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Los centros culturales apenas subsisten

El Prohibido Centro Cultural es un espacio emblemático de Cuenca que lleva en funcionamiento 25 años.  EL TIEMPO
El Prohibido Centro Cultural es un espacio emblemático de Cuenca que lleva en funcionamiento 25 años. EL TIEMPO

Gran parte de la creación cultural que se registra en Cuenca gira en torno a varios espacios o centros culturales independientes, donde surgen y se mueven diversas formas creativas. Lamentable es que solo subsistan ante la poca demanda de público y otros factores.

En El Vado, barrio tradicional de esta ciudad, existe un centro cultural que es capaz de llamar la atención de cualquier persona que pase frente a él: se trata del Prohibido Centro Cultural.
No solo atrae su nombre, sobre todo destacan las esculturas y murales de corte trasgresor que decoran su ingreso, que fueron tallados y plasmados por el artista y propietario del lugar, Eduardo Moscoso.
Exhiben una importante reserva de arte fúnebre, lo que le ha valido una gran cantidad de reportajes de cadenas nacionales y extranjeras.


En cada rincón se esconde algo creativo: es museo; galería; centro de exposiciones, de recitales, de conciertos y de obras teatrales.
En este centro se forjaron un nombre bandas como Basca, Plaza Malation y Zuchos del Vado.


Sin embargo, tras 25 años de trayectoria, aún mantiene la denominación de cafetería, según reza el permiso municipal de funcionamiento del local. Pese a ello, siguen, como señala la también propietaria Martha Íñiguez, quien agregó que mantener el espacio ha sido “un verdadero acto heroico”.


Cobran un dólar el ingreso, ya sean visitantes nacionales o extranjeros. Al mes reciben 200 personas, de las cuales el 80 por ciento son extranjeros, reveló la administradora. “Como no se puede vivir de las visitas, elaboro artesanías, mientras que mi hijo y mi esposo tatúan (...) con ello nos apoyamos para sobrevivir” agregó.
Lamenta que, pese a que Cuenca reciba un galardón internacional en turismo, espacios como el suyo, que recibe a un porcentaje alto de extranjeros, aún no sea reconocido como centro cultural y reciba el apoyo para mejoramiento en su infraestructura.


“Pero nos hemos mantenido por las propuestas innovadoras en inclusivas en encuentros como, los festivales de: Artes Extremas, Arte Fúnebre y de Tatuaje; el Cabaret Prohibido, dedicada a las artes escénicas; y las ferias artesanales del barrio La Condamine” subrayó Íñiguez.
No cerrar, pese a las adversidades, ha sido la consigna que nos mantiene apoyando las jóvenes propuestas culturales, como las recientes series de presentaciones y de obras teatrales de estudiantes y recién egresados de la Facultad de Artes de la

Universidad de Cuenca.
Fenómenos
Galo Escudero, director de la Fundación de Arte y Cultura Avispero, señaló que, por el momento, el espacio cultural que mantenía para actividades creativas ha cerrado. Sin embargo, a través de convenios de cooperación, se plantea poner en escena obras de teatro que dirige.
El trajinar del Avispero inició hace 21 años. Luego de tres años de trabajo, viajó al extranjero, por ende, el proyecto se estancó.
Tras 12 años fuera del país, Escudero, retornó con la idea de retomar las actividades escénicas, presentaciones teatrales y propuestas culturales.


Empezaron en la parroquia Fátima y, más adelante, firmaron un convenio con la familia Paredes Roldán para usar un espacio de la Casa del Sombrero, lugar en el que despuntaron por un tiempo. Tras cuatro años de gestión, se marcharon del lugar.
Se trasladaron hasta una casa adaptada a las necesidades artísticas, en la que duraron seis meses. Hasta la fecha, no han reabierto el centro cultural, pero sí han generado acuerdos con otros centros para mantener sus obras teatrales.


Pero, a más de los problemas financieros, de falta de espacios estables y administrativos, Escudero considera que el fenómeno más grave que afecta a los centros culturales es la falta de consumo de las obras por parte de la gente. “En la Atenas del Ecuador, el artista no puede vivir de una manera digna del arte”, sentenció. Cree que la gente de la ciudad se acostumbró a no pagar por ingresar a ver obras.


Con él coincide Iván José Petroff, artista escénico y dramaturgo, quien junto a sus hermanas, ha abierto uno de los últimos centros culturales en la ciudad: Atrapasueños, que con solo cinco meses de creado, en el centro se preparan obras que en los próximos días estarán en el festival Escenarios del Mundo y en Loja.


Para Petroff, el interés del público por asistir a eventos culturales ha disminuido y quienes asisten “se quejan cuando se les pide pagar cinco dólares por ver una u otra obra (…) existe una apatía hacia pagar por arte”. Desaprueba que esta idea se haya apoderado de la ciudad.
Pese a ello, decidieron arriesgarse y levantar el proyecto en un sector que, aunque distante del centro de la ciudad, está adecuado para ensayos teatrales, talleres, presentaciones y recitales musicales.
El interés es levantar la imagen de Cuenca como “un epicentro del arte en Ecuador”, palabras de Petroff. Cree que la gente se ha apartado del arte, por ello el interés es volver a encender la llama de la cultura y que la ciudad recupere la fama con la que siempre ha sido catalogada.

Propuestas
Asimismo, Vanessa Regalado, directora de la Fundación MusArtEH, espacio inaugurado hace poco y que dentro de sus propuestas cuenta con la creación de un centro cultural que albergue todas las expresiones artísticas, señala que el trabajo de los centros se sustentan únicamente de la autogestión. 


Si bien está en proceso de creación, en MusArtEH ya se desarrolla una serie de actividades como conciertos, funciones de teatros para niños y cursos de música. Reconoce que no es fácil mantener estos espacios, pero cree que es la única forma de abrir espacios a gente que no tiene dónde mostrar sus destrezas.


De la misma forma, espacios como el Sono Estudio y el centro cultural IMAY, que despuntaron desde el año anterior, disminuyeron sus actividades por razones relacionadas a temas financieros y administrativos.
Pese a que muchos se han unido en redes, todos concuerdan en que la generación de públicos es fundamental para mantener vivos los espacios.
Otros proyectos de hace años han nacido y muerto en Cuenca, pese a su inicial entusiasmo, por ejemplo, la casa De atar, en teatro, proyectos de cine independiente o, incluso, espacios alternativos para la buena música como La Luna, o de arte contemporáneo como Juliminal, Espacio Vacío, entre otros tantos, que se han borrado del mapa, dejando su impronta en el recuerdo. (FCS) (F)

Cuenca. 

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