Movilizarse en bicicleta es un reto en la ciudad

Alrededor de un tres por ciento de los cuencanos se movilizan en bicicleta, muy lejos del 60 por ciento que utiliza automotores, según datos de la Empresa Municipal de Movilidad Tránsito y Transporte, EMOV. La academia investiga las causas y propone soluciones.
El uso de la bicicleta se incentiva esta semana con motivo del Día Mundial sin Auto. Franklin Minchala I EL TIEMPO

El grupo de investigación en ciudades sustentables de la Universidad de Cuenca, LlactaLab, desarrolla un programa denominado pies y pedales, que busca identificar los problemas de movilizarse en vehículos no motorizados. Los principales son, según resultados preliminares, el miedo a los accidentes y la inseguridad.

Para probar esta afirmación, dejamos la comodidad del vehículo motorizado por un día y tomamos una bicicleta para cumplir las actividades diarias.

 Dificultades

“Para andar en bici hay que tener los ojos bien abiertos”, comenta Julio Delgado, quien a diario pedalea desde su vivienda en el sector de la Virgen de Bronce hasta su trabajo en la Calle Larga.

Ese consejo se vuelve útil cuando de circular por el centro de la ciudad se trata. En Cuenca se matricularon 114.408 vehículos el año 2015, pero la EMOV estima que unos 140.000 automotores se mueven por la ciudad a diario, lo que deja un espacio reducido a las bicicletas.

Bajar de la acera a la calle es un riesgo en calles congestionadas como la Presidente Córdova, en donde esperar que alguien le brinde paso al ciclista es una guerra perdida.

El riesgo de un accidente también es latente en calles donde se permite el estacionamiento de vehículos, la bicicleta está relegada por fuerza a un costado de la calle, espacio que se reduce al mínimo cuando hay congestión vehicular.

A esto se suma el hecho de que el estrés al volante se desahoga muchas veces sobre el ciclista a quien se intenta espantar con el claxon o se le cruza el carro para pasar por las intersecciones antes de que el semáforo cambie de color.

Daniel Orellana, investigador de LlactaLab, sostiene que a más del miedo a sufrir accidentes, las razones de los cuencanos para no optar por la bicicleta son el miedo a un robo y la contaminación por el humo de los buses.

En varios edificios públicos, por ejemplo, no existe un lugar seguro para estacionar una bicicleta. Dejarla en la calle no es una opción y llevarla cargando resulta incómodo.

La jornada nos lleva por la calle La Condamine, en donde es imposible no respirar el humo de los buses, algo que se repite en varios puntos de la ciudad en los que la contaminación es un problema.

 Soluciones

Orellana señala que hay una buena percepción del uso de la bicicleta este momento por el intenso tránsito vehicular que causan diferentes obras en las vías. Por eso propone tres pasos para aprovechar el momento y fomentar la movilidad alternativa. El primero es “educación, más educación y mucha más educación”. Según Orellana, la falta de una verdadera cultura de respeto debe contrarrestarse con políticas y no solo con campañas de promoción.

El gerente de Movilidad de la EMOV, Pablo Sánchez, señala que la Municipalidad trabaja en programas que van más allá de la entrega de folletos. “Capacitamos a las escuelas, organizamos cicleadas y tratamos de educar a los adultos en los barrios para un cambio de pensamiento”, asegura.

El segundo paso, añade Orellana, es que todas las instituciones públicas y privadas tengan parqueos para bicicletas, y el tercero ofrecer ventajas a quienes van a su trabajo en bici.

“Estos factores están probados en otras partes del mundo y han logrado con éxito que más gente use la bicicleta, lo que crea una masa crítica que obliga a las autoridades a proteger a los ciclisistas”, sostiene.

Para conseguir esto la EMOV basa sus políticas en el Plan de Movilidad y Espacios Públicos de Cuenca, un documento que aún no se plasma en la realidad, pero señala el camino para una ciudad inclusiva y amigable con el transporte alternativo, indica la EMOV. (JPM) (I)  

Movilizarse en bicicleta es un reto en la ciudad

El uso de la bicicleta se incentiva esta semana con motivo del Día Mundial sin Auto. Franklin Minchala I EL TIEMPO

El grupo de investigación en ciudades sustentables de la Universidad de Cuenca, LlactaLab, desarrolla un programa denominado pies y pedales, que busca identificar los problemas de movilizarse en vehículos no motorizados. Los principales son, según resultados preliminares, el miedo a los accidentes y la inseguridad.

Para probar esta afirmación, dejamos la comodidad del vehículo motorizado por un día y tomamos una bicicleta para cumplir las actividades diarias.

 Dificultades

“Para andar en bici hay que tener los ojos bien abiertos”, comenta Julio Delgado, quien a diario pedalea desde su vivienda en el sector de la Virgen de Bronce hasta su trabajo en la Calle Larga.

Ese consejo se vuelve útil cuando de circular por el centro de la ciudad se trata. En Cuenca se matricularon 114.408 vehículos el año 2015, pero la EMOV estima que unos 140.000 automotores se mueven por la ciudad a diario, lo que deja un espacio reducido a las bicicletas.

Bajar de la acera a la calle es un riesgo en calles congestionadas como la Presidente Córdova, en donde esperar que alguien le brinde paso al ciclista es una guerra perdida.

El riesgo de un accidente también es latente en calles donde se permite el estacionamiento de vehículos, la bicicleta está relegada por fuerza a un costado de la calle, espacio que se reduce al mínimo cuando hay congestión vehicular.

A esto se suma el hecho de que el estrés al volante se desahoga muchas veces sobre el ciclista a quien se intenta espantar con el claxon o se le cruza el carro para pasar por las intersecciones antes de que el semáforo cambie de color.

Daniel Orellana, investigador de LlactaLab, sostiene que a más del miedo a sufrir accidentes, las razones de los cuencanos para no optar por la bicicleta son el miedo a un robo y la contaminación por el humo de los buses.

En varios edificios públicos, por ejemplo, no existe un lugar seguro para estacionar una bicicleta. Dejarla en la calle no es una opción y llevarla cargando resulta incómodo.

La jornada nos lleva por la calle La Condamine, en donde es imposible no respirar el humo de los buses, algo que se repite en varios puntos de la ciudad en los que la contaminación es un problema.

 Soluciones

Orellana señala que hay una buena percepción del uso de la bicicleta este momento por el intenso tránsito vehicular que causan diferentes obras en las vías. Por eso propone tres pasos para aprovechar el momento y fomentar la movilidad alternativa. El primero es “educación, más educación y mucha más educación”. Según Orellana, la falta de una verdadera cultura de respeto debe contrarrestarse con políticas y no solo con campañas de promoción.

El gerente de Movilidad de la EMOV, Pablo Sánchez, señala que la Municipalidad trabaja en programas que van más allá de la entrega de folletos. “Capacitamos a las escuelas, organizamos cicleadas y tratamos de educar a los adultos en los barrios para un cambio de pensamiento”, asegura.

El segundo paso, añade Orellana, es que todas las instituciones públicas y privadas tengan parqueos para bicicletas, y el tercero ofrecer ventajas a quienes van a su trabajo en bici.

“Estos factores están probados en otras partes del mundo y han logrado con éxito que más gente use la bicicleta, lo que crea una masa crítica que obliga a las autoridades a proteger a los ciclisistas”, sostiene.

Para conseguir esto la EMOV basa sus políticas en el Plan de Movilidad y Espacios Públicos de Cuenca, un documento que aún no se plasma en la realidad, pero señala el camino para una ciudad inclusiva y amigable con el transporte alternativo, indica la EMOV. (JPM) (I)