en medio del cual aparecía un pequeño retrato del bardo, en edad mediana, sobre unas llamas que arrasaban, subiendo hacia el retrato.


Las letras de las canciones no tenían nada que ver con las estrofitas pegajosas de las canciones de amor de la época: mostraban el alma desnuda de quien manifestaba sin ambages “soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”, y llevaba a volver a la infancia y recordar las “moscas del primer hastío en el salón familiar... perseguidas, perseguidas/por amor de lo que vuela.”


Muchos podíamos encontrar a algún pariente reflejado en don Guido, dedicado a “repintar sus blasones/hablar de las tradiciones de su casa” y “a escándalos y amoríos/poner tasa”, y ver de manera distinta los Pasos de la Semana Santa, esperando no encontrar “a ese Jesús del madero/ sino al que anduvo en la mar.”


En fin, el disco daba para oírlo una y otra vez, y otra vez más, hasta saberse cada una de las letras. Cuántos de los que escucharon a Serrat pueden decir, en sus palabras: “He andado muchos caminos/he abierto muchas veredas/he navegado en cien mares/ y atracado en cien riberas”, sin reconocer que, en su bagaje personal, se encuentra Machado.