Jorge Enrique Adoum

La noticia de la muerte del conocido escritor y diplomático Jorge Enrique Adoum ha apesadumbrado a los ecuatorianos. Y no es para menos, pues se trata de un personaje relevante de nuestra literatura, un agudo pensador y un hombre que dio lustre al Ecuador, en todos los escenarios en los que actuó.

Novelista, poeta, ensayista de fama internacional, Adoum constituyó un verdadero referente para las letras ecuatorianas. Una de las obras más conocidas fue ‘Entre Marx y la mujer desnuda’, novela que fue llevada al cine. Hace poco fue propuesto por el Ecuador para el premio Cervantes.

Nacido en Ambato en 1926, Jorge Enrique Adoum fue un artista de la palabra. Ocupó importantes cargos públicos, algunos de ellos en representación del Ecuador. Su primer libro publicado fue Ecuador amargo, en 1948, comentado por Neruda, para quien trabajó como secretario durante dos años.

Ejerció el periodismo cultural en el Diario del Ecuador y colaboró con numerosas revistas nacionales y extranjeras. Con toda justicia, Adoum obtuvo el premio nacional de poesía, en 1952, y el premio Casa de las Américas de La Habana, en 1960, con el libro ‘Dios trajo la sombra’.

Su ensayo crítico sobre la Poesía del siglo XX es recordado como un ícono sobre las letras del mundo occidental

Estudió y enseñó literatura, viajó por varios países del mundo, en el contexto del programa principal de la Unesco y más tarde se domicilió en París donde desarrolló importantes actividades culturales, en el campo editorial en calidad de redactor del Correo de la UNESCO, en radio y televisión de Francia, y como traductor de las Naciones Unidas y la OIT, en Ginebra, ciudad en la que estrenó ‘El sol bajo las patas de los caballos’, en francés.

Su obra ha sido inmensa, sobria y merecedora no solo de premios y galardones, sino de la admiración de los ciudadanos y ciudadanas del mundo, que sintieron en él un representante de una humanidad que busca equidad y justicia en todos los rincones de la tierra.

Miles de jóvenes han leído y seguirán leyendo ‘Ecuador: señas particulares’, un ensayo polémico, crudo, pero real de nuestro país.
Jorge Enrique Adoum, uno de los ecuatorianos más universales, regresó al Olimpo donde yacen los vates y los predestinados. El país está de luto, pero su palabra quedará inmarcesible.
 

Jorge Enrique Adoum

La noticia de la muerte del conocido escritor y diplomático Jorge Enrique Adoum ha apesadumbrado a los ecuatorianos. Y no es para menos, pues se trata de un personaje relevante de nuestra literatura, un agudo pensador y un hombre que dio lustre al Ecuador, en todos los escenarios en los que actuó.

Novelista, poeta, ensayista de fama internacional, Adoum constituyó un verdadero referente para las letras ecuatorianas. Una de las obras más conocidas fue ‘Entre Marx y la mujer desnuda’, novela que fue llevada al cine. Hace poco fue propuesto por el Ecuador para el premio Cervantes.

Nacido en Ambato en 1926, Jorge Enrique Adoum fue un artista de la palabra. Ocupó importantes cargos públicos, algunos de ellos en representación del Ecuador. Su primer libro publicado fue Ecuador amargo, en 1948, comentado por Neruda, para quien trabajó como secretario durante dos años.

Ejerció el periodismo cultural en el Diario del Ecuador y colaboró con numerosas revistas nacionales y extranjeras. Con toda justicia, Adoum obtuvo el premio nacional de poesía, en 1952, y el premio Casa de las Américas de La Habana, en 1960, con el libro ‘Dios trajo la sombra’.

Su ensayo crítico sobre la Poesía del siglo XX es recordado como un ícono sobre las letras del mundo occidental

Estudió y enseñó literatura, viajó por varios países del mundo, en el contexto del programa principal de la Unesco y más tarde se domicilió en París donde desarrolló importantes actividades culturales, en el campo editorial en calidad de redactor del Correo de la UNESCO, en radio y televisión de Francia, y como traductor de las Naciones Unidas y la OIT, en Ginebra, ciudad en la que estrenó ‘El sol bajo las patas de los caballos’, en francés.

Su obra ha sido inmensa, sobria y merecedora no solo de premios y galardones, sino de la admiración de los ciudadanos y ciudadanas del mundo, que sintieron en él un representante de una humanidad que busca equidad y justicia en todos los rincones de la tierra.

Miles de jóvenes han leído y seguirán leyendo ‘Ecuador: señas particulares’, un ensayo polémico, crudo, pero real de nuestro país.
Jorge Enrique Adoum, uno de los ecuatorianos más universales, regresó al Olimpo donde yacen los vates y los predestinados. El país está de luto, pero su palabra quedará inmarcesible.