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Dotar de sentido a la fotografía

Fabiola Cedillo Fotógrafa
Fabiola Cedillo Fotógrafa

La fotógrafa de 30 años inició su carrera en el 2012 en Inglaterra. Tiene estudios en escultura y psicología. Cuenta con varias exposiciones, individuales y colectivas en la ciudad y abrió una escuela de fotografía. Es máster por la Escuela Blak Paper. Ha participado en el festival de Granada PA-TA-TA, en 2013. Ganadora de los Fondos Concursables 2015 del Ministerio de Cultura con los que lanzó su libro ‘Los mundos de Tita’.

¿En qué momento entra en su vida la fotografía?
En 2012, cuando viví en Londres y mi pareja me regaló una cámara fotográfica. Con ella conocí a mucha gente, pues no soy tan buena con los idiomas, pero me comunicaba con ellos cuando les regalaba fotografías. Eso generaba un vínculo hasta que lo comencé a ver como un estilo de vida y un medio de comunicación. Revelaba las imágenes en cualquier laboratorio y no tenía fines artísticos. En mi mente estaba la escultura.

¿Cómo se vincula la fotografía con la escultura?
En uno de mis proyectos que se llama ‘Constructo’, mezclo elementos de la calle con pequeñas esculturas, tipo instalación, con fotografías. Mezclaba fotos impresas con flores y agua. La materia me interesa mucho. Por eso me apasiona la fotografía análoga, porque las tomo, las imprimo, las recorto, las manejo, no concibo tenerlas como un archivo digital en el ordenador. Me gusta que pase por mis manos, tener contacto, no solo esa parte romántica, vivo la fotografía.

¿Le hace vivir lo que la gente vive dentro de la fotografía?
Sí, puede ser. Acercarse a ellos es un primer contacto. Luego espero un tiempo hasta acumular varios rollos y revelarlos, entonces vuelvo a ver el negativo, la escaneo, limpio el polvo, estoy con esa imagen mucho tiempo, hasta que la veo emerger.

¿Con qué argumentos contraponer que una foto sea o no arte?
Bueno, primero debemos preguntarnos ¿qué es arte? Creo que lo que me interesa es la función de la fotografía, puede ser periodística que al ser mezclada con palabras, como dice Jhon Berguer, se convierte en verdad, estética, artística. Pero sea cual sea el caso, es ambigua, pues depende de quién la mire. La edad cultural, el contexto y el entorno del observador, determina qué quiere mirar. Personalmente me gusta la ambigüedad, no hablo de ser verdad, pues la fotografía es una mentira. Es decir, es mi visión, mi verdad, porque yo lo veo así, es mi recepción, otros lo pueden interpretar de otra manera. Es un pedazo de la realidad y me apropio de ella según mi deseo de comunicar.

¿Hay forma de que el fotógrafo diga la verdad?
La fotografía está asociada a la mentira. Vemos en Facebook las familias felices, la delgadez de la personas, es mentira y cada vez es más mentira, es algo superficial. Pero una cosa es hacer una ficción y otra es crear una propuesta con base en esta ficción y mostrar una realidad. Muchos lo hacen y son críticos con ella.

¿Entonces se puede contar una realidad con una mentira ?
Sí, un ejemplo es ‘Afronaturas’, de Cristina De Middel, quien planteó una muestra fotográfica en la que 12 astronautas africanos llegaron a la luna. Con varias ficciones y elementos oníricos, fantasía de la artista, ironía de una realidad.

¿Qué pasa con la fotografía contemporánea?
Cuando comenzó la fotografía, eran registros llamados ‘Carta de visita’, en las que se capturaban imágenes de gente importante. Pero Nadar (Gaspard-Félix Tournachon) lo hizo desde otro punto de vista. No solo a personas bien vestidas e importantes, lo hizo a cosas cotidianas y se mantuvo hasta Margaret Cameron. Pero cambia de función con la llegada de Carter Bresson y el fotoperiodismo que no era más que captar la realidad y pensar que lo que está en la foto era verdad. Eso aún se usa. Posteriormente, se vincula con el arte como registro y muchos artistas lo ocupan para apoyar su obra. Hasta 1995, cuando aparece el fotógrafo aficionado, tras la llegada de la cámara digital, con la que todos podían fotografiar, surge el interrogante ¿qué fotografiar? Es algo que aún no está tan claro en el medio.

¿Y qué pasa en Cuenca?
Pasa que, como la gente del extranjero nos fotografiaba y nos veía como un país tercermundista, acá se replicaron esas imágenes y no había interés por entenderlas, simplemente se convirtió en algo estético. Hace falta fotografiarnos a nosotros mismos, lo que somos. Lamentablemente, solo hay clubes de fotografía que buscan mejorar la técnica, por ello me propuse abrir una escuela con el fin de enseñar a leer las imágenes que consumismos constantemente.

¿Qué hace falta para conocer esas nuevas miradas?
Hacen falta espacios a la ahora de exponer fotografías. Hace falta crear más cuartos oscuros que respondan a necesidades creativas de la gente. Quiero que los niños vean el proceso de la alquimia, y que detrás de ella hay un proceso de reflexión que no solo permite conocer la imagen instantánea. Quiero que aprendan a generar imágenes con sentido.

¿Que representantes puede nombrar de la fotografía local y nacional?
Desde mi punto de vista y experiencias, hay buenas propuestas de fotógrafos como Misha Vallejo, Fernanda García, María Fernanda Landín, Isadora Romero y Joshi Alcarcón. (FCS) (F)

Cuenca. 

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