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Cover up, la experiencia de cubrir un tatuaje 

El pie de Tatiana luce el resultado del Cover up. EL TIEMPO
El pie de Tatiana luce el resultado del Cover up. EL TIEMPO

Cuenca. Con siete años practicando la actividad en el segundo piso de su actual residencia, Jorge Jaramillo se mantiene 19 años ejerciendo como tatuador, menester que inició tras observar el desarrollo de dicha actividad en casa de su hermano, lo que provocó en él, un interés que progresivamente se convirtió en meta a cumplir.

La apertura de la tienda de tatuajes Marcel Tatoo, que se generó tras la unión de su hermano Marcelo Jaramillo, con su esposa, quien figura como experta en el tatuado estético, más conocido como maquillaje permanente, influyó para que prontamente Jorge se inicie en la profesión.

Un día de visita al negocio familiar bastó para que el invitado de hoy, se impregnara de la técnica, que tras cultivarla a través de cursos y enseñanzas de Marcelo, se convirtió en una habilidad que ha mantenido activa durante el tiempo mencionado, y aunque no es su labor principal, alterna el día a día con su gusto por la realización de tatuajes.

Para explicar más su facultad con la tinta, abrió las puertas al ojo periodístico de diario El Tiempo, con el fin de dar a conocer el procedimiento denominado como Cover up, que consiste en cubrir un tatuaje con otro.

Al llegar a la residencia Du Hast Tatto, Tatiana Rocano estaba ya lista para vivir el proceso, pues su pie derecho ya se encontraba desnudo, lo que permitió observar de primer plano sus uñas color vino brillante, para de forma seguida posar la vista en  una mariposa en un color azul, ubicada justo en el empeine del pie. 

A esta forma le tapaba un esbozo en forma de pluma, Jorge ya se había anticipado a la llegada investigativa.

El plan era cubrir el tatuaje de la mariposa con el diseño ya dibujado, donde los detalles que escapasen al relleno de este nuevo trabajo, fueran cubiertos por tinta color piel, a modo de maquillaje.

Pues los métodos aprendidos en el pasado, son fusionados en los estilos que propaga Jorge, quien solo accede a tatuar a personas de su confianza y amigos.

Tatiana se adaptó en la silla – camilla, para dar inicio a la segunda ronda del trajín, Jorge estaba acomodado en una posición especial que le permitía tener contacto directo con el área del tatuaje. Luego de observar la colocación de guantes y la preparación de la aguja, él se dispuso a inyectar el empeine con anestesia, para que le permitiera trabajar con menos dolor la pluma ya esbozada.

Mientras sus anécdotas ambientaban el lugar, donde en una de sus historias informaba que el pie es una zona sensible para tatuar, la máquina empezó a vibrar, y con el pulso firme del artista, la filosa punta de la herramienta, cubría las líneas de la pluma ya trazada.

El dolor ya se hacía presente en Tatiana, un hecho intimidante, pues la práctica estaba destinada a ser completada en 30 a 40 minutos, de los cuales, solamente se habían alcanzado hasta ese momento, cinco. Nuevamente la aguja penetró el empeine ya enrojecido, esta vez, un poco más arriba del punto que inyectó en momentos anteriores.

Al seguir rellanando el nuevo gráfico, la tinta se acumulaba y por momentos ahogaba las líneas con su afluencia, el experto no paraba, aunque la voz de dolor aumentó.

A todo el cuadro mencionado lo interrumpió un sonido, el timbre de la residencia, tras escuchar el crujir de unas gradas, apareció en el espacio, el primo de Jorge y una amiga de Tatiana, quienes mientras veían la perpetración del color en la piel de su portadora, intercambiaban experiencias acerca del tema.

“Es como pintar” evocó la voz del preparado, mientras presionaba la aguja y posterior a ello limpiaba la tinta mezclada con sangre del empeine, “ya no más” evocó una tiritante voz, era Tatiana, quien se mostraba exhausta y comentaba que el dolor era insoportable, se pudo percibir que ella temblaba.

Jorge siguió dando vida a su pasión, y Tatiana mientras se frotaba las manos entre sí, repitió que ya no quería más, mientras Jorge se esmeraba en difuminar los detalles del tatuaje.

“Aún falta la línea blanca interior” le respondió, “no importa” contestó ella, “falta maquillar el sobrante” adecuó, “ya no” aseveró la modelo.

Tras animar a la clienta a que no desmayara hasta concluir el proyecto artístico en el que se había embarcado, la máquina seguía rellenando la pluma en la cliente, quien contaba “estoy sudando”, producto del esfuerzo físico que le significaba la experiencia.

Nuevamente pidió que se finalizará ya el procedimiento, esta vez ya a modo de favor, pues su rostro evidenciaba angustia, a lo que Jorge, tras preguntar si estaba segura, apagó la máquina, finalizando con ello el tatuaje.

“Ante todo se respeta hasta dónde pueda llegar el cliente” afirma el tatuador, mientras frota una crema antibiótica en la zona trabajada. Tatiana respirando hondo demuestra  tranquilidad, y duda si fue la mejor opción dar por terminado el tatuaje. A lo que Jorge entre risas le hace saber que una vez untada la pomada, dar vuelta atrás ya no era opción.

El hecho es que los niveles de sensibilidad no son los mismos en todos, y aunque la pasión por los tatuajes es un gusto que muy pocos afirman disfrutar, no todos los días, son aptos para ser parte de la experiencia, pues Tatiana es el lienzo de cuatro permanentes figuras, que al parecer, no fueron garantía para que su nueva pluma, se vea concluida. (AMQ) (I)

 

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