Cuenca tiene retos en su camino al desarrollo sostenible

La ciudad tiene debilidades, como la crisis de movilidad y el caos vehicular, pero también fortalezas, como la buena calidad de servicios básicos.
El sector de la avenida Ordoñez Lasso es uno de los que experimenta un permanente crecimiento vertical. Franklin Minchala | EL TIEMPO

Cuenca se encuentra en plena etapa de desarrollo y busca convertirse en una ciudad sostenible. Para ello debe afrontar y superar algunos retos: adecuados procesos de densificación, crecimiento vertical y expansión urbana; buenas condiciones de movilidad y óptima cobertura de servicios básicos. No todo aquello, sin embargo, se está dando bajo las condiciones técnicamente ideales. 

 

Daniel Orellana, del grupo de investigación Llactalab, ciudades sustentables, describe a Cuenca como “un adolescente que está decidiendo qué tipo de ciudad quiere ser a futuro”, y cuyas decisiones definirán la ciudad que será en los próximos 100 años.

“Cualquier tipo de decisiones que se tomen ahora tienen más impacto que las que se tomaban hace 20 años y también más impacto frente a las que se tomarán en los próximos años.”, asegura él.

Es necesario entender el desarrollo urbano de la ciudad en términos de densidad y expansión. La primera se refiere a la relación entre la población de un lugar y el espacio que ocupa, y la expansión es la dispersión de la ciudad hacia áreas cada vez más alejadas del perímetro urbano.

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La expansión excesiva y desordenada es uno de los principales retos por afrontar que tiene la ciudad. Cuenca era una urbe compacta, manejable, densa y mixta, pero desde hace tres o cuatro décadas se ha convertido, según Orellana, “en una ciudad que crece mucho más rápido en superficie que en población”.

Cada hectárea del área urbana está ocupada por unas 45 personas, cuando lo ideal es 214 personas por hectárea. Eso significa que 45 personas viven en una  manzana, algo que representa a menos de diez familias por hectárea promedio que viven en el perímetro urbano de la ciudad, explica Orellana.

De esta manera la densidad de la ciudad decrece y se dispersa cada vez más, lo que da lugar a una ineficiencia espacial que encarece el valor del suelo y los servicios de agua potable, alcantarillado y movilidad que el Municipio tendrá que asumir al atender a las nuevas urbanizaciones que se encuentran en áreas rurales como El Valle, San Joaquín, Baños, Ricaurte, Sayausí, Challuabamba, Cumbe, Tarqui o Turi. 

Pero en una ciudad dispersa no solo se separan las personas sino también los servicios; se ocupa mucho más combustible, hay más contaminación, se necesita más tiempo para movilizarse y predomina el uso del auto privado, pues es mucho más complicado que el transporte público preste su servicio a una ciudad dispersa. “Además, el bienestar de las personas sufre en estas ciudades, porque empiezas a utilizar mucho tiempo en el transporte y se definen días específicos para poder hacer trámites", explica Pablo Osorio, de Llactalab.

  Segregación 

Otro problema de la expansión territorial es la segregación espacial de la ciudad, que provoca la conformación de suburbios o áreas deprimidas. 

La segregación es apartarse de los barrios céntricos para irse a vivir en las periferias.

Según Orellana, Cuenca presenta una baja segregación espacial, ya que no es una ciudad con cinturones de pobreza definidos como tienen Quito o Guayaquil, donde sí hay brechas económicas marcadas, es decir, sectores con mayor capacidad adquisitiva y otros con índices de pobreza de diferentes escalas. En Cuenca esas diferencias no son así de marcadas. 

La segregación espacial tiene dos categorías: activa y pasiva. De la segregación activa forman parte las familias con altos recursos económicos que activa o voluntariamente eligen auto segregarse.  

La segregación pasiva o no voluntaria afecta a las familias de bajos recursos económicos, que al no poder acceder a lugares con buenos servicios e infraestructura se ven obligadas a vivir en lugares deprimidos con problemas y vulnerabilidades como inundaciones, deslizamientos e inseguridad. 

