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Las muñecas afro el derecho a la alegría

Para mantener a los hijos calmados mientras iban con ellos en los barcos negreros, las mujeres hacían estas muñecas (foto).  Cortesía Ministerio de Cultura
Para mantener a los hijos calmados mientras iban con ellos en los barcos negreros, las mujeres hacían estas muñecas (foto). Cortesía Ministerio de Cultura

Muñecas de trapo, son pequeñas, medianas o grandes. Su hermosa piel, el cabello rizado y negro, los turbantes en la cabeza y sus trajes largos y coloridos llaman la atención, atrapan la visión de cualquiera. Representan a la mujer afroecuatoriana, son ellas en miniatura.

Dentro de la simpatía de cada pieza hay una larga historia de dolor. Simbolizan uno de los pocos objetos con los que las niñas se podían divertir durante su infancia, peor era lo único que sus madres podían hacer para mantenerlas calmadas durante los largos viajes en los barcos negreros. 

En la memoria del pueblo afro está viva y latente esta historia. Aunque sucedió hace alrededor de 400 años, parece que fue ayer. Mama Yama está sentada en una de las mesas de su restaurante El Tapao Arrecho y hace una representación de aquellos tiempos.


“Muchas mujeres eran llevadas con sus hijos pequeños y, para que dejaran de llorar, se arrancaban pedazos de tela de sus vestimentas y rápidamente hacían las muñecas de trapo”, relata la dirigente del Movimiento Afro del Azuay.

Relatos históricos
Historiadores y cronistas describen que las mujeres y los hombres eran cazados en África. Podían ser expresidiarios, personas secuestradas y también había quienes se entregaban por algo de comida. Los comerciantes de esclavos los encadenaban y los metían en los barcos, unos encima de otros.


Relatan que las mujeres iban con vestidos rasgados y los hombres con pantalones cortos, todos hacinados. Los viajes duraban entre dos y tres meses, y allí, en los barcos nacían niños y morían personas. Había hambre, casi no les daban agua, los llevaban en condiciones inhumanas.


Dentro de un barco en alta mar, los niños lloraban, sufrían de hambre. Las madres los amamantaban, pero también hacían las muñecas para que los pequeños se mantuvieran tranquilos en medio de la tragedia.
Así es como estas muñecas pasaron a tener un significado de resistencia para el pueblo afroecuatoriano. Las madres de las niñas aún en tierra firme seguían haciendo las muñecas para que sus hijas se divirtieran, las niñas a su vez, aprendían y así es como este arte sobrevivió y sigue vigente, no solo en Ecuador sino en todos los países de América.

Contemporáneas
El grupo Piel Canela, del Valle de Chota, se ha dedicado a hacer las muñecas para mantener viva esta tradición. Las mujeres que se encargan de confeccionarlas tratan de revivir la religión yoruba y hacen las muñecas con el nombre de los dioses que representan las creencias de sus ancestros.


“En Ecuador hay muy poco de la religión yoruba. En Esmeraldas las mujeres hacían el ritual de San Antonio. Se ponían turbantes, se vestían con trajes largos y le bailaban al santo, pero las acusaron de brujas y, así, poco a poco, arrancaron esta tradición africana y lo mismo pasó con la mayoría de las prácticas religiosas en el país”, relata Mama Yama; por esta razón, las muñecas de trapo hoy representan a los dioses y orishas.


La infancia femenina del pueblo negro estuvo marcada por el trabajo forzado, los maltratos por parte de las mujeres y los hombres blancos, sus ‘amos’, pero, en medio del dolor, la desigualdad y la humillación, ellas disfrutaron de lo poco que tenían.
Las muñecas de trapo ahora son parte de la decoración en el vestíbulo de los hoteles o en casas lujosas, hacen llaveros o las tejen en blusas para venderlas como artesanías; pero ellas guardan intacto el sentido de la resistencia y lucha de la mujer afro. (EPA) (F)

Rotundamente

negra

Me niego rotundamente a negar mi voz, mi sangre y mi piel.

Y me niego rotundamente a dejar de ser yo, a dejar de sentirme bien.

Cuando miro mi rostro en el espejo, con mi boca rotundamente grande.

Y mi nariz rotundamente hermosa, y mis dientes rotundamente blancos, y mi piel valientemente negra.

Y me niego categóricamente a dejar de hablar mi lengua, mi acento y mi historia.

Y me niego absolutamente a ser parte de los que callan, de los que temen, de los que lloran.

Porque me acepto rotundamente libre.

Rotundamente negra.

Rotundamente hermosa.

Chigualos

cortos para niños

Cuenca. Los chigualos y arrullos se cantan entre los primeros días de diciembre hasta febrero en honor al niño Dios, pero a diario las madres se la entonan a sus hijos y los duermen con amor, es una tradición milenaria.

El Grupo de Verdes Palmeras de Esmeraldas, con marimbas y los tambores, son expertos en mantener viva esta tradición que llegó a Ecuador de la mano de los pueblos afros que fueron arrancados de África para ser esclavizados en América.

Hay muchos arroyos y chigualos, unos tristes y otros alegres, algunas letras están escritas y otras, en cambio, son compuestas por los intérpretes de manera espontánea, dependiendo de la circunstancia y a quien le dediquen la canción, explica María de Lourdes León, miembro del Movimiento Afro de Esmeraldas.

Aquí le dejamos unos cortos chigualos y arrullos que ahora son parte de la tradición cultural del pueblo afroecuatoriano y que también representan parte de su histórica resistencia, que tantas lecciones da. (F)

Cuenca. 

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