Editorial /

Violencia en manifestaciones

Lamentable es el saldo de un estudiante gravemente herido y varios policías lesionados, como resultado de manifestaciones de protesta contra el denominado Nuevo Bachillerato

Un estudiante gravemente herido y con pronóstico reservado fue el lamentable saldo de las jornadas de protesta suscitadas en la Capital de la República a propósito del denominado Bachillerato Unificado y la obligación de los maestros a permanecer ocho horas en sus planteles, a más de varios otros estudiantes y algunos policías heridos. El Gobierno ha acusado a la Unión Nacional de Educadores y por intermedio de este al Movimiento Popular Democrático, organización opuesta al Régimen, por supuestamente incitar a los jóvenes de algunos establecimientos para salir a las calles a protestar y provocar desmanes que han tenido como corolario estos lamentables hechos.

Pero por su parte, tanto la UNE como el MPD han refutado las aseveraciones del Régimen, señalando que estas organizaciones no habrían incitado las protestas estudiantiles. Como fuese, la violencia desatada a causa de las nuevas disposiciones en vigencias a partir del presente año lectivo en la Educación Pública merece el rechazo, ya que con la violencia y el vandalismo nada se saca y más bien se origina otros efectos negativos, como estudiantes, policías o ciudadanos ajenos a las trifulcas heridos y lesionados. Es evidente que si los jóvenes salen a protestar, deberían hacerlo con moderación, sin recurrir a la agresión de bienes y personas, pero también es obvio que hay en la Policía suficiente experiencia e inclusive entrenamiento, a fin de controlar este tipo de desórdenes sin causar graves consecuencias. Un estudiante gravemente herido, presumiblemente a causa del impacto de una bomba lacrimógena en su rostro, merece evidentemente condena y la sanción al policía que efectuó el disparo de una granada sin medir las consecuencias.

En el ambiente caldeado que se vive a causa de las protestas, es necesario que prime la calma, que no se exponga a los jóvenes estudiantes a estas eventualidades, pero también que las autoridades gubernamentales canalicen y escuchen los reclamos, algunos de cuyos puntos pueden tener razón, para que en un ambiente de distensión se discuta y dialogue, como correspondería a una sociedad que vive en democracia, ya que la falta de diálogo conduce al endurecimiento de posiciones y desenlaces de lamentar como los hechos materia de este comentario.

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