Orellana dice que en la ciudad se nota sobre todo un proceso de segregación activa. Sin embargo, es posible que el aumento de los precios de la vivienda en Cuenca, que en la actualidad se da por la especulación, esté produciendo ya procesos fuertes de segregación pasiva. “Lo que sí es muy claro es ver procesos de segregación pasivos en parroquias rurales donde hay menor cobertura de servicios, mucha menor accesibilidad a la educación, salud, empleo”, manifiesta Orellana.

 

Solución 

Aprovechar los servicios existentes dentro del perímetro urbano con un crecimiento de altura alrededor de los corredores como la Ordóñez Lasso o el Control Sur es la propuesta de la Municipalidad de Cuenca, que pretende densificar la ciudad sin extenderse hacia sectores rurales. 

Según Esteban Orellana, director de Planificación del Municipio, estas áreas permitirán densificar la urbe sin asumir costos extras, pues son sectores servidos con agua potable, alcantarillado, electricidad y transporte público.

Estas áreas estratégicas se definen en la propuesta del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, PDOT, que pretende potencializar los edificios de altura.

Estado actual de la ciudad en los rubros de expansión urbana, crecimiento vertical y movilidad 

Según las proyecciones de población y densidad urbana que maneja Llactalab, para el año 2030 Cuenca tendrá suficiente espacio para una población de unos 650.000 habitantes sin la necesidad de expandirse hacia zonas rurales y utilizando la infraestructura actual.

Recién en el año 2055 será necesario empezar a construir urbanizaciones fuera del área urbana, pues se prevé una población de 900.000 habitantes. 

Orellana plantea un modelo de ciudad que consolide el área urbana a través de densificaciones a media altura con edificios de cuatro o cinco pisos que se construyan en función de las personas y no del automóvil. “Estos procesos de densificación son útiles solamente si se gestiona el espacio público alrededor del edificio, es decir, dotar de buenos servicios, parques, zonas comunales, calles seguras para disminuir el tránsito, pero eso no se está haciendo”.


  Área rural 

El crecimiento desordenado también afecta a las áreas rurales, cuyo territorio emplaza urbanizaciones, edificios o viviendas que son construidas en áreas con índices altos de vulnerabilidad.

Además, la construcción desordenada es otro factor que afecta de manera directa a estas zonas rurales que crecen sin control ni planificación, aseguró Pedro Medina, presidente de la Cámara de la Construcción de Cuenca.

“El trazado de vías no es el adecuado e incluso se levantan sobre caminos vecinales. Si la planificación llega posteriormente al asentamiento, el Municipio no tendrá dinero cuando se haga expropiaciones de los terrenos con declaratorias de utilidad pública, las calles ya no pueden hacerse de acuerdo a los trazados establecidos en el plan y eso dificulta muchísimo la movilidad y el ordenamiento del sector rural”.


  Movilidad

Conseguir una movilidad sostenible es otro de los retos por superar. Con un parque automotor de alrededor 110.000 vehículos, con 475 buses urbanos, muchos de ellos copando arterias pobladas del Centro Histórico, y una circulación vehicular complicada, lograr la ansiada sostenibilidad resulta más difícil.

Para Alfredo Aguilar, gerente de la EMOV, con la situación actual de movilidad se busca implementar formas de sostenibilidad del transporte con la delimitación de plataformas únicas que permitan la circulación de peatones, ciclistas, vehículos y el tranvía. 

“Necesitamos una movilidad integral que funcione con el tranvía y redes de buses que no solo conecten a los sectores urbanos sino también los rurales”, aseguró él. 

Con adecuaciones y propuestas de planes de ordenamiento, la ciudad busca avanzar por el camino de las sostenibilidad. Hoy se plantea retos que serán decisivos para la construcción de una urbe organizada y sustentable en los próximos años. (KCJ) (I)  

¿Qué es 

una ciudad 

sostenible? 

Según el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, una ciudad sostenible es la que ofrece una buena calidad de vida a sus habitantes, minimiza su impacto sobre el medio natural y preserva sus activos ambientales y físicos permitiendo promover su competitividad.

Debe contar con un gobierno local con capacidad fiscal y administrativa para mantener su crecimiento económico y llevar a cabo sus funciones urbanas con la participación activa de la ciudadanía. 

Cuenca fue seleccionada por el BID en 2013 como una de las ciudades ejemplo con potencialidades para promover el crecimiento urbano de manera sostenible. 


