Cuenca /

Una familia apasionada por los juguetes

Un laberinto de un solo nivel y de dos pisos para los que quieren mayor dificultad, es uno de los juguetes.  Miguel Arévalo I EL TIEMPO
Un laberinto de un solo nivel y de dos pisos para los que quieren mayor dificultad, es uno de los juguetes. Miguel Arévalo I EL TIEMPO

Trompos gigantes, una paica del tamaño de un adulto, un ula ula de madera y muñecos de trapos son algunos de los juguetes de Jorge López, docente de Historia y coleccionista cuencano que anhela continuar sumando esfuerzos para implementar el primer Museo de los Juguetes Clásicos en la ciudad.

Esta propuesta nació hace 10 años, cuando decidió utilizar parte de su sueldo para invertirlo en hábiles artesanos y carpinteros, quienes elaboraron algunas de las réplicas de los juguetes.

Cada una de las piezas guarda una historia de encanto, las travesías hasta obtenerlo en el tamaño y diseño adecuados, en el cuidado dado por sus hijos y esposa y en la pasión de continuar con esta propuesta que cada año va tomando mayor forma.

  Juguetes

La sala fue el espacio idóneo para exhibir cada uno de ellos, pero a diario reposan en cajas protegidos del polvo, el frío y el calor.

Sobre la mesa estaba una máscara de la cultura Huancavilca y otra mexicana. También hay yoyos, matracas y un toca-toca.

Uno de los objetos que producen en el espectador ganas de jugar son los laberintos en escala gigante. En el mercado se los puede conseguir a un dólar del tamaño de una mano. Él los tiene de un metro de ancho.

También está el maromero que supera el tamaño de un adulto y que fue elaborado con madera liviana a fin de que las personas puedan apretar las barras hasta lograr que el trapecista colgado con hilos dé volteretas.

A decir de López, los juguetes tienen una historia ancestral, “algunos de ellos nacieron con los egipcios como los trompos y otros como las muñecas elaboradas en piedra y con hojas de plátano fueron usadas por las indígenas de Perú¨.

Entre los juegos de mesa están: el ajedrez, el gomoku, el bingo y el parchís. En los sofás descansaban los títeres del famoso cuento de la caperucita roja, osos de peluches y las muñecas.

Iván López, hijo de Jorge, recordó que uno de los primeros objetos logrados fue un balero en pino, material muy noble para trabajarlo, y del cual se obtuvo una réplica de un metro y medio de alto. También hay un avión de madera y un caballito.

  

Apoyo familiar

Jonny Ortega, amigo y cuñado desde hace 31 años, conoce a detalle de esta propuesta, aunque sonriendo reconoce que desconoce cómo utilizar algunos de ellos.

“Cuando los juguetes ya no cabían más en casa de Jorge, me pidieron un espacio en la buhardilla, esta cada vez queda más pequeña para la cantidad de elementos que encuentra y los trae. A veces tengo curiosidad de tocarlos, pero como no son mios me aguanto”, sonríe confesándolo.

Para Claudia Terán, esposa de Jorge, el esfuerzo de sumar nuevas piezas es constante, “sabemos que es el sueño de él y lo apoyaremos hasta verlo con su propio museo”.

Agregó que “ahora están en la búsqueda de un inversionista o de un impulsor de proyectos para lograr instaurar un espacio interactivo”. (XTM) (I) 

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