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Cuenca, refugio para quienes buscan la paz

Vanessa Palacios y Liliana Marín viajaron desde Cali, Colombia, huyendo de la violencia en su país, y se refugiaron en Cuenca.  Miguel Arévalo I EL TIEMPO
Vanessa Palacios y Liliana Marín viajaron desde Cali, Colombia, huyendo de la violencia en su país, y se refugiaron en Cuenca. Miguel Arévalo I EL TIEMPO

Para Liliana Marín, el viaje de 1.181 kilómetros, desde su natal Cali hasta Cuenca, significó mucho más que un largo recorrido en busca de días mejores, para ella fue “un respiro de paz y tranquilidad”, un refugio ante la violencia y la guerra.

Como ella, miles de personas han llegado al país desde varias partes del mundo donde el conflicto y la violencia forman parte del día a día. Hoy celebran el Día Internacional de la Paz en el lugar donde encontraron acceso a su derecho a vivir tranquilos.
En esta ciudad reciben, además, ayuda de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, de la Casa del Migrante y de la Cancillería.
Programas de ayuda humanitaria, inserción escolar para los menores de edad y asistencia jurídica para la legalización de su estatus son, entre otros, los aportes que reciben quienes acuden por ayuda a algunos de los centros.
Un total de 60.253 personas han recibido el estatus de refugiado, y unos 200.000 más han iniciado los trámites para obtenerlo, se informó desde la Cancillería; este dato convierte a Ecuador en el país latinoamericano con el mayor número de personas refugiadas.

Tranquilidad
Liliana vivió en “el Cali de la violencia, donde te mataban por un par de pesos, donde grupos armados ilegales se llevaban a tus hijos”, es por eso que, cuando llegó a Cuenca, se enamoró de la tranquilidad de la ciudad.
“Aquí se puede caminar tranquilo, no hay miedo por nuestros hijos, es una ciudad en la que se puede respirar, en la que se siente un alivio que no se puede describir”, comenta Marín, quien, de momento, no tiene intención de regresar a su país.
Ella trabaja en el restaurante Moliendo Café, junto con Janeth Echeverry, quien vive en Cuenca desde hace 24 años cuando llegó desde Medellín. Aunque Janeth asegura que nunca tuvo problemas en Colombia por la violencia o la guerra, comenta que viajó a esta ciudad en busca de paz, y la encontró.
Hoy, ella se siente cuencana y, como tal, embajadora de la paz. Janeth asegura que la busca a diario “en el encuentro con Dios y con uno mismo, practicándola con todos a nuestro alrededor”.

Paz
También en busca de la tranquilidad necesaria para emprender en días mejores, hace 10 años llegó a Cuenca Malik Safdar, quien nació en Pakistán, cuya frontera con Afganistán es conocida como la ‘línea de fuego’, por su cercanía con el conflicto armado talibán.
“Aquí en Cuenca es muy tranquilo, se vive mejor, la gente es buena y ayuda, es un buen lugar para vivir, mejor que cualquier otra ciudad de Ecuador”, asegura Malik, mientras cuenta que en su país, gobernado por una fuerte milicia, la gente se ha acostumbrado al ruido de las explosiones y los disparos de la frontera, mientras él se ha encomendado a la paz de Cuenca.
Aún hay quienes confunden a los migrantes de Medio Oriente con grupos extremistas, pero ellos prefieren profesar aquella paz que manda el Islam. “Si quiere vivir en paz, debe siempre perdonar y ayudar, esa es nuestra religión”, comenta Safdar.
En Cuenca viven personas que han huido del conflicto de Siria, que vivieron la guerra de Bangladesh, sufrieron la violencia en Colombia o huyeron de la dictadura chilena de fin de siglo, todos ellos han encontrado en esta ciudad el derecho de vivir en paz. (JPM) (I)

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