Editorial /

Un sueño llamado Yachay

El conocimiento es la herramienta que nos llevará al desarrollo y no es un cliché. Invertir en educación, especialmente en educación superior -sobre todo si es de calidad-, es el mayor legado que un Gobierno le puede dejar a su pueblo y hay que entenderlo como un acto mandatorio.


En ese sentido es acertado el comentario del exministro de Educación y ahora asambleísta Augusto Espinosa al señalar que Yachay es el proyecto más importante que tiene el país. Ciertamente lo es, y así debe entenderse.
Que hay problemas en torno a su construcción y a su funcionamiento es una realidad irrefutable y evidente; sin embargo, esta no es sino una parte del proyecto, quizás la más visible, pero no la más importante.
Yachay es un sueño de los ecuatorianos, aún de los que no sueñan tan alto, pues sus anhelos y perspectivas de desarrollo dependerán de una educación superior que nos dé profesionales de calidad técnica, científica y moral, con entereza suficiente para ponerse el país al hombro.


Ese sueño proyecta un país con profesionales de exportación, con investigación científica seria y de calidad, con estándares internacionales. Es el corazón del cambio de matriz productiva, la herramienta clave para liberarnos del yugo que, hoy por hoy, significa la explotación del petróleo, que hay que terminar de aceptarlo de una vez, no será eterno.


Es fácil echar tierra sobre el árbol caído y acabar con la imagen del centro, pero esa no es la vía correcta si queremos un país mejor. Hay que corregir lo corregible, indudablemente hay que hacerlo; pero, tras ello, hay que seguir levantando el proyecto, fortalecerlo, transformarlo, seguir luchando por la consecución de ese sueño llamado Yachay. (O)

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