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Agustín Molina plasma su poesía en arte

Cortesía
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El joven poeta manifestó que se inició en este arte por mero entretenimiento, pero con el paso del tiempo en su interior nació una voz para expresar sus pensamientos y emociones a través de la poesía.

"Después de algunos recitales en diferentes ciudades, después de haber gozado de una galería abstrusa de lecturas y de arrepentirme de antologías publicadas pude diferenciar entre el lenguaje utópico y el lenguaje ideológico o simbólico en mi poesía", dijo Molina

A su 22 años, Molina añade que sus inspiraciones van de la mano con la vivencia del día a día, donde de manera innata visualiza los momentos y palabras adecuadas a la hora de escribir un poema.

"Antes, cuando era más joven, tenía ese arrebato púber de la publicación. Me ardían las manos por entregar poemas y manuscritos a diferentes instituciones y/o revistas. Ahora, han sido los mismos poemas enviados los que se encargaron de enseñarme que hacer literatura no es cuestión de prisas y ansiedades, sino cuestión de saber caminar seguro entre un vericueto". dijo el joven poeta.


Molina manifiesta que este arte es heredado y heredable. Heredado por sus maestros y heredable porque se debe continuar con esa forma de expresión entendida, que tiene una generación específica para resumir su concepción ideo-espacial.


"Importante es para mí dejar de ser reconocido como un poeta, (y esto va más para mis conocidos) pues no sólo me dedico a la poesía. En otros tiempos habría sido catalogado como un escriba, y puede ser por esos rumbos a donde más se vuelque mi identidad, como un escritor, no con un titular de una disciplina que amo con fervor, pero que no me representa completamente”:


El joven talento añade que la vida es corta y hay que disfrutar de las bellezas que nos da este mundo y la literatura, la poesía es una de ellas.

“En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver, y lo que vemos es la vida”, Robert Penn Warren. Novelista, poeta y crítico literario estadounidense

ALGUNA DE SUS OBRAS

Estatua rota

Te voy a vestir como yo quiera,
desearte como deseo desearte,
no te seguiré con mis piernas,
no te soñaré con mis noches,
ni te visitaré la cara de pocos amigos.
Yo te encontré fuera de toda memoria y olvido,
ahora tengo como únicos recuerdos
un retrato hablado y un cenicero de tres días.

En el vaso está derramado el labio de alguien que lo uso antes
y la voz que tanto querría darte.
Me reciclas tus palabras,
Me mientes tan fácil, como si se tratara de mentirle a un niño electrocutado, mientes:
tus veinte dedos,
tus dos ojos,
tus hogares felices.

Es cierto que es lo mismo una carta de amor que una de amenaza de muerte,
tal vez y me excedí, y te amé más veces de las que podría sentirte,
quizá te pinté demasiado
tu oreja toda muy roja,
de rodillas siendo Eva y yo de rodillas siendo esclavo
de verte sola y de recordarte con la baba seca de la plegaria.

Así como te amo, te digo:
Toda la vida encajamos un rompecabezas con piezas forzadas.
No te seguiré con mis piernas,
ni te soñaré de noche detrás de los días idos,
ni sabré tu nombre,
ni la altura de tus murallas,
ni la calma de tus estatuas.

Desde estas venas de plástico que mías no son,
dueña ya hasta de mi pulpito,
aguardas tranquila con tu sonrisa extraviada,
con los colmillos muertos de hambre o de excitación o de rabia.
Mirándote amor mío con extrañeza,
como si hubieras salido de mi costilla,
como si hubiera dado la vida el habitante por la deshabitada.
Hoy me habitas más amenazante, fantasma previo, estatua rota.

Incluso cuando la ansiedad del silencio me pesa dentro de la boca
como una bola de cañón que mientras más cayo, más crece.
Incluso cuando por el peso del hierro se cae mi mandíbula
y se me riega como agua el abecedario,
incluso ahí, cuido bien mis últimas palabras,
para que todo deje de serte tan fácil,
para que recojas mis letras de las gotas de mercurio
un tanto por elegía, otro tanto sin saber.

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Imantando a una mujer lejanísima que respira con la mitad de mi cuerpo (Ánima)

Di igual que yo: esa sombra puede ser tanto la de una mujer joven como la de un jibaro.

Si, son muchas, la mayoría se disfrazan
intuitivamente de cuerpo,
lanzan los dedos hacia las manos,
quitan las piernas
y se niegan a los recuerdos a lo que se sacan el brasier,
y dejan a la inconstancia beberse su copa de vino.

Son trozos de la gran diosa,
relámpagos femeninos que truenan en la antigüedad,
no deja de escucharse su rezo, ni los ociosos resplandores de su mente.
Los anillos de Saturno les calzan perfecto en los dedos
y reciben ventiscas de nuevos lunares que a muchas se les metieron en los ojos.
Muñecos se queman para ser nuevamente hombres
que sin mejor motivo que la resurrección eterna
volverán a la vida para encontrar esas oraciones rusticas,
para encontrar nuevamente a esos muñecos embellecidos por el desorden
y los círculos viciosos.

Di igual que yo: no todo es tragedia.
Otra raza de noche nos acompaña,
el camino de regreso es largo y tú no eres concreta,
no es normal que una fuerza invisible me lleve de la mano
ni que se revista de besos su manera arrogante,
su placer fantasma,
yo iré de vuelta sólo, igual,
la distancia que separa a un hombre de una verdadera estrella, está sesgada.

Nace en la duda
un rincón del cuerpo.
Creo oír tu voz en el fondo de mi pecho,
llega a mi mente la imagen de esos ojos celestes de siempre,
con las palabras de siempre:
¡vos no me dejas libre!

En un país donde no cumplía años ni el arcángel
ni se sabía de Helena de Troya,
ni se sabía de la seducción inasible de mirarse en una mirada de deseo.
Ánima, todo lo anterior al cuerpo, antes de que el mar fuera niña o fuera niño
éramos la misma ave
y éramos el mismo viento.
Era anterior al Prólogo, a la rebelión.
Anterior a todo estaba la mujer,
sin corona,
retomando rostros olvidados y dejando espinas a los cactus,
jorobas a los camellos,
formas a las nubes.

Un dragón sin ojos que ronda por la casa
al igual que yo , busca a mi ánima que trata de escapar de esa castración,
ese dragón ciego no es más que la boca que provoca agujero en los días
que habla a oscuras sobre una represión milenaria,
tropezando con la verdad y castrando la femineidad con ese beso de perro hambriento.
Di igual que yo: Que otra cosa es el zodiaco de una mujer,
que facciones perfectas entrevistas,
que inspiraciones repentinas de silabas migratorias,
que trozos de ópera,
que eternidad agazapada
que otra cosa es mi mujer
más que un silencio cubierto de orquídeas y puñaladas.

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