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Daniela Dávila, joven poeta que desnuda esquemas

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“Linda, arraigada y desarraigada poesía. No es algo, algo es una palabra insignificante que no define a la Poesía. Pero lo que sí sabemos es que es Arte, es vida, es sufrimiento es la desdicha y la tremenda felicidad que nosotros los seres humanos considerados como animales producimos”. Así expresa Daniela en una entrevista con Diario EL TIEMPO.

La cuencana de 21 años manifiesta que escribir poemas es parte de su vida, su regufio, “donde la manera más sutil, extraña y hermosa de penetrar la armonía al lector, está en la forma de escribir, donde la duda, el sabio ¿por qué? y el ¡No entiendo!” son enganches para su público.

Daniela Dávila
La joven poeta culminó sus estudios en el colegio Asunción, en la especialidad de Sociales. Estudió Comunicación Social y Publicidad pero al tiempo decidió retirarse ya que se dio cuenta que el arte estaba en sus venas.
Dávila a su 21 años publicará su primer libro, donde manifiesta que "hay que prepares" ya que asegura que sus poemas pincharán una sociedad donde las nuevas rupturas de género y recepción son muy comunes.
Hoy estudia Arte Teatral en la Universida del Azuay, pasión que ha venido desarrollando desde sus años colegiales cuando presentaba “Manicomio de los cuerdos” en diferentes Centros de Salud.


El teatro para ella es vida y, entre sus planes está el formar un grupo y llevar obras a los sectores más vulnerables de la sociedad como los privados de la libertad, regalar un poco de aire e ideas.


Aquí alguno de sus obras

La cárcel del hogar

¿Por dónde puedo escapar? La llamada satisfacción que creemos poseer es una vil mentira, no es el Paraíso, no es el Cielo, es el infierno de los amantes, de los blasfemos, de los irrelevantes, de un cuerpo putrefacto, en un desdén de deseos, aniquilando los sentidos, y la razón. Pasan los meses, los días, las horas y vuelves a caer, te engancha como el Amor, como la morfina y vuelves a morir. Ya no buscas, te buscan, te atrapan como aquella mujer que te ofreció su desnudez a cambio de un cigarrillo. Y la necedad te tumba, vuelves a caer, engañándote a ti mismo, buscando la salida a ese túnel, para encontrar la luz a tantas maquinaciones mentales a tantas adicciones que te queman, te carcomen a punto de desfallecer, de ser sobrenatural para conocer el lado oscuro de la muerte con la dichosa puerta de la felicidad, del deseo, del placer. Y el miedo se convierte en tu único aliado para terminar entre cuatro paredes, con una camisa de fuerza.

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