Cristo del Consuelo, con aroma a chocolate

Se percibe un intenso olor a cacao. Se camina por la avenida principal de Cristo del Consuelo y el aroma a chocolate es inconfundible. Desde 1960, cuando se fundó el barrio, los chocolateros se instalaron en la comunidad y desde entonces tienen ahí sus casas y fábricas, algunas artesanales y otras más industrializadas.

Es gracias a su arduo trabajo que han cooperado para el crecimiento económico y turístico del barrio. Sus fábricas llaman la atención de turistas quienes llegan a Cristo del Consuelo para visitar las chocolateras, comprar cacao 100 por ciento puro, aprender cómo hacen la pasta, pero además visitan la comunidad y le imprimen vida al comercio del sector.


Para el mes de abril, el barrio cumplirá sus 57 años de fundación y esta celebración está íntimamente ligada a la creación de las chocolateras, pues fue gracias a ellas que inició el sector.
Una de las fábricas de chocolates más emblemáticas es la de Mariano Mejía, de 83 años. En su abanico de vida lleva unos 60 años seleccionando el mejor cacao para hacer la pasta que se vende en los supermercados de la ciudad, del país y del mundo.


A diario, Mejía se levanta a las 5:00 para tostar las semillas de cacao, después chancarlas en una máquina artesanal y por último cocerlas; luego, su yerno se encarga de hacer la pasta, embolsarla y distribuirla.
“Trabajamos con cacao nacional, el mejor del mundo”, refiere Mejía al tiempo que recuerda que empezó en el negocio gracias a su esposa, Rosa Elena Albarracín. “Ella fue quien me enseñó todo del cacao, pero ya falleció”, expresa con voz entrecortada y vierte en un recipiente el cacao líquido.

Inicios y crecimiento
Los habitantes más antiguos del barrio lo recuerdan como un sitio montañoso, con calles de tierra, lejano y con carencia de servicios básicos, pero el crecimiento constante del sector ha sido gracias al aporte y solidaridad de los propios vecinos. A través de mingas y con trabajo en conjunto lograron, hace siete años, la instalación de las tuberías de agua potable y el alcantarillado; posteriormente se asfaltó las vías.


La presidenta vecinal, Marianita Domínguez, narra que cuando llegó a la comunidad solo había una que otra casa. Gran parte del sector estaba lleno de sembríos de maíz, de habas, de papas, entre otras hortalizas “y las chocolateras, nada más”.
Aunque estaba “alejado del Centro Histórico y las líneas de bus no pasaban por ahí, a la gente le gustaba ir a comprar hortalizas y leche porque también era una zona ganadera”, refiere la presidenta barrial.


Lo más vistoso y bonito en el sector era la iglesia Cristo del Consuelo, que estaba construida sobre una gran roca, recuerda Domínguez. En el año 2005 decidieron tumbar el antiguo templo y empezar a construir otro.
Fue con el aporte económico de los habitantes, de algunos migrantes y con mingas que lograron reunir el dinero. La iglesia fue inaugurada el año pasado; es amplia, tiene un parqueadero en la parte de abajo y actualmente también están remodelando las canchas de voley y de índor.


“Con el dinero que recolectemos en las próximas fiestas haremos las bancas de madera que faltan y el altar de la iglesia”, asegura la presidenta del barrio. Entre los proyectos que ella lidera está la construcción de la casa comunal.
Los habitantes del barrio ya cuentan con un espacio para esto, pues compraron un terreno, pero todavía no han colocado la primera piedra para iniciar la construcción de la casa comunitaria en la que pretenden que sea un lugar de reunión de todos los miembros de la comunidad.

Gastronomía
En el sector hay varios restaurantes de comida típica serrana, como El Tequila, Cristo del Consuelo, El Campo, entre otros, que se fundaron desde hace 40 años; no se trata solo de simples locales, estos aportan un plus al barrio puesto que los fines de semana y los días festivos las calles se llenan de visitantes que disfrutan de la gastronomía del lugar.
Julio Guerrero es el dueño del restaurante Tequila y para él es un orgullo pertenecer al barrio, ubicado en la parroquia San Joaquín. Comenta que hace años, cuando llegó a esa zona, sus familiares se pusieron unos negocio de comida que ahora han crecido y él siguió sus pasos.


El barrio Cristo del Consuelo es un sector que pasó de ser una zona rural a convertirse en un barrio más de Cuenca. Aquí se puede disfrutar del dulce sabor del chocolate o simplemente degustar algún platillo típico, pero el valor más importante para los habitantes de la zona es la solidaridad que existe entre todos, al punto que lograron levantar la nueva iglesia. (EPA) (I)

Artesano de la forja

Cuenca. Un miembro de la comunidad Cristo del Consuelo y reconocido artesano de la forja fue el encargado del diseño, creación y pintura de las siete puertas que ahora adornan la iglesia del barrio; se trata del maestro Álvarez.

Sentado en una banca alta, con un casco que cubre su rostro y con un soldador sobre una plancha de hierro, se encuentra el maestro herrero. Suelda las piezas para terminar de hacer los pasamanos, que irán en la parte alta de la iglesia, alrededor del templo. Las nuevas piezas las instalará hoy por la tarde, pero recuerda que las puertas las hizo con ayuda de sus hijos, fue un trabajo arduo de tres meses para darle ese toque angelical. Para él fue un honor hacer el trabajo, además de que gracias a ese aporte se dio a conocer aún más. A diario llega gente a su taller  Disforja para pedirle piezas como candelabros e incluso grandes creaciones. como rejas o puertas. (I)

Cuenca. 