 Cuenca. 

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Cuenca tiene retos en su camino al desarrollo sostenible

El sector de la avenida Ordoñez Lasso es uno de los que experimenta un permanente crecimiento vertical. Franklin Minchala | EL TIEMPO

Cuenca se encuentra en plena etapa de desarrollo y busca convertirse en una ciudad sostenible. Para ello debe afrontar y superar algunos retos: adecuados procesos de densificación, crecimiento vertical y expansión urbana; buenas condiciones de movilidad y óptima cobertura de servicios básicos. No todo aquello, sin embargo, se está dando bajo las condiciones técnicamente ideales. 

 

Daniel Orellana, del grupo de investigación Llactalab, ciudades sustentables, describe a Cuenca como “un adolescente que está decidiendo qué tipo de ciudad quiere ser a futuro”, y cuyas decisiones definirán la ciudad que será en los próximos 100 años.

“Cualquier tipo de decisiones que se tomen ahora tienen más impacto que las que se tomaban hace 20 años y también más impacto frente a las que se tomarán en los próximos años.”, asegura él.

Es necesario entender el desarrollo urbano de la ciudad en términos de densidad y expansión. La primera se refiere a la relación entre la población de un lugar y el espacio que ocupa, y la expansión es la dispersión de la ciudad hacia áreas cada vez más alejadas del perímetro urbano.

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La expansión excesiva y desordenada es uno de los principales retos por afrontar que tiene la ciudad. Cuenca era una urbe compacta, manejable, densa y mixta, pero desde hace tres o cuatro décadas se ha convertido, según Orellana, “en una ciudad que crece mucho más rápido en superficie que en población”.

Cada hectárea del área urbana está ocupada por unas 45 personas, cuando lo ideal es 214 personas por hectárea. Eso significa que 45 personas viven en una  manzana, algo que representa a menos de diez familias por hectárea promedio que viven en el perímetro urbano de la ciudad, explica Orellana.

De esta manera la densidad de la ciudad decrece y se dispersa cada vez más, lo que da lugar a una ineficiencia espacial que encarece el valor del suelo y los servicios de agua potable, alcantarillado y movilidad que el Municipio tendrá que asumir al atender a las nuevas urbanizaciones que se encuentran en áreas rurales como El Valle, San Joaquín, Baños, Ricaurte, Sayausí, Challuabamba, Cumbe, Tarqui o Turi. 

Pero en una ciudad dispersa no solo se separan las personas sino también los servicios; se ocupa mucho más combustible, hay más contaminación, se necesita más tiempo para movilizarse y predomina el uso del auto privado, pues es mucho más complicado que el transporte público preste su servicio a una ciudad dispersa. “Además, el bienestar de las personas sufre en estas ciudades, porque empiezas a utilizar mucho tiempo en el transporte y se definen días específicos para poder hacer trámites", explica Pablo Osorio, de Llactalab.

  Segregación 

Otro problema de la expansión territorial es la segregación espacial de la ciudad, que provoca la conformación de suburbios o áreas deprimidas. 

La segregación es apartarse de los barrios céntricos para irse a vivir en las periferias.

Según Orellana, Cuenca presenta una baja segregación espacial, ya que no es una ciudad con cinturones de pobreza definidos como tienen Quito o Guayaquil, donde sí hay brechas económicas marcadas, es decir, sectores con mayor capacidad adquisitiva y otros con índices de pobreza de diferentes escalas. En Cuenca esas diferencias no son así de marcadas. 

La segregación espacial tiene dos categorías: activa y pasiva. De la segregación activa forman parte las familias con altos recursos económicos que activa o voluntariamente eligen auto segregarse.  

La segregación pasiva o no voluntaria afecta a las familias de bajos recursos económicos, que al no poder acceder a lugares con buenos servicios e infraestructura se ven obligadas a vivir en lugares deprimidos con problemas y vulnerabilidades como inundaciones, deslizamientos e inseguridad. 

Orellana dice que en la ciudad se nota sobre todo un proceso de segregación activa. Sin embargo, es posible que el aumento de los precios de la vivienda en Cuenca, que en la actualidad se da por la especulación, esté produciendo ya procesos fuertes de segregación pasiva. “Lo que sí es muy claro es ver procesos de segregación pasivos en parroquias rurales donde hay menor cobertura de servicios, mucha menor accesibilidad a la educación, salud, empleo”, manifiesta Orellana.

