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Los compadres llegan al Carnaval

El exmarchista y medallista olímpico, Jefferson Pérez, fue nombrado compadre de la celebración de Carnaval de Cuenca este año.  Franklin Minchala I EL TIEMPO
El exmarchista y medallista olímpico, Jefferson Pérez, fue nombrado compadre de la celebración de Carnaval de Cuenca este año. Franklin Minchala I EL TIEMPO

Los taitas bailan con gozo. No dejan de brincar y aplaudir al ritmo de la música popular. Es el turno del compadre. Una chola que no se cansa de mover su pollera roja lo saca a bailar.

La fiesta está encendida y no parará hasta el día previo al Miércoles de Ceniza.

El compadre es el homenajeado de la celebración. En una reunión más familiar sería el encargado de cargar a la guagua, aunque la guagua sea una pequeña figura de escasos 20 centímetros, enrollada en una faja de las que usaban las abuelitas para dar forma al cuerpo de los recién nacidos, según la tradición cuencana.


Esta vez, el compadre no apadrina a un niño, sino a la fiesta carnavalera de la ciudad. Jefferson Pérez, el único medallista olímpico ecuatoriano, fue el elegido por la Fundación Turismo para Cuenca para ese encargo y estará acompañado por la madrina, la modelo Denisse Arce.


La tradición de nombrar compadres y comadres para las fiestas de Carnaval tiene orígenes muy antiguos. Es un ritual colorido, que algunas familias cuencanas aún conservan, aunque cada vez son menos.


Sandra Amoroso está empeñada en mantener la tradición. Cada año, el jueves previo al Carnaval, se reúne con su grupo de amigas para repetir el ritual. “Elegimos a la comadre por el cariño que le tenemos, es una muestra de amistad y por eso se le encarga la tarea de amarcar a la guagua”, cuenta mientras compra las figuras que entregará este año. Su bandeja tendrá dulces de higo, durazno y membrillo, agua de flores y polvo para jugar.


La persona a la que se elegía compadre o comadre tenía la responsabilidad de pasar al menos un día entero con la familia el Carnaval, cuenta Amoroso. En las reuniones abundaba la comida y nadie salía sin mojarse.


“Quien recibe una guagua de Carnaval se compromete a mantener la amistad”, les dice Nydia Vázquez a sus clientes. Ella confecciona delicadas figuras con una masa cuya fórmula guarda con sigilo. “Esta costumbre estaba olvidada, hace pocos años que en la ciudad se la volvió a recordar”, dice de los Jueves de Compadres y Comadres, porque según la tradición eran dos momentos separados. El primero se celebraba 15 días antes del Carnaval y el segundo, ocho días antes.


Vázquez recuerda que nombrar al compadre o a la comadre del año era todo un ritual. Había que preparar la bandeja y las palabras indicadas. “Vengo a dejarle la guagua a que de cristianando”, era la frase mágica, según cuenta. Las guaguas que ella elabora son cuidadas en cada detalle. Cuando el cuerpo está listo hay que vestirlo. Llevan una “bayeta”, una especie de paño de lana; el “cungapaño” es para sostener el cuello de la figura que representa a un recién nacido; lo envuelve una delgada faja y la decoración la completan una gorra y un babero.


La bandeja en la que iba la guagua era de plata, se la decoraba con picadillo dorado y plateado. Según la posición económica llevaba desde agua florida hasta finos perfumes. El polvo era el que se usaban las mujeres para su rostro, al que le decían “polvo para mí”. La bandeja no regresaba sola. El compadre o comadre la devolvían con dulces de la temporada o pan de Carnaval.


“Eran cosas muy especiales, muy elegantes; se empezaba el juego con esa delicadeza y siempre terminaba en el baldazo de agua”, recuerda Vázquez.

 Turismo
La fiesta de compadres ahora tiene un fin turístico. La tradición se celebra el jueves antes de Carnaval. La Municipalidad nombra un padrino y una madrina, que son personajes reconocidos en el país. Su misión es promover esta costumbre para atraer turistas, explicó María Augusta Cando, de la Fundación Turismo para Cuenca.


El objetivo es mostrar esta tradición al resto del país, explicó Juan Fernando Paredes, director de la Fundación. Por ello, la fiesta fue presentada la semana pasada en la Plaza Grande de Quito, en donde el padrino del año 2014, el cantante Hugo Ferro, fue el encargado de invitar a los turistas. (JBA) (I) 

El Taita Carnaval

El Jueves de Compadres es una tradición de la ciudad. En las parroquias rurales el rey de la fiesta es el Taita Carnaval, un personaje mítico que lleva una vestimenta vistosa”. La costumbre está mas arraigada en la provincia del Cañar, pero cada vez su presencia es mayor en las fiestas de Cuenca.


En Tarqui esa tradición ya es antigua. Bolívar Saquipay, presidente de la Junta Parroquial, fue elegido el Taita de este año. Dice que en el campo la celebración tiene un significado especial: “Aprovechamos la fiesta del Carnaval para rendirle tributo a Dios para que bendiga las tierras para sembrar.


Juan Chacha es de Azogues, tiene 57 años y desde hace 10 se viste de este personaje. “Yo le seguí el ejemplo a mi papá, él tenía la ropa de campo y un rondador que ya no usaba”, cuenta mientras explica el significado de cada elemento que acompaña su traje.
De pies a cabeza, el Taita Carnaval luce: un zamarro (una prenda que cubre el pantalón, confeccionada en lana de borrego o alpaca), una camisa bordada, el poncho de colores vivos, un sombrero grande para protegerse del sol o la lluvia, que está hecho de pieles de vacuno o venado. Usa oshotas, un calzado similar a las alpargatas, elaborado con caucho. El traje se complementa con instrumentos musicales andinos: el charango, la guitarra, la caja, el rondador, el pingullo -un instrumento de viento hecho del hueso de algún animal-. Lleva una bolsa de yute, que se llama picsha, y un chicote.


Chacha cuenta que el Taita Carnaval representa la abundancia, por eso lo reciben con una gran ofrenda. “Los campesinos son generosos con los alimentos, para halagar al Taita le llevamos chancho, cuy, papas, maíz, chicha o algún otro aguardiente”. (=)

Cuenca.

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