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Diabladas de Píllaro, un tiempo ritual de transgresión y risa

La magia de la tradición ancestral de Las Diabladas de Píllaro revive, año tras año, en el cantón Píllaro, norte de Tungurahua. Es una manifestación cultural en que las máscaras de diablo se roban la atención de los turistas y, entre más cachos y dientes grandes tengan, es más atractiva y, por lo tanto, es más admirada.

Los primeros seis días de cada año, las diabladas se toman las calles, combinan baile, música, tradición oral. Adolfo Idrovo, un amante de la cultura y estudioso de esta tradición, señala que lo hacían para pelear por espacios o representar a los habitantes del mundo de abajo, pero, con la llegada de los colonos, los hacían como una burla a la iglesia y los indígenas se disfrazaban de diablo para repudiar el maltrato.
Pero hay muchas historias en relación con el origen de las diabladas, todas coinciden en que los indígenas fueron quienes las crearon, pero la razón por la que lo hicieron aún está en disputa, según la visión de varios investigadores.
Ítalo Espín, un artesano que crea las caretas en Píllaro y tiene un museo, asegura que los cachos enredados son una de las características más comunes en este cantón. “Todo buen pillareño debe hacer su propia máscara”, asegura y realiza obras que miden hasta dos metros.


Para Idrovo, el diablo simboliza el ser malo que todos llevamos dentro. Resaltan los colores rojos que simbolizan al infierno y el negro a la oscuridad. La diablada, como parte del sincretismo, se hace también para conmemorar a Los Santos Inocentes, cuyo día es el 28 de diciembre, cuando Herodes mandó a matar a todos los niños menores de dos años con la intención de asesinar a Jesucristo, quien, supuestamente, le iba a quitar del trono, según concibe la tradición cristiana.
La Diablada de Píllaro fue nombrada en el 2009 Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador, por ser una de las pocas que sobreviven. Comparsas o partidas se lucen al recorrer las áreas rurales y contagiar de alegría a todos los rincones del cantón hasta llegar al centro. Los participantes le imprimen picardía y jocosidad, propia de estas épocas.


En Cuenca, la tradición de las diabladas ha desaparecido con los años, pero Idrovo recuerda que, hace unos 20 años, desde el 28 de diciembre y hasta el seis de enero, en las calles se llenaban de personajes, música, comparsas para celebrar a los santos inocentes.
Entre los personajes más populares estaban el diablo, la muerte que también es popular en México, el payaso y el ‘canchi basura’. El diablo era igual a los que ahora se ven en Las Diabladas de Píllaro, con grandes máscaras y representado con rojo y negro.


La muerte es la popular calavera que todavía es muy usada en México, pero que ahora no se ve tanto en el Ecuador. Esta simbolizaba su santidad, es una santa en el mundo andino. El payaso, en cambio, se dedicaba a hacer bromas en las calles, siempre eran bromas pesadas y el canchi basura iba con ramas estilo escobas quitando a quienes estuvieran “atravesados”.


En la ciudad, esta tradición se resumió a un solo día, el 6 de enero, cuando se celebra el Día de Los Inocentes en la ciudad. “Ahora Píllaro es el eje central de las diabladas, bailan y mantienen este tesoro cultural”, reflexiona Idrovo.
También es importante saber que las diabladas no solo se celebran en Ecuador, pues en diferentes países de América Latina se repite esta tradición, aunque se lo hace en diferentes fechas del año. Las diabladas están presentes en Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Venezuela y México, según comenta. Se trata de un tiempo antropológicamente conocido como ‘liminal’ en el cual se pueden transgredir normas sociales.

El atuendo de los diablos
Por ser los personajes centrales en Píllaro, familias enteras se encargan de la confección de los trajes y las máscaras, relata la página web del Ministerio de Cultura del Ecuador. Explican también que las máscaras son elaboradas artesanalmente, su base principal es un molde hecho en bloque de tierra a la que se le adhieren varias capas de papel maché empapadas en engrudo, y que se la deja al sol para que adquiera dureza.
Luego añaden cuernos y dientes de diferentes animales como cabras, venados, corderos, toros; se le da colorido en varias tonalidades sobresaliendo el negro y rojo. El atuendo está compuesto por un pantalón rojo que va hasta la rodilla con flequillos dorados a los filos, la blusa o capa roja con filos bordados y flecos dorados. Las medias rojas ayudan a integrar, a lo largo, el color infernal, y las zapatillas mantienen ágiles los pies. (EPA) (F)

Cuenca. 

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