Cristo del Consuelo, con aroma a chocolate

Es gracias a su arduo trabajo que han cooperado para el crecimiento económico y turístico del barrio. Sus fábricas llaman la atención de turistas quienes llegan a Cristo del Consuelo para visitar las chocolateras, comprar cacao 100 por ciento puro, aprender cómo hacen la pasta, pero además visitan la comunidad y le imprimen vida al comercio del sector.


Para el mes de abril, el barrio cumplirá sus 57 años de fundación y esta celebración está íntimamente ligada a la creación de las chocolateras, pues fue gracias a ellas que inició el sector.
Una de las fábricas de chocolates más emblemáticas es la de Mariano Mejía, de 83 años. En su abanico de vida lleva unos 60 años seleccionando el mejor cacao para hacer la pasta que se vende en los supermercados de la ciudad, del país y del mundo.


A diario, Mejía se levanta a las 5:00 para tostar las semillas de cacao, después chancarlas en una máquina artesanal y por último cocerlas; luego, su yerno se encarga de hacer la pasta, embolsarla y distribuirla.
“Trabajamos con cacao nacional, el mejor del mundo”, refiere Mejía al tiempo que recuerda que empezó en el negocio gracias a su esposa, Rosa Elena Albarracín. “Ella fue quien me enseñó todo del cacao, pero ya falleció”, expresa con voz entrecortada y vierte en un recipiente el cacao líquido.

Inicios y crecimiento
Los habitantes más antiguos del barrio lo recuerdan como un sitio montañoso, con calles de tierra, lejano y con carencia de servicios básicos, pero el crecimiento constante del sector ha sido gracias al aporte y solidaridad de los propios vecinos. A través de mingas y con trabajo en conjunto lograron, hace siete años, la instalación de las tuberías de agua potable y el alcantarillado; posteriormente se asfaltó las vías.


La presidenta vecinal, Marianita Domínguez, narra que cuando llegó a la comunidad solo había una que otra casa. Gran parte del sector estaba lleno de sembríos de maíz, de habas, de papas, entre otras hortalizas “y las chocolateras, nada más”.
Aunque estaba “alejado del Centro Histórico y las líneas de bus no pasaban por ahí, a la gente le gustaba ir a comprar hortalizas y leche porque también era una zona ganadera”, refiere la presidenta barrial.


Lo más vistoso y bonito en el sector era la iglesia Cristo del Consuelo, que estaba construida sobre una gran roca, recuerda Domínguez. En el año 2005 decidieron tumbar el antiguo templo y empezar a construir otro.
Fue con el aporte económico de los habitantes, de algunos migrantes y con mingas que lograron reunir el dinero. La iglesia fue inaugurada el año pasado; es amplia, tiene un parqueadero en la parte de abajo y actualmente también están remodelando las canchas de voley y de índor.


“Con el dinero que recolectemos en las próximas fiestas haremos las bancas de madera que faltan y el altar de la iglesia”, asegura la presidenta del barrio. Entre los proyectos que ella lidera está la construcción de la casa comunal.
Los habitantes del barrio ya cuentan con un espacio para esto, pues compraron un terreno, pero todavía no han colocado la primera piedra para iniciar la construcción de la casa comunitaria en la que pretenden que sea un lugar de reunión de todos los miembros de la comunidad.

Gastronomía
En el sector hay varios restaurantes de comida típica serrana, como El Tequila, Cristo del Consuelo, El Campo, entre otros, que se fundaron desde hace 40 años; no se trata solo de simples locales, estos aportan un plus al barrio puesto que los fines de semana y los días festivos las calles se llenan de visitantes que disfrutan de la gastronomía del lugar.
Julio Guerrero es el dueño del restaurante Tequila y para él es un orgullo pertenecer al barrio, ubicado en la parroquia San Joaquín. Comenta que hace años, cuando llegó a esa zona, sus familiares se pusieron unos negocio de comida que ahora han crecido y él siguió sus pasos.


El barrio Cristo del Consuelo es un sector que pasó de ser una zona rural a convertirse en un barrio más de Cuenca. Aquí se puede disfrutar del dulce sabor del chocolate o simplemente degustar algún platillo típico, pero el valor más importante para los habitantes de la zona es la solidaridad que existe entre todos, al punto que lograron levantar la nueva iglesia. (EPA) (I)

Artesano de la forja

Cuenca. Un miembro de la comunidad Cristo del Consuelo y reconocido artesano de la forja fue el encargado del diseño, creación y pintura de las siete puertas que ahora adornan la iglesia del barrio; se trata del maestro Álvarez.

Sentado en una banca alta, con un casco que cubre su rostro y con un soldador sobre una plancha de hierro, se encuentra el maestro herrero. Suelda las piezas para terminar de hacer los pasamanos, que irán en la parte alta de la iglesia, alrededor del templo. Las nuevas piezas las instalará hoy por la tarde, pero recuerda que las puertas las hizo con ayuda de sus hijos, fue un trabajo arduo de tres meses para darle ese toque angelical. Para él fue un honor hacer el trabajo, además de que gracias a ese aporte se dio a conocer aún más. A diario llega gente a su taller  Disforja para pedirle piezas como candelabros e incluso grandes creaciones. como rejas o puertas. (I)

Cuenca.