12 de octubre

Es curiosa la evolución de la celebración que hace España del mal llamado ‘descubrimiento de América’. Hasta 1957 la conmemoración llevaba por título ‘Día de la Raza’, pero desde 1958 el régimen franquista publicó un decreto por el que se modificaba el nombre, pasando a ser identificado como ‘Fiesta de la Hispanidad’.
Los ‘12 de octubre’ formaron parte importante en el calendario de la dictadura española, de la misma manera que la ‘Fiesta del Caudillo’ cada 1 de octubre para recordar el día del ascenso de Franco al poder. 29 años después, ya en democracia, la celebración se vio alterada al establecerse el nombre de ‘Fiesta Nacional de España’, eliminando por completo los términos ‘raza’ e ‘hispanidad’ que hasta entonces le habían sido vinculados.
El núcleo duro de la exaltación españolista o hispánica que vincula el desembarco azaroso de Colón en costas del Caribe con la efeméride más importante del calendario nacional español, y cuyas raíces cercanas se hunden profundamente en el franquismo, elude por completo los asimétricos resultados para los involucrados en el encuentro que se produce a continuación. Para América Latina, el 12 de octubre no es un día de celebración, es un día de recogimiento y reflexión por el genocidio a los pueblos nativos que se produce durante la Conquista.
Fue el papa Alejandro VI quien “por la autoridad de Dios omnipotente” dividió el mundo con tan solo el trazo de una pluma, concediendo a España el dominio exclusivo y perpetuo de los nuevos territorios ‘descubiertos’. Los reyes españoles negociaron luego con Portugal el Tratado de Tordesillas. Fue así que desde inicios de los años 1500 hasta 1820, más o menos, España y Portugal excluyen al resto de potencias europeas en el monopolio de extracción y disfrute de las riquezas de dichos territorios.
Antes del arribo de los conquistadores, se estima que existía una población de alrededor de 80 millones de personas en todo el continente americano. A inicios de 1900, dicha población se había reducido a algo más de 20 millones. El esclavismo y la explotación, primero, a través del sistema encomendero y luego a través del huasipungo se mantuvieron casi hasta finales del siglo XX, es decir, incluso luego de los procesos independentistas.
La evangelización del ‘Nuevo Mundo’ estuvo plagada de abusos y atrocidades, la imposición de la religión católica implicó la destrucción del legado cultural y religioso de las culturas nativas. Los ‘indios’ eran considerados herejes por su cosmovisión y se solapó el maltrato y asesinato de innumerable cantidad de personas que se rehusaban a adoptar las nuevas costumbres.
Por eso, el 12 de octubre no hay nada que celebrar, es un día para la reflexión y la memoria. (O)

12 de octubre

Es curiosa la evolución de la celebración que hace España del mal llamado ‘descubrimiento de América’. Hasta 1957 la conmemoración llevaba por título ‘Día de la Raza’, pero desde 1958 el régimen franquista publicó un decreto por el que se modificaba el nombre, pasando a ser identificado como ‘Fiesta de la Hispanidad’.
Los ‘12 de octubre’ formaron parte importante en el calendario de la dictadura española, de la misma manera que la ‘Fiesta del Caudillo’ cada 1 de octubre para recordar el día del ascenso de Franco al poder. 29 años después, ya en democracia, la celebración se vio alterada al establecerse el nombre de ‘Fiesta Nacional de España’, eliminando por completo los términos ‘raza’ e ‘hispanidad’ que hasta entonces le habían sido vinculados.
El núcleo duro de la exaltación españolista o hispánica que vincula el desembarco azaroso de Colón en costas del Caribe con la efeméride más importante del calendario nacional español, y cuyas raíces cercanas se hunden profundamente en el franquismo, elude por completo los asimétricos resultados para los involucrados en el encuentro que se produce a continuación. Para América Latina, el 12 de octubre no es un día de celebración, es un día de recogimiento y reflexión por el genocidio a los pueblos nativos que se produce durante la Conquista.
Fue el papa Alejandro VI quien “por la autoridad de Dios omnipotente” dividió el mundo con tan solo el trazo de una pluma, concediendo a España el dominio exclusivo y perpetuo de los nuevos territorios ‘descubiertos’. Los reyes españoles negociaron luego con Portugal el Tratado de Tordesillas. Fue así que desde inicios de los años 1500 hasta 1820, más o menos, España y Portugal excluyen al resto de potencias europeas en el monopolio de extracción y disfrute de las riquezas de dichos territorios.
Antes del arribo de los conquistadores, se estima que existía una población de alrededor de 80 millones de personas en todo el continente americano. A inicios de 1900, dicha población se había reducido a algo más de 20 millones. El esclavismo y la explotación, primero, a través del sistema encomendero y luego a través del huasipungo se mantuvieron casi hasta finales del siglo XX, es decir, incluso luego de los procesos independentistas.
La evangelización del ‘Nuevo Mundo’ estuvo plagada de abusos y atrocidades, la imposición de la religión católica implicó la destrucción del legado cultural y religioso de las culturas nativas. Los ‘indios’ eran considerados herejes por su cosmovisión y se solapó el maltrato y asesinato de innumerable cantidad de personas que se rehusaban a adoptar las nuevas costumbres.
Por eso, el 12 de octubre no hay nada que celebrar, es un día para la reflexión y la memoria. (O)