Bachilleres no tiene habilidad para razonar y efectuar procesos

Los contenidos no bastan, es necesario que los bachilleres desarrollen habilidades y destrezas para razonar y efectuar procesos para continuar su aprendizaje formal en la universidad y en la vida.

Esa es la conclusión a la que llegaron los expertos educativos consultados por este medio sobre el perfil del alumno que se titula en la educación secundaria.

Todos concuerdan con que los adolescentes carecen de las herramientas básicas para continuar el camino profesional u ocupacional.

Aquello se refleja en los puntajes obtenidos en la prueba Ser Bachiller. En el período 2017-2018 en el ciclo Costa, el 37,2% de postulantes obtuvo menos de 7 en el campo matemático.

Durante el mismo período, pero a nivel de la Sierra y Amazonía, la deficiencia en esa materia alcanzó el 16,9% (ver infografía).

Según Fausto Segovia, académico y exministro de Educación, existe una deficiencia en la formación inicial y continua de los docentes, que se traduce en un método de enseñanza desgastado en el tiempo, en el que solo se trasmiten conocimientos y cuyo reflejo son los bachilleres.

“La misión del docente es enseñar a pensar para que los alumnos busquen formas de autoaprender en las que reflexionen y no simplemente memoricen, y aprendan entendiendo la razón de las cosas”.

El educador cree, además, que debe existir una red de facultades de educación orientadas a la investigación científica, a la docencia de calidad y a las publicaciones.

“La creación de la Universidad Nacional de Educación (UNAE) fue un primer paso, pero no basta, si no hay una correlación entre todas las entidades que dan esta formación”.

Para Stalyn Cazares, coordinador de vinculación con la sociedad de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central (UCE), los bachilleres tienen serias deficiencias, incluso en aprendizajes mínimos, como las operaciones matemáticas básicas.

“Esa es una de las mayores falencias en los chicos, y es clave porque en todas las carreras se revisa esta asignatura. Por eso, una gran cantidad de alumnos se quedan en los primeros años”.

Tampoco –dice– tienen facilidad para comprender, sintetizar o analizar textos, lo que es necesario en toda carrera.

Cazares cree que el sistema educativo hace que los jóvenes se mentalicen a pasar el año como sea, aunque no aprendan ni lo mínimo. “Esa situación es diferente en la universidad, donde el objetivo es perfeccionarse en una profesión”.

Además, considera que el perfil teórico con el que el bachiller egresa, de justo, solidario y emprendedor, solo se queda en el papel porque la realidad es distinta.

“Un alto número de chicos no tienen definida ni la carrera que quieren estudiar, y menos un proyecto de vida que, se supone, deben hacerlo en el colegio”.

Cree que los padres tampoco se han incluido en la preparación de sus hijos y que a ellos también les interesa tan solo ver los resultados del dinero invertido, sin importar si aprenden o no.

“Ahora todos se preocupan de reclamar derechos, pero pocos se centran en los deberes y responsabilidades que tienen. Para el docente, hoy es muy complicado obligar a que el alumno se dedique a estudiar y aprender”.

El desafío del ingreso a la “U”

Cazares, como instructor del programa gratuito Ser Bachiller, que brinda la UCE desde 2015, entiende que este examen no evalúa conocimientos, sino estrategias para dar con la respuesta correcta en el menor tiempo posible. Y así les enseña el programa de la UCE.

En su opinión, una verdadera prueba de meritocracia para ingresar a la universidad debería considerar las diferencias existentes entre los establecimientos educativos que, al final, condicionan el rendimiento de los estudiantes en una prueba como esta.

“La enseñanza que reciben los estudiantes de la ciudad y los del campo no tiene similitud, y eso se traduce en los puntajes del examen”.

La psicóloga educativa Rocío Amores afirma que el actual sistema está formando alumnos para los centros de nivelación y para aquellos que enseñan técnicas rápidas de lectura y estudio.

“Hay una variedad de estos espacios que solo les brindan estrategias para pasar la prueba, pero nada más”.

El colegio, anota, está relegando su función de orientación vocacional a tan solo la toma de unos test en el último año de estudios, cuando lo adecuado es evaluar la vocación desde la infancia.