 

Solución 

Aprovechar los servicios existentes dentro del perímetro urbano con un crecimiento de altura alrededor de los corredores como la Ordóñez Lasso o el Control Sur es la propuesta de la Municipalidad de Cuenca, que pretende densificar la ciudad sin extenderse hacia sectores rurales. 

Según Esteban Orellana, director de Planificación del Municipio, estas áreas permitirán densificar la urbe sin asumir costos extras, pues son sectores servidos con agua potable, alcantarillado, electricidad y transporte público.

Estas áreas estratégicas se definen en la propuesta del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, PDOT, que pretende potencializar los edificios de altura.

Estado actual de la ciudad en los rubros de expansión urbana, crecimiento vertical y movilidad 

Según las proyecciones de población y densidad urbana que maneja Llactalab, para el año 2030 Cuenca tendrá suficiente espacio para una población de unos 650.000 habitantes sin la necesidad de expandirse hacia zonas rurales y utilizando la infraestructura actual.

Recién en el año 2055 será necesario empezar a construir urbanizaciones fuera del área urbana, pues se prevé una población de 900.000 habitantes. 

Orellana plantea un modelo de ciudad que consolide el área urbana a través de densificaciones a media altura con edificios de cuatro o cinco pisos que se construyan en función de las personas y no del automóvil. “Estos procesos de densificación son útiles solamente si se gestiona el espacio público alrededor del edificio, es decir, dotar de buenos servicios, parques, zonas comunales, calles seguras para disminuir el tránsito, pero eso no se está haciendo”.


  Área rural 

El crecimiento desordenado también afecta a las áreas rurales, cuyo territorio emplaza urbanizaciones, edificios o viviendas que son construidas en áreas con índices altos de vulnerabilidad.

Además, la construcción desordenada es otro factor que afecta de manera directa a estas zonas rurales que crecen sin control ni planificación, aseguró Pedro Medina, presidente de la Cámara de la Construcción de Cuenca.

“El trazado de vías no es el adecuado e incluso se levantan sobre caminos vecinales. Si la planificación llega posteriormente al asentamiento, el Municipio no tendrá dinero cuando se haga expropiaciones de los terrenos con declaratorias de utilidad pública, las calles ya no pueden hacerse de acuerdo a los trazados establecidos en el plan y eso dificulta muchísimo la movilidad y el ordenamiento del sector rural”.


  Movilidad

Conseguir una movilidad sostenible es otro de los retos por superar. Con un parque automotor de alrededor 110.000 vehículos, con 475 buses urbanos, muchos de ellos copando arterias pobladas del Centro Histórico, y una circulación vehicular complicada, lograr la ansiada sostenibilidad resulta más difícil.

Para Alfredo Aguilar, gerente de la EMOV, con la situación actual de movilidad se busca implementar formas de sostenibilidad del transporte con la delimitación de plataformas únicas que permitan la circulación de peatones, ciclistas, vehículos y el tranvía. 

“Necesitamos una movilidad integral que funcione con el tranvía y redes de buses que no solo conecten a los sectores urbanos sino también los rurales”, aseguró él. 

Con adecuaciones y propuestas de planes de ordenamiento, la ciudad busca avanzar por el camino de las sostenibilidad. Hoy se plantea retos que serán decisivos para la construcción de una urbe organizada y sustentable en los próximos años. (KCJ) (I)  

¿Qué es 

una ciudad 

sostenible? 

Según el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, una ciudad sostenible es la que ofrece una buena calidad de vida a sus habitantes, minimiza su impacto sobre el medio natural y preserva sus activos ambientales y físicos permitiendo promover su competitividad.

Debe contar con un gobierno local con capacidad fiscal y administrativa para mantener su crecimiento económico y llevar a cabo sus funciones urbanas con la participación activa de la ciudadanía. 

Cuenca fue seleccionada por el BID en 2013 como una de las ciudades ejemplo con potencialidades para promover el crecimiento urbano de manera sostenible. 


 Cuenca. 

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