Gatos pardos

Todo el mundo conoce el dicho: de noche, todos los gatos son pardos, porque la oscuridad nos oculta la belleza o las imperfecciones de lo que de día contemplamos.
En cuanto a los órganos de los sentidos no tenemos el poderoso sentido del olfato de los perros ni la vista de un águila. Pero además en el  tema de la vista, cuando la oscuridad de la noche hace acto de presencia, este sentido se vuelve bastante penoso. Somos en esta circunstancia incapaces de distinguir los colores, y de ahí precisamente este dicho que de noche, todos los gatos son pardos. En ausencia de luz, las cualidades estéticas de aquello que vemos de día, por ejemplo las cúpulas de la Catedral Nueva, se nos escapan y terminamos viendo todo en una escala de grises.
Pero este fenómeno visual no es nada baladí, puesto que tiene una influencia en casi todas las situaciones de la vida. Es común escuchar que un estafador puede engañar por la noche que algo que es viejo  es nuevo; o que las discotecas suelen ser lugares poco iluminados, porque a más de ofrecer un lugar más íntimo, la oscuridad es la aliada de las imperfecciones.
La polémica en estos días desatada por la iluminación nocturna de Catedral Nueva, ha demostrado el poder que tiene el color en la arquitectura. De pronto este monumento de ladrillo visto se mira por la noche que sus cúpulas han sido iluminadas contrariando la autenticidad de su color celeste. El color artificioso nocturno se ha convertido súbitamente en un tema de pastelería.
Para evitar este problema los monumentos se deben iluminar a partir de las propias consideraciones de la arquitectura. Por ventaja la mala iluminación es reversible, o se pueden  apagar los reflectores para que en las noches oscuras de Cuenca, todos los gatos sean pardos. (O)
Todo el mundo conoce el dicho: de noche todos los gatos son pardos, porque la oscuridad oculta la
belleza o las imperfecciones.

Gatos pardos

Todo el mundo conoce el dicho: de noche, todos los gatos son pardos, porque la oscuridad nos oculta la belleza o las imperfecciones de lo que de día contemplamos.
En cuanto a los órganos de los sentidos no tenemos el poderoso sentido del olfato de los perros ni la vista de un águila. Pero además en el  tema de la vista, cuando la oscuridad de la noche hace acto de presencia, este sentido se vuelve bastante penoso. Somos en esta circunstancia incapaces de distinguir los colores, y de ahí precisamente este dicho que de noche, todos los gatos son pardos. En ausencia de luz, las cualidades estéticas de aquello que vemos de día, por ejemplo las cúpulas de la Catedral Nueva, se nos escapan y terminamos viendo todo en una escala de grises.
Pero este fenómeno visual no es nada baladí, puesto que tiene una influencia en casi todas las situaciones de la vida. Es común escuchar que un estafador puede engañar por la noche que algo que es viejo  es nuevo; o que las discotecas suelen ser lugares poco iluminados, porque a más de ofrecer un lugar más íntimo, la oscuridad es la aliada de las imperfecciones.
La polémica en estos días desatada por la iluminación nocturna de Catedral Nueva, ha demostrado el poder que tiene el color en la arquitectura. De pronto este monumento de ladrillo visto se mira por la noche que sus cúpulas han sido iluminadas contrariando la autenticidad de su color celeste. El color artificioso nocturno se ha convertido súbitamente en un tema de pastelería.
Para evitar este problema los monumentos se deben iluminar a partir de las propias consideraciones de la arquitectura. Por ventaja la mala iluminación es reversible, o se pueden  apagar los reflectores para que en las noches oscuras de Cuenca, todos los gatos sean pardos. (O)
Todo el mundo conoce el dicho: de noche todos los gatos son pardos, porque la oscuridad oculta la
belleza o las imperfecciones.