Cuenca /

Entre los juguetes sexuales y un motel

Los nervios están presentes. Hay un vacío en el estómago. Los rostros enrojecidos, pero el deseo por algo diferente con su pareja es lo que lleva a Pablo, Luis y Susana en busca de un juguete sexual.

Cuenca. Pablo cruza las manos, medita, dice frases entre cortadas al manifestar que desea algo “picaresco” con su pareja. Carlos Silva, propietario de Sexy Locuras, le enseña tres vitrinas de artículos para sexo.
 

Parpadea una y otra vez, mientras el dueño del local le comenta que entre los artículos más solicitados están los anillos dobles para que el hombre se coloque en la base de los testículos y en el pene. “Ah y también tenemos para las mujeres unas mariquitas y abejas, son unos vibradores que se debe poner en la parte de la pelvis y que tiene un gancho para estimular el clítoris”.
 

Pablo tose fuerte cuando observa otro de los juguetes sexuales que llegó para San Valentín. Una lengua eléctrica. Tiene forma cuadrada, del tamaño de una huella digital. Su función es estimular a la mujer.
 

El ambiente se empieza acalorar en Sexy Locuras. Era el momento de que Pablo conociera el juguete para estimular el punto G de la mujer, una especie de gancho con vibración que deberá ser utilizado con un lubricante, crema que existe en diferentes sabores y presentaciones.
 

El recorrido visual continúa por las tres vitrinas. Pablo halla llamativo encuentra Pablo algo especial: la brocha china que sirve para el hombre. La mujer deberá pasar por el órgano sexual masculino el artefacto que viene con una crema que tiene el efecto de retardar la culminación  del acto sexual.
 

Se escuchan suspiros en el momento que Pablo señala que aún no se decide qué comprar. El dueño del local le indica que todavía tiene algunas cosas por mostrarle como interiores comestibles, con sabor a chocolate, o unos corazones de felpa que tienen en el interior una brasilera y trajes de enfermera, mucama, colegiales, diablitas, policías, entre otros.
 

Pablo se lleva las manos a la cabeza. “Tengo que escoger algo que vaya con mi pareja, que se sienta complacida”. Inmediatamente pide un corazón que incluye una brasilera de color rojo. Mientras el sonido del timbre de Sexy locuras anuncia que ingresa Luis, quien había pasado por dos ocasiones frente al local.
 

Vibraciones
 

Luis observa a su alrededor y en voz baja solicita un vibrador para su esposa. El sonido de fundas de plástico indicaba que Carlos le ensañaba  varios modelos. De pronto se escucha los pasos de tacones. Era Susana, quien se dirige a la sección de peluches.
 

“Tengo un vibrador especial”, dice Carlos. “Es para una mujer ejecutiva, porque su modelo es pequeño para que entre en la cartera, mis clientes me han dicho que es muy bueno”. En ese instante Susana, en forma discreta, se apega a Luis.
 

Carlos hace una señal, se sonríe y conversa con los dos. Les dice que, como pareja de esposos, el vibrador les permitirá experimentar nuevas sensaciones.
 

Los esposos se sonrojan, manifiestan que desean salir de la monotonía y que por ello les gustaría saber sobre un motel para pasar la noche del 14 de febrero. La opción sería llegar al kilómetro 13.
 

Intimidad
 

Letreros grandes y luminosos caracterizan al sector de los moteles. Uno de ellos es El Edén. Al aplastar un botón una voz anuncia cual de las 25 habitaciones se encuentran disponibles, para que el vehículo del cliente quede seguro en un garaje, que le conectará a la habitación.
 

Una luz tenue, música suave, un espejo en el techo, una cama grande de dos plazas, un par de sofás, un jacuzzi, el baño con su respectiva bañera. Es la habitación en la que Luis y Susana podrán usar para salir de la rutina y disfrutar de cuatro horas que es el tiempo de alojamiento regular.
 

El aroma a rosas, a limpio, se percibe al ingresar al Edén, sitio donde parece que no trabajara nadie, pero, al pasar por el pasillo del motel, se observa como el personal de este lugar en cuatro minutos se encarga de dejar una habitación lista para que sea ocupada. No solo por esposos, sino también por tríos, gays, lesbianas, dice Hermel Ortiz propietario del lugar.
 

Hermel luce ajetreado. Expresa que el Edén atiende las 24 horas del día. “Lo que nos espera el 14 de febrero es bastante trabajo, porque un motel es un sitio para que las parejas se reencuentren, sientan la pasión y el amor en su máximo esplendor”.

 

 
 

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