Amores considera que la elección de una carrera que hoy hace el futuro bachiller está dada por el nivel de ingresos que le proporcionará a futuro, sin pensar que primero debe gustarle para poder cursar esos estudios. (I)

Especialidad y eliminación de la prueba Ser Bachiller

Cristina Fierro y Daniela Jácome son dos egresadas secundarias que creen necesario retomar las especialidades en el bachillerato en lugar del general unificado. Ambas estudiaron en colegios públicos de Quito. “Cada uno tiene preferencias y gustos; y eso es lo que se debe reforzar en el colegio para escoger bien la profesión”, refiere Cristina, de 19 años, quien al momento sigue el semestre de nivelación en Administración en la UCE. Daniela, en cambio, no logró un cupo en la educación pública y hoy trabaja para costearse la carrera de Enfermería en una entidad privada. Ella cree que si existieran especialidades, los bachilleres podrían optar por ingresar al campo laboral por las necesidades familiares. Ninguna de ellas recibió una adecuada orientación que las lleve a escoger su carrera universitaria, los test que les practicaron no revelaron mayor cosa y ambas se inclinaron por las carreras que les gustaban, sin pensar que en las 2 áreas el campo podría estar saturado.

Los padres de familia tampoco ven otra opción que la universidad para sus hijos sin considerar la opción de una carrera técnica. “Nunca pensé en ponerla en un colegio de bachillerato técnico porque creo que se quedaría estancada y lo que quiero es que tenga un título universitario”, indica Alexandra Guijarro, quien tiene una hija de 22 años que estudia Jurisprudencia. Tatiana Chávez también es madre y, para ella, la prueba Ser Bachiller no debería existir porque condiciona al alumno a escoger una carrera para la cual no tiene las aptitudes necesarias (solo porque le da el puntaje) y porque cree que la educación en el país es deficiente. Tampoco a ella se le pasó por la mente la opción de una carrera técnica. “Aunque digan lo contrario, un título universitario hoy pesa más que uno alcanzado en un instituto tecnológico, e incluso incide en el sueldo”. (I)

Bachilleres no tiene habilidad para razonar y efectuar procesos

Los contenidos no bastan, es necesario que los bachilleres desarrollen habilidades y destrezas para razonar y efectuar procesos para continuar su aprendizaje formal en la universidad y en la vida.

Esa es la conclusión a la que llegaron los expertos educativos consultados por este medio sobre el perfil del alumno que se titula en la educación secundaria.

Todos concuerdan con que los adolescentes carecen de las herramientas básicas para continuar el camino profesional u ocupacional.

Aquello se refleja en los puntajes obtenidos en la prueba Ser Bachiller. En el período 2017-2018 en el ciclo Costa, el 37,2% de postulantes obtuvo menos de 7 en el campo matemático.

Durante el mismo período, pero a nivel de la Sierra y Amazonía, la deficiencia en esa materia alcanzó el 16,9% (ver infografía).

Según Fausto Segovia, académico y exministro de Educación, existe una deficiencia en la formación inicial y continua de los docentes, que se traduce en un método de enseñanza desgastado en el tiempo, en el que solo se trasmiten conocimientos y cuyo reflejo son los bachilleres.

“La misión del docente es enseñar a pensar para que los alumnos busquen formas de autoaprender en las que reflexionen y no simplemente memoricen, y aprendan entendiendo la razón de las cosas”.

El educador cree, además, que debe existir una red de facultades de educación orientadas a la investigación científica, a la docencia de calidad y a las publicaciones.

“La creación de la Universidad Nacional de Educación (UNAE) fue un primer paso, pero no basta, si no hay una correlación entre todas las entidades que dan esta formación”.

Para Stalyn Cazares, coordinador de vinculación con la sociedad de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central (UCE), los bachilleres tienen serias deficiencias, incluso en aprendizajes mínimos, como las operaciones matemáticas básicas.

“Esa es una de las mayores falencias en los chicos, y es clave porque en todas las carreras se revisa esta asignatura. Por eso, una gran cantidad de alumnos se quedan en los primeros años”.

Tampoco –dice– tienen facilidad para comprender, sintetizar o analizar textos, lo que es necesario en toda carrera.

