Un nuevo aeropuerto para Cuenca

Esta semana, el aeropuerto Mariscal La Mar reabrió las operaciones luego de un cierre de quince largos días empleados en la reposición de la pista que, según el criterio técnico, revelaba peligroso deterioro.


La obligada suspensión causó apreciables pérdidas a las empresas aéreas y tuvo desfavorables repercusiones para la vida de la Ciudad y sus negocios, entre ellos el turismo.


Como lo ha destacado la Corporación Aeroportuaria, la importancia de la mejora, dirigida a precautelar la seguridad del transporte aéreo, es innegable; sin embargo, estas obras de mantenimiento, necesarias, indispensables, no deben, en modo alguno, soslayar el problema fundamental del aeropuerto, su ubicación, determinante para el futuro de la Ciudad.


Hay que recordar que el aeropuerto, de 1.900 metros de longitud y sin posibilidad alguna de ampliación, se halla en plena Ciudad, rodeado de barrios y ciudadelas, bajo la espada de Damocles, diríase, por sus latentes riesgos… Esto debiera incitar a la comunidad y a sus instituciones y autoridades a procurar la construcción de otro, nuevo, seguro, que responda, además, a las exigencias del desarrollo de la
Ciudad.


Hace tres décadas, el Gobierno, a través de la DAC, se propuso afrontar el problema, para lo cual contrató con la empresa Sir Frederick Show Internacional Limited, de Londres, y la Corporación de Ingenieros Consultores Cía. Ltda., de Quito, los “Estudios, Planes Maestros y Diseño” de un nuevo aeropuerto para Cuenca. Los Estudios definieron a la explanada de Tarqui como lugar técnicamente apropiado para el emplazamiento del nuevo aeropuerto; con este criterio el Consorcio elaboró los Planes Maestros y los Diseños del proyecto y el Gobierno puso mano a la obra, pero, la resistencia de algunos hacendados hizo que, desafortunadamente para Cuenca, se desistiera del empeño…


Estudios, Planes Maestros y Diseños del proyecto, archivados desde entonces, pueden ser rescatados por la I. Municipalidad de Cuenca.


Aún es tiempo.


¿Ojalá?

Un nuevo aeropuerto para Cuenca

Esta semana, el aeropuerto Mariscal La Mar reabrió las operaciones luego de un cierre de quince largos días empleados en la reposición de la pista que, según el criterio técnico, revelaba peligroso deterioro.


La obligada suspensión causó apreciables pérdidas a las empresas aéreas y tuvo desfavorables repercusiones para la vida de la Ciudad y sus negocios, entre ellos el turismo.


Como lo ha destacado la Corporación Aeroportuaria, la importancia de la mejora, dirigida a precautelar la seguridad del transporte aéreo, es innegable; sin embargo, estas obras de mantenimiento, necesarias, indispensables, no deben, en modo alguno, soslayar el problema fundamental del aeropuerto, su ubicación, determinante para el futuro de la Ciudad.


Hay que recordar que el aeropuerto, de 1.900 metros de longitud y sin posibilidad alguna de ampliación, se halla en plena Ciudad, rodeado de barrios y ciudadelas, bajo la espada de Damocles, diríase, por sus latentes riesgos… Esto debiera incitar a la comunidad y a sus instituciones y autoridades a procurar la construcción de otro, nuevo, seguro, que responda, además, a las exigencias del desarrollo de la
Ciudad.


Hace tres décadas, el Gobierno, a través de la DAC, se propuso afrontar el problema, para lo cual contrató con la empresa Sir Frederick Show Internacional Limited, de Londres, y la Corporación de Ingenieros Consultores Cía. Ltda., de Quito, los “Estudios, Planes Maestros y Diseño” de un nuevo aeropuerto para Cuenca. Los Estudios definieron a la explanada de Tarqui como lugar técnicamente apropiado para el emplazamiento del nuevo aeropuerto; con este criterio el Consorcio elaboró los Planes Maestros y los Diseños del proyecto y el Gobierno puso mano a la obra, pero, la resistencia de algunos hacendados hizo que, desafortunadamente para Cuenca, se desistiera del empeño…


Estudios, Planes Maestros y Diseños del proyecto, archivados desde entonces, pueden ser rescatados por la I. Municipalidad de Cuenca.


Aún es tiempo.


¿Ojalá?