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Cuenca pierde referentes de la investigación social

El arqueólogo, catedrático e investigador Napoleón Almeida.  Cortesía
El arqueólogo, catedrático e investigador Napoleón Almeida. Cortesía

Julio y octubre fueron meses que marcaron a la academia cuencana por la muerte de dos investigadores y conocedores de la arqueología y de la astroarqueología, Napoleón Almeida y Hernán Loyola, respectivamente.

Almeida Durán, quien desencarnó el 24 de julio, colaboró con investigaciones arqueológicas desde 1970, aportando a la academia con bastos conocimientos sobre las culturas prehispánicas del Ecuador. Su legado se mantiene en docentes, en estudiantes y en profesionales.


Almeida Durán se dedicó a la enseñanza universitaria por más de 25 años y a la investigación en el dominio antropológico y en arqueología y etnología.
Ha publicado en español, francés e inglés en varios países. colaboró en decenas de tesis, y escribió importantes obras como autor y coautor.


Contaba con un doctorado en Historia y Geografía, por la Universidad de París, La Sorbona, y poseía un doctorado en Etnología en Ecuador. Se desempeñó como director de la carrera de Historia y Geografía de la Universidad de Cuenca.
Fue miembro de la Sociedad de Amigos del Museo del Hombre en París y de la Asociación de Historiadores de América Latina y el Caribe; miembro de la Casa de la Cultura, entre otras actividades académicas.


En el área profesional, destaca varios aspectos, entre ellos: el trabajo en las excavaciones, la recolección del material de superficie y su trabajo de investigación y publicación en distintas instituciones como la Universidad del Azuay, el Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares, CIDAP, además del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC.

Hernán Loyola
El 29 de septiembre falleció en Cuenca el investigador e ingeniero agrónomo Hernán Loyola, quien, de entre sus destacados aportes, se reconoce la colaboración para la creación del Parque Arqueológico Etnobotánico del Complejo Cultural Pumapungo.
A decir de Tamara Landívar, coordinadora zonal 6 del Ministerio de Cultura y Patrimonio, no solo terminó la vida de uno de los grandes referentes en investigación de la ciudad, sino también de un gran ser humano.
Loyola fue un prolijo conocedor de la cosmovisión andina, de la lectura del cielo e interpretación de los movimientos astrales en relación con los ciclos climáticos y fue un amplio conocedor de los ciclos productivos. Investigó sobre los cerros de la ciudad y su relación con Pumapungo.


Defendió el estudio, uso y reconocimiento de plantas endémicas en el Parque Arqueológico y Etnobotánico de Pumapungo, junto a otros prestigiosos estudiosos e investigadores de la ciudad como Jaime Idrovo, Andrés Abad y José Luis Espinoza. “Observar el cielo y no solo ver era su principal enseñanza”, define Landívar.


Asimismo, en su última publicación ‘Geografía sagrada: Arqueoastronomía de Pumapungo-Guapondélig’, intentó corroborar la hipótesis de que Pumapungo fue un centro de astroarqueología.
A su gran legado, señaló Landívar, hay que darle continuidad desde la ciudadanía y desde la academia. (FCS) (F)

Cuenca. 

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