Cazares cree que el sistema educativo hace que los jóvenes se mentalicen a pasar el año como sea, aunque no aprendan ni lo mínimo. “Esa situación es diferente en la universidad, donde el objetivo es perfeccionarse en una profesión”.

Además, considera que el perfil teórico con el que el bachiller egresa, de justo, solidario y emprendedor, solo se queda en el papel porque la realidad es distinta.

“Un alto número de chicos no tienen definida ni la carrera que quieren estudiar, y menos un proyecto de vida que, se supone, deben hacerlo en el colegio”.

Cree que los padres tampoco se han incluido en la preparación de sus hijos y que a ellos también les interesa tan solo ver los resultados del dinero invertido, sin importar si aprenden o no.

“Ahora todos se preocupan de reclamar derechos, pero pocos se centran en los deberes y responsabilidades que tienen. Para el docente, hoy es muy complicado obligar a que el alumno se dedique a estudiar y aprender”.

El desafío del ingreso a la “U”

Cazares, como instructor del programa gratuito Ser Bachiller, que brinda la UCE desde 2015, entiende que este examen no evalúa conocimientos, sino estrategias para dar con la respuesta correcta en el menor tiempo posible. Y así les enseña el programa de la UCE.

En su opinión, una verdadera prueba de meritocracia para ingresar a la universidad debería considerar las diferencias existentes entre los establecimientos educativos que, al final, condicionan el rendimiento de los estudiantes en una prueba como esta.

“La enseñanza que reciben los estudiantes de la ciudad y los del campo no tiene similitud, y eso se traduce en los puntajes del examen”.

La psicóloga educativa Rocío Amores afirma que el actual sistema está formando alumnos para los centros de nivelación y para aquellos que enseñan técnicas rápidas de lectura y estudio.

“Hay una variedad de estos espacios que solo les brindan estrategias para pasar la prueba, pero nada más”.

El colegio, anota, está relegando su función de orientación vocacional a tan solo la toma de unos test en el último año de estudios, cuando lo adecuado es evaluar la vocación desde la infancia.

Amores considera que la elección de una carrera que hoy hace el futuro bachiller está dada por el nivel de ingresos que le proporcionará a futuro, sin pensar que primero debe gustarle para poder cursar esos estudios. (I)

Especialidad y eliminación de la prueba Ser Bachiller

Cristina Fierro y Daniela Jácome son dos egresadas secundarias que creen necesario retomar las especialidades en el bachillerato en lugar del general unificado. Ambas estudiaron en colegios públicos de Quito. “Cada uno tiene preferencias y gustos; y eso es lo que se debe reforzar en el colegio para escoger bien la profesión”, refiere Cristina, de 19 años, quien al momento sigue el semestre de nivelación en Administración en la UCE. Daniela, en cambio, no logró un cupo en la educación pública y hoy trabaja para costearse la carrera de Enfermería en una entidad privada. Ella cree que si existieran especialidades, los bachilleres podrían optar por ingresar al campo laboral por las necesidades familiares. Ninguna de ellas recibió una adecuada orientación que las lleve a escoger su carrera universitaria, los test que les practicaron no revelaron mayor cosa y ambas se inclinaron por las carreras que les gustaban, sin pensar que en las 2 áreas el campo podría estar saturado.

Los padres de familia tampoco ven otra opción que la universidad para sus hijos sin considerar la opción de una carrera técnica. “Nunca pensé en ponerla en un colegio de bachillerato técnico porque creo que se quedaría estancada y lo que quiero es que tenga un título universitario”, indica Alexandra Guijarro, quien tiene una hija de 22 años que estudia Jurisprudencia. Tatiana Chávez también es madre y, para ella, la prueba Ser Bachiller no debería existir porque condiciona al alumno a escoger una carrera para la cual no tiene las aptitudes necesarias (solo porque le da el puntaje) y porque cree que la educación en el país es deficiente. Tampoco a ella se le pasó por la mente la opción de una carrera técnica. “Aunque digan lo contrario, un título universitario hoy pesa más que uno alcanzado en un instituto tecnológico, e incluso incide en el sueldo”. (I)