250 años

La Diócesis de Cuenca fue proclamada en 1769 y la Arquidiócesis en 1957. La Diócesis fue constituida el 1 de julio de 1786 por el papa Pío VI como una división del Obispado de Quito. El Obispado de Cuenca fue erigido como una Diócesis sufragánea de la Arquidiócesis de Lima y el 28 de mayo de 1803 dio parte de su territorio para la creación del Obispado de Maynas. El 13 de enero de 1848, la Diócesis de Cuenca se convirtió en sufragánea de la Arquidiócesis de Quito y el 29 de diciembre de 1862, una parte en el norte y otra en el sur de su territorio, permitió la creación de las Diócesis de Bolívar y de Loja. El 9 de abril de 1957 se convirtió en Arquidiócesis de Cuenca, por decisión del papa Pío XII.
A fines del siglo XX y comienzos del XXI transformaciones importantes ocurrieron en América Latina y Ecuador en el campo de su vida religiosa y espiritual. El peso gravitacional de la Iglesia Católica giró alrededor de determinados líderes religiosos, entre quienes constan nuestros Obispos. Innovaciones distintas en las comunidades eclesiales de base abrigaron escenarios frente a la influencia de la Teología de la Liberación. Tiempos de consonancias y disonancias entre el mundo religioso y secular ocurridas en torno a la época en donde a esta Iglesia “porción del pueblo de Dios” le tocó sembrar, cosechar y en no pocas ocasiones quedar con las manos vacías porque se nos esquivó el grano.
Inspirados en esta Teología, la Iglesia de Cuenca no fue inmune a este proceso, al contrario, contribuyó plenamente para el desarrollo de la misma. Muchos fueron los acontecimientos teológicos y pastorales que supieron a savia nueva y amorosa espiritualidad.
Los obispos y sus agentes de pastoral llevaron a la gente el mensaje del seguimiento de Jesús: el seguimiento de Jesús consiste en continuar la práctica de Jesús en favor de los pobres y oprimidos en la construcción del Reino de Dios. Se trata de vivir esto con el talante de las bienaventuranzas y el estilo de Jesús. Una inmensa mayoría de los fieles de Cuenca lo saben y así se lo hacen saber a cada uno de sus nuevos pastores. No sólo somos pasado, no sólo somos historia. También somos memoria, de cuya voluntad de recuperación o reconstrucción depende que los acontecimientos no vividos directamente, sino transmitidos por otros medios, se conviertan en un registro intermedio entre la memoria viva y las futuras decisiones posibles. Que Dios siga iluminando nuestro peregrinar. (O)
Cumplimos 250 años como Iglesia, fortalecidos por los tantos acontecimientos que supieron a savia nueva y amorosa espiritualidad.

250 años

La Diócesis de Cuenca fue proclamada en 1769 y la Arquidiócesis en 1957. La Diócesis fue constituida el 1 de julio de 1786 por el papa Pío VI como una división del Obispado de Quito. El Obispado de Cuenca fue erigido como una Diócesis sufragánea de la Arquidiócesis de Lima y el 28 de mayo de 1803 dio parte de su territorio para la creación del Obispado de Maynas. El 13 de enero de 1848, la Diócesis de Cuenca se convirtió en sufragánea de la Arquidiócesis de Quito y el 29 de diciembre de 1862, una parte en el norte y otra en el sur de su territorio, permitió la creación de las Diócesis de Bolívar y de Loja. El 9 de abril de 1957 se convirtió en Arquidiócesis de Cuenca, por decisión del papa Pío XII.
A fines del siglo XX y comienzos del XXI transformaciones importantes ocurrieron en América Latina y Ecuador en el campo de su vida religiosa y espiritual. El peso gravitacional de la Iglesia Católica giró alrededor de determinados líderes religiosos, entre quienes constan nuestros Obispos. Innovaciones distintas en las comunidades eclesiales de base abrigaron escenarios frente a la influencia de la Teología de la Liberación. Tiempos de consonancias y disonancias entre el mundo religioso y secular ocurridas en torno a la época en donde a esta Iglesia “porción del pueblo de Dios” le tocó sembrar, cosechar y en no pocas ocasiones quedar con las manos vacías porque se nos esquivó el grano.
Inspirados en esta Teología, la Iglesia de Cuenca no fue inmune a este proceso, al contrario, contribuyó plenamente para el desarrollo de la misma. Muchos fueron los acontecimientos teológicos y pastorales que supieron a savia nueva y amorosa espiritualidad.
Los obispos y sus agentes de pastoral llevaron a la gente el mensaje del seguimiento de Jesús: el seguimiento de Jesús consiste en continuar la práctica de Jesús en favor de los pobres y oprimidos en la construcción del Reino de Dios. Se trata de vivir esto con el talante de las bienaventuranzas y el estilo de Jesús. Una inmensa mayoría de los fieles de Cuenca lo saben y así se lo hacen saber a cada uno de sus nuevos pastores. No sólo somos pasado, no sólo somos historia. También somos memoria, de cuya voluntad de recuperación o reconstrucción depende que los acontecimientos no vividos directamente, sino transmitidos por otros medios, se conviertan en un registro intermedio entre la memoria viva y las futuras decisiones posibles. Que Dios siga iluminando nuestro peregrinar. (O)
Cumplimos 250 años como Iglesia, fortalecidos por los tantos acontecimientos que supieron a savia nueva y amorosa espiritualidad.