Cuenca /

Sombreros de paja toquilla, un arte que traspasa fronteras

Bajo la sombra de un tejado y el calor del día se fusionan la creatividad, el color y cientos de hebras de paja toquilla, estos elementos dan vida al tradicional sombrero que refleja parte de la identidad y cultura de los pueblos azuayos.

El sombrero nace cuando nace la paja toquilla, su vida empieza en territorio manabita, ahí se cultiva la planta, llega el tiempo de cosecha y es vendida en los pueblos de la serranía, especialmente en el Azuay, donde artesanos de Sígsig, Gualaceo, Chordeleg, etc., se dedican a tejerla para convertirla en una de las prendas más simbólicas del Ecuador.

Vestidas con sus bajas y coloridas polleras, las tradicionales cholas se sientan sobre un banquillo, sus manos se deslizan sobre el material, la blusa adornada de lentejuelas y el infaltable sombrero de paja sobre sus cabezas acompañan un ritual que ha vencido al tiempo. Se transforman en artistas que construyen con sus hábiles dedos  una obra de arte, durante todo el día enlazan hebras llenas de tradición y conocimiento hasta caer la tarde, y finalizar con regocijo el haber terminado la obra.

La riqueza cultural de estos pueblos se ha mantenido viva de generación en generación, elevando sus alas y alzando una voz de existencia en el olvido de la sociedad, su creatividad sin límites ha permitido que sus obras brillen con luz propia, en su tierra y más halla de sus fronteras, hasta llegar a Europa y parte de Asia.

Acompañados de los primeros rayos del sol del fin de semana, mujeres, varones y niños se dan cita en la plaza central para vender sus codiciadas obras y, posteriormente, las fábricas se encargaran de realizar el acabado final, para exhibirlo y  exportarlo.

El proceso de elaboración se lo contamos en cuadros fotográficos, sienta la vida, pasión y belleza de un sombrero de paja…

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