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Sin inovación no hay desarrollo

María Suquitana y Hernán Rivadeneira explican su proyecto de la harina de grillo a una asistente al taller.  El Tiempo
María Suquitana y Hernán Rivadeneira explican su proyecto de la harina de grillo a una asistente al taller. El Tiempo

Innovar no necesariamente es invertir grandes sumas de dinero en tecnología sino dar un valor agregado para satisfacer nuevas necesidades.

Ese es uno de los principios que ayer se trató en un taller promovido por la Cámara de la Pequeña Industria del Azuay, CAPIA.

Ivonne Morales, coordinadora de proyectos, aseguró que dar un valor adicional se aplica a bienes, servicios, productos, marketing o procesos ya existentes, pero advirtió que mientras esto no tenga impacto y demanda en el mercado no funcionará, por lo que se deberá trabajar duro hasta tener un nuevo eje.


Hernán Rivadeneira se graduó el año pasado como médico veterinario en la Universidad de Cuenca y se considera un innovador porque no quiere seguir el camino de los demás. Por eso produjo la harina de grillo como una fuente de proteína para elaboración de balanceados para los animales de granja.


Su idea nació como una alternativa a la harina de soya que según sus investigaciones es menos nutritiva y más costosa. En sus cálculos, producir un quintal de su producto cuesta 30,92 dólares y su porcentaje de nutrición es del 65 por ciento, mientras que la soya los mismos valores son del 45 dólares y 47 por ciento. Es decir que con menos cantidad se puede tener mejores resultados.


Pero a pesar de la novedosa idea Rivadeneira asegura que hace falta apoyo económico, pues saben que el pensar diferente y promocionar algo nuevo les traerá resultados positivos en el futuro.


Guido Caicedo, profesor de la Escuela Superior Politécnica del Litoral, ESPOL, participó en el panel sobre el Impacto de la investigación y desarrollo en las pymes, asegura que uno de los problemas grandes que hay en el país es la falta de capacidad de las universidades de involucrarse con la sociedad, pues gran parte de los proyectos que ahí se desarrollan no desembocan en procesos reales que generen un valor agregado a las necesidades de la sociedad.


Pero este problema a decir del docente no solo viene de la universidad sino también del sector privado, que no siempre se interesa por la innovación y no tiene una “capacidad de absorción”.


Un estudio realizado por la ESPOL sobre el emprendimiento, publicado hace dos semanas, reveló que el porcentaje de empleados que trabajan en procesos de innovación es muy baja, lo que demuestra una falta de interés. también cree que para esto una pequeña o mediana empresa no necesariamente debe adquirir maquinaria nueva o costosa, sino generar ideas. Para lograr estos objetivos, asegura Ivonne Morales, es necesario “salir de la caja”, buscar inspiración, juntarse con profesionales de otras ramas, una teoría conocida como pensamiento lateral. (JGJ) (I)

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