Comida solidaria contra la crisis en Argentina

Niños posan junto a Gladys Álvarez (i), cocinera en el comedor social “Bichito de Luz”, en el Fuerte Apache.

El Fuerte del “Apache” Tévez, uno de los barrios más pobres de la periferia de Buenos Aires, al igual que el resto del país, está sumido en la depresión, pero sus vecinos se organizan para que todos se alimenten.

El Fuerte Apache, uno de los barrios más pobres de la periferia de Buenos Aires, al igual que el resto de Argentina, está sumido en una crisis económica ante la que los vecinos se organizan para que a nadie le falte la comida.

Desde hace quince años, al “Bichito de Luz”, ubicado en la planta baja de una de las altas torres características del barrio, acuden cada vez más chicos a merendar y a cenar gracias a la labor solidaria de Daniel Benítez, propietario de un kiosco y fundador del comedor, y el resto de ayudantes que trabajan para que “cada chico vaya a dormir con menos ruido en su pancita”.

“Es importante que las tripas de los chicos, que son un montón, a la noche cuando van a descansar hagan menos ruido”, aseguró Benítez, vecino del barrio que un día decidió revivir un viejo comedor de la zona para dar algo de comida a los chicos y chicas a los que enseñaba a jugar al fútbol.

El lugar funciona gracias a las donaciones y a “una pequeña ayuda de la municipalidad”, además del altruismo de todos los que colaboran con Daniel, quien además se encarga de recoger con su furgoneta los aportes que reciben y hacer que los ingredientes lleguen a la cocina.

Incluso hace unos meses participó en el concurso “¿Quién quiere ser millonario?” para obtener recursos extra.

En sus inicios daban la merienda a unos 50 chicos cada día, un número que fue en aumento debido a la fuerte crisis económica y alimentaria que vive el país, en el que, según los últimos estudios, un 49,6 por ciento de los niños en zonas urbanas vive por debajo de la línea de pobreza.

Ahora, además de la merienda, ofrecen cena para un grupo de unas 130 personas, en el que ya no solo se encuentran los más jóvenes, sino que acuden “padres, abuelos y familias completas”.

“Si vienen a comer es por la necesidad que estamos pasando en la Argentina”, sentencia Daniel mientras en el país proliferan las protestas que reclaman al Gobierno que proclame la emergencia alimentaria y ayude con fondos públicos a comedores como este.

“Se ve mucho más el hambre ahora que antes. A nosotros nos donan ropa, zapatillas... Todo lo que nos entra lo vamos dando, sabemos más o menos la necesidad de cada chico porque los conocemos a todos”, afirmó Miriam Estela, quien desde la apertura del merendero se ocupa de la cocina.

Los menús se hacen con base en la comida que les donan y normalmente están compuestos de ingredientes básicos como fideos, verdura y algo de carne.

“Nos gustaría darle de comer más carnes, hacerle ñoquis, ravioles... Salen caras, no nos da para darles comidas caras”, dijo. (I)

Comida solidaria contra la crisis en Argentina

Niños posan junto a Gladys Álvarez (i), cocinera en el comedor social “Bichito de Luz”, en el Fuerte Apache.

El Fuerte del “Apache” Tévez, uno de los barrios más pobres de la periferia de Buenos Aires, al igual que el resto del país, está sumido en la depresión, pero sus vecinos se organizan para que todos se alimenten.

El Fuerte Apache, uno de los barrios más pobres de la periferia de Buenos Aires, al igual que el resto de Argentina, está sumido en una crisis económica ante la que los vecinos se organizan para que a nadie le falte la comida.

Desde hace quince años, al “Bichito de Luz”, ubicado en la planta baja de una de las altas torres características del barrio, acuden cada vez más chicos a merendar y a cenar gracias a la labor solidaria de Daniel Benítez, propietario de un kiosco y fundador del comedor, y el resto de ayudantes que trabajan para que “cada chico vaya a dormir con menos ruido en su pancita”.

“Es importante que las tripas de los chicos, que son un montón, a la noche cuando van a descansar hagan menos ruido”, aseguró Benítez, vecino del barrio que un día decidió revivir un viejo comedor de la zona para dar algo de comida a los chicos y chicas a los que enseñaba a jugar al fútbol.

El lugar funciona gracias a las donaciones y a “una pequeña ayuda de la municipalidad”, además del altruismo de todos los que colaboran con Daniel, quien además se encarga de recoger con su furgoneta los aportes que reciben y hacer que los ingredientes lleguen a la cocina.

Incluso hace unos meses participó en el concurso “¿Quién quiere ser millonario?” para obtener recursos extra.

En sus inicios daban la merienda a unos 50 chicos cada día, un número que fue en aumento debido a la fuerte crisis económica y alimentaria que vive el país, en el que, según los últimos estudios, un 49,6 por ciento de los niños en zonas urbanas vive por debajo de la línea de pobreza.

Ahora, además de la merienda, ofrecen cena para un grupo de unas 130 personas, en el que ya no solo se encuentran los más jóvenes, sino que acuden “padres, abuelos y familias completas”.

“Si vienen a comer es por la necesidad que estamos pasando en la Argentina”, sentencia Daniel mientras en el país proliferan las protestas que reclaman al Gobierno que proclame la emergencia alimentaria y ayude con fondos públicos a comedores como este.

“Se ve mucho más el hambre ahora que antes. A nosotros nos donan ropa, zapatillas... Todo lo que nos entra lo vamos dando, sabemos más o menos la necesidad de cada chico porque los conocemos a todos”, afirmó Miriam Estela, quien desde la apertura del merendero se ocupa de la cocina.

Los menús se hacen con base en la comida que les donan y normalmente están compuestos de ingredientes básicos como fideos, verdura y algo de carne.

“Nos gustaría darle de comer más carnes, hacerle ñoquis, ravioles... Salen caras, no nos da para darles comidas caras”, dijo. (I)

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