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Los olvidados cuencanos de Abdón Calderón

Miguel Cruz observa el cerco que divide su casa, el cual define los límites entre Cuenca y Balao.  Diego Cáceres I EL TIEMPO
Miguel Cruz observa el cerco que divide su casa, el cual define los límites entre Cuenca y Balao. Diego Cáceres I EL TIEMPO

En el remoto recinto Abdón Calderón, parroquia Molleturo, 600 familias esperan con ansias una resolución de la Corte Constitucional que les permita organizar una consulta popular para redefinir sus límites. Su área tradicional está dividida entre Guayas y Azuay.

Así se decidió en marzo del 2015 tras un acuerdo entre el Prefecto del Azuay, Paúl Carrasco y el prefecto de Guayas, Jimmy Jairala, firmado en Machala y remitido al Comité Nacional de Límites Internos, CONALI.

Este acuerdo fue aceptado y ratificado mediante Decreto Presidencial del 19 de mayo de este año, con una excepción, en el 2015 se preveía una consulta popular por un kilómetro cuadrado, perteneciente a la comuna Abdón Calderón, y, tras la resolución, dicho territorio pasó al Azuay.

Previo a dicha decisión, una comisión del CONALI visitó Abdón Calderón y determinó que de las 600 familias que viven en el lugar, la mayoría se autodefinen como azuayos, es más, como cuencanos, por lo que dicho territorio pasa a jurisdicción del Azuay.

No obstante, en Abdón Calderón y las 22 comunidades aledañas que conforman el recinto, la sensación reinante es que “nada está resuelto”. Así lo señala Josefina Quichimbo, representante de los moradores del sector.

  Pedidos

Para resolver el problema por sus propios medios, los dirigentes comunales iniciaron un proceso en uno de los juzgados de lo Contencioso y Administrativo de Cuenca. Este fue enviado a la Corte Constitucional donde aún es analizado.

La pasada semana una marcha de comuneros, acompañados por integrantes de la Junta Parroquial de Molleturo viajaron a Quito para exigir celeridad en el proceso. Quieren que el problema se termine de una vez.

También han llevado su reclamo a la Prefectura del Azuay “en incontables ocasiones”, según Quichimbo, pero el acuerdo limítrofe, para el Gobierno Provincial del Azuay, es un tema cerrado.

El prefecto Paúl Carrasco expresó, durante la firma de límites, que no dará “un paso atrás” al acuerdo logrado con el Guayas, a pesar que existan sectores en desacuerdo con la decisión. Quichimbo asegura que “por aquí (Abdón Calderón) no lo queremos ni ver”.

Esto a pesar de que existen inversiones de la Prefectura en territorios como Tres de Noviembre, donde aportó al mejoramiento de una escuela, o en el mismo Abdón Calderón, donde se ha prestado ayuda al mantenimiento vial.

También hay inversiones del Municipio de Cuenca. El alcantarillado es de la empresa ETAPA y la junta de agua potable ha recibido apoyo de dicha entidad. Se ha colaborado, además, con el adecentamiento del parque central y lastrado de calles principales.

La concejala Norma Illares detalla que el tema limítrofe no es algo en lo que como concejales rurales estén de acuerdo, pero, al no ser una competencia municipal, tienen “las manos atadas”.

  Desacuerdos

La desazón de los comuneros obedece al acuerdo firmado por los prefectos de Azuay y Guayas. Quichimbo sostiene que no se tomó en cuenta la autodefinición de los comuneros, lo que “hizo trizas” al recinto, que buscaba convertirse en parroquia.

Tal es así que varias casas ubicadas al pie de la vía que une a Abdón Calderón con San Carlos tienen, literalmente, el dormitorio en Azuay y la cocina en Guayas. “Esto es algo que no tiene sentido”, asegura, “no es justo de que por un acuerdo de los prefectos quedemos de esa manera”.

No es la única que reclama: Gerardo Guillén, dirigente de la comuna Tres de Noviembre que, según el acuerdo, quedó en el cantón Balao, provincia del Guayas, asegura que él vota por las autoridades de Cuenca y el Azuay, pero, por obvias razones, ellos no pueden representarlo.

Manuel Cruz añade que los comuneros no saben a quién acudir para pedir el arreglo de la vía que comunica al lugar. “En el Azuay nos dicen que no les corresponde, en Guayas tampoco, y así es para todo”, asegura.

Piden apoyo de las autoridades, quieren ayuda para reivindicar su identidad de azuayos, solicitan que la Prefectura y el Municipio se sumen a la lucha de aquellos, que, a lo lejos, se sienten más cuencanos que nunca. (JPM) (I) 

La lucha por el agua

No solo obras están en juego, el agua que reciben los moradores de la comuna es de buena calidad gracias a las fuentes naturales que los rodean. Pagan, por el servicio de la junta de agua, un mensual de cinco dólares.

En cambio, los cantones Balao y Naranjal que reclaman los territorios del recinto no cuentan con un servicio de agua potable óptimo, por lo que sus moradores se abastecen con botellones que llegan a costar dos dólares por unidad, una realidad que puede cambiar con una captación que provenga de Abdón Calderón.

Los comuneros saben que el agua tiene un costo y quieren recibir una compensación por su uso, así como la garantía de que el servicio no les faltará. Balao y Naranjal reclaman su derecho a acceder al líquido vital, una disputa que encarna el enfrentamiento.

Antecedentes del conflicto

Abdón Calderón tiene una historia de 45 años. Diez años después de su conformación, Balao reclamó el territorio y a través del uso de la fuerza pública se tomó la escuela del lugar, encontrándose con una protesta en la que participaron las mujeres de la comunidad.

Entre ellas estaba Josefina Quichimbo, quien fue detenida y trasladada a la cárcel de Milagro hasta que la presión de los comuneros logró su liberación.

A este le siguieron varios conflictos, incluido el último en el 2014 que terminó con un enfrentamiento a palos y piedras con vecinos de Balao.

El 9 de septiembre del 2014 se mantuvo la primera reunión entre los prefectos de Azuay y Guayas para firmar una carta intención como inicio del proceso de negociación directa, el cual terminó en el acuerdo de Machala.

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