15 de Noviembre

En la historia del país, el 15 de Noviembre de 1922, se recuerda como el bautismo de fuego de la clase obrera. Diez años después de ‘La Hoguera Bárbara’, el país estaba gobernado por un miembro del Partido Liberal que en su momento había cuestionado el gobierno del General Eloy Alfaro, acusándolo de no respetar la ‘libertad de prensa’. Ciertamente el país se encontraba en crisis debido básicamente a la caída de los precios del cacao, situación en la que el Presidente José Luis Tamayo no tuvo mejor idea que la de ‘servir la mesa’ a la naciente bancocracia ecuatoriana y al poder mediático. Invitó al país a John Hord, asistente financiero norteamericano, quien se encargó de las reformas al sistema fiscal que abrió el camino a la plutocracia ecuatoriana. Como lo puntualizan sus propios historiadores, Tamayo se subordinó a la tutela de los EE.UU.: para discutir sobre el conflicto territorial, las delegaciones de Ecuador y Perú se trasladaron a Washington; para poder acceder al crédito extranjero, no vaciló en reanudar el pago de la deuda externa, con el consiguiente empobrecimiento de la población ecuatoriana. El miembro del Ejército Alfarista que había participado en el combate de Gatazo, bajo el mando del Viejo Luchador, ya de presidente desató la más feroz persecución contra los indígenas sublevados en Chimborazo y Tungurahua en protesta contra los impuestos territoriales decretados en 1923. Sus apologistas recuperan como una de sus mayores obras la apertura de puertas del primer templo evangélico del Ecuador.
Está por cumplirse un siglo desde que se escribiera esa primera página de la historia de la clase obrera y del movimiento obrero del Ecuador. En ella hay que recordar también a la generación que marcó ese giro histórico: desde la literatura, el grupo de los “Cinco como un puño” que agrupó a lo más valioso de la intelectualidad guayaquileña: Joaquín Gallegos Lara, Enrique Gil Gilbert, José de la Cuadra, Demetrio Aguilera Malta y Alfredo Pareja Diezcanseco. Hay que recordar también a personajes como Luis Napoleón Dillon, Pío Jaramillo Alvarado, y a la generación de jóvenes militares que en 1925 restauraron la vía de la transformación revolucionaria traicionada en 1912.
La historia no es como pretenden identificarla ciertos académicos, una sucesión de ciclos, de avances y retrocesos, no, es el devenir siempre ascendente de la sociedad hacia la utopía. Los traspiés, seguro, son pasajeros. (O)
Hay que recordar a la generación de jóvenes militares que en 1925 restauraron la vía de la transformación revolucionaria.

15 de Noviembre

En la historia del país, el 15 de Noviembre de 1922, se recuerda como el bautismo de fuego de la clase obrera. Diez años después de ‘La Hoguera Bárbara’, el país estaba gobernado por un miembro del Partido Liberal que en su momento había cuestionado el gobierno del General Eloy Alfaro, acusándolo de no respetar la ‘libertad de prensa’. Ciertamente el país se encontraba en crisis debido básicamente a la caída de los precios del cacao, situación en la que el Presidente José Luis Tamayo no tuvo mejor idea que la de ‘servir la mesa’ a la naciente bancocracia ecuatoriana y al poder mediático. Invitó al país a John Hord, asistente financiero norteamericano, quien se encargó de las reformas al sistema fiscal que abrió el camino a la plutocracia ecuatoriana. Como lo puntualizan sus propios historiadores, Tamayo se subordinó a la tutela de los EE.UU.: para discutir sobre el conflicto territorial, las delegaciones de Ecuador y Perú se trasladaron a Washington; para poder acceder al crédito extranjero, no vaciló en reanudar el pago de la deuda externa, con el consiguiente empobrecimiento de la población ecuatoriana. El miembro del Ejército Alfarista que había participado en el combate de Gatazo, bajo el mando del Viejo Luchador, ya de presidente desató la más feroz persecución contra los indígenas sublevados en Chimborazo y Tungurahua en protesta contra los impuestos territoriales decretados en 1923. Sus apologistas recuperan como una de sus mayores obras la apertura de puertas del primer templo evangélico del Ecuador.
Está por cumplirse un siglo desde que se escribiera esa primera página de la historia de la clase obrera y del movimiento obrero del Ecuador. En ella hay que recordar también a la generación que marcó ese giro histórico: desde la literatura, el grupo de los “Cinco como un puño” que agrupó a lo más valioso de la intelectualidad guayaquileña: Joaquín Gallegos Lara, Enrique Gil Gilbert, José de la Cuadra, Demetrio Aguilera Malta y Alfredo Pareja Diezcanseco. Hay que recordar también a personajes como Luis Napoleón Dillon, Pío Jaramillo Alvarado, y a la generación de jóvenes militares que en 1925 restauraron la vía de la transformación revolucionaria traicionada en 1912.
La historia no es como pretenden identificarla ciertos académicos, una sucesión de ciclos, de avances y retrocesos, no, es el devenir siempre ascendente de la sociedad hacia la utopía. Los traspiés, seguro, son pasajeros. (O)
Hay que recordar a la generación de jóvenes militares que en 1925 restauraron la vía de la transformación revolucionaria.