Editorial /

Trump y Jerusalén

El mundo, ayer, se despertó con otra noticia que tiene que digerir. Donald Trump anunció que Washington reconoce Jerusalén como la capital de Israel.
Según el presidente, “esto es un reconocimiento de la realidad histórica y de la realidad moderna”, y no afecta a ningún aspecto del proceso de negociación para un arreglo pacífico del conflicto palestino-israelí ni la cuestión de las fronteras.
En 1949 Israel declaró Jerusalén como su capital “única e indivisible”, incluidos los distritos orientales y el centro histórico de la ciudad, reconquistado en 1967 a Jordania.
El mundo nunca reconoció la anexión y el estatus de la ciudad; esto empezó a ser considerado uno de los problemas centrales del conflicto palestino-israelí, que debería resolverse sobre la base de un acuerdo con los palestinos, que reclaman la parte oriental de Jerusalén. En este sentido, todas las embajadas extranjeras se encuentran en Tel Aviv.
El Congreso de EE.UU. adoptó en 1995 una ley para trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Debido al estatus en disputa de la ciudad y a la sensibilidad del problema con respecto a las relaciones con el mundo árabe-musulmán, todos los presidentes estadounidenses, incluido Trump, cada seis meses firmaban un documento posponiendo la implementación de esta decisión.
Incluso, tras el reconocimiento oficial, el proceso para abrir una nueva embajada llevará años, y las leyes de EE.UU. requieren que el presidente continúe posponiendo el traslado hasta que la nueva sede diplomática esté preparada para la inauguración.
Sin duda, esta decisión generará un intenso debate. (